(Satelite K, 2003)

Cuando un disco deja a quien escribe sobre él sin palabras con las que concretizar aproximadamente su sonido, pueden ocurrir dos cosas: a) que el crítico ( la dichosa palabreja...) sea pésimo y no reúna unos mínimos de cultura musical para analizar el artefacto en cuestión, o que b) el grupo haya logrado una formulación exenta de muletas evidentes lo suficientemente personal como para generar esa sensación de pulpo en un garage en la que me encuentro en estos momentos. Sin descartar lo primero y probablemente cercano a lo segundo, lo cierto es que a este nuevo trabajo de los catalanes Élena le he tenido que dar muchas más escuchas de lo habitual y, a día de hoy, me sigo sintiendo incómodo cada vez que pulso el “play” y mi defecto fanzinero de oír todo desde un punto de vista literario, se haya visto atascado buscando parecidos, un concepto o metáfora para abarcarlo.

Acudo al método de urgencia y veo lo que la prensa profesional dice sobre él a ver si me inspiro ( y es que mira que somos sinceros en este fanzine...) y lo único que encuentro es una reseña que tampoco me dice nada más allá de frases huecas. Vuelvo al inicio del disco y me decido a redactar estas líneas a pelo, según vayan fluyendo las canciones, algo que no recuerdo hacer desde que con 17 años realicé mi primer fanzine.

Corte uno. “Keep quiet” se abre con guitarras abruptas y una trompeta desquiciada de fondo sutilmente mezclada sobre las que, poco después, surge la voz de Helena Miquel tejiendo una melodía que pronto se funde con la de Raül Hernández. “Terror de azúcar” pienso, mientras esos quiebros de ritmo entre claroscuros me recuerdan a Portishead ( que para mi sigue siendo un piropo, aunque por ahí ahora que el trip hop ya no mola... no se como se lo tomará la gente). “Adéu” ya suena a nana y recuerda al primer disco: una dulcísima línea que se desliza sobre bases programadas acompañada de slide-guitar, una momentánea pincelada shoegazer y un amago épico final. Sigue “After All” y ya encuentro una de las claves del disco: la confrontación de una sección rítmica rugosa y de rasgos dramáticos con la suave cadencia vocal de Helena, realmente brillante cuando surge como un rayo de luz entre la vehemencia.
“La Ceguesa”, el cuarto corte, es apacible un medio tiempo acústico salpicado de cristalinos arpegios, interpretado a dos voces, de clima nocturno y un final entre la bossanova, el jazz y el pop. La continúa “The las day of autumn” y su arranque ambiental promete, pero al rato se pierde en la indefinición y la monotonía a pesar de un final que se antoja noise y al final no lo es tanto. (Uys!!!). He vuelto a poner “The wrong mouth” , la estaba escuchando y se me fue la cabeza, lo cual equivale a que me ha capturado plenamente. Es una perfecta muestra de pop encantador trenzado con delicadeza de orfebre (esas guitarras!!!) , tan redonda que parecen una luna llena a la noche en un cielo completamente despejado (disculpen la cursilería: hoy no es mi día ).

Ya para cerrar quedan dos temas. En “There is no place where to find anyone” (escúchese a máximo volumen)optan por el spoken word sobre un clima tenso y logran el objetivo con un tramo final que promete convertirse en uno de los platos fuertes para su transformación en el escenario. “Després de l’accident” me trae inmediatamente a la mente el final del “Loveless” de My Bloody Valentine, pero solo por su ubicación y su inicio, ya que lo que semeja una etérea pieza de atmosférico pop ambiental toma caminos imprevisibles a modo de una montaña rusa de ruido en espiral.

Repasado ya la totalidad del disco por enésima vez, sigo igual de incómodo, con la misma sensación de impotencia y con esa ansiedad que a uno le entra cuando algo le desborda y no sabe muy bien cómo encauzarlo. Si tuviera que hacer una valoración final me temo que, por momentos echo en falta más contundencia en una producción que parece optar mayormente por las sutilezas y que, a ratos, me parece eventualmente fallida. También que me trasmite esa sensación de obra inacabada que, por ejemplo, desprendía el “Pequeñas puertas “ de Manta Ray por lo que no sería de extrañar que las canciones sufrieran una metamorfosis en su vuelco al directo (como ya sucedía en algunos temas de su primer álbum) y bueno, que me he resistido por no caer en el tópico toda la critica en alabar la preciosa voz de Helena con adjetivos del tipo “angelical” y similares, algo que por obvio no es menos cierto. Y, por último, que creo que ésta es la peor crítica que yo haya escrito en mi vida por lo que, esta vez más que nunca, remito al sufrido lector a que acuda directamente al disco y juzgue por si mismo. Lo he hecho lo mejor que he podido. Disculpas por anticipado.

JAVIER BECERRA