 
(Demon - Edsel, 1980-2003)
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En la historia mitológica
del personaje a veces se ha visto este disco como un vergonzante acto
de contrición de Elvis Costello, que a través
del mismo quiso purgar el pecado de sus ebrios comentarios racistas sobre
Ray Charles y James Brown. Él mismo lo cuenta
mejor que nadie en el extenso libreto que acompaña a esta nueva
reedición ampliada de este clásico (y tan ampliada: treinta
cortes adicionales). Pero Costello, a pesar de su enésima exhibición
de arrepentimiento, no deja sin embargo de negar la mayor. Según
él mismo la opción estética de su cuarto álbum
no fue una disculpa encubierta, sino un homenaje sincero, descargado de
otras connotaciones, a una música con la que creció. Costello,
una verdadera enciclopedia andante del pop en sentido amplio, adoraba
y adora esa música, el soul de mediados y finales de los sesenta.
Y eso se nota en cada “surco” de un disco que presentaba una
portada ya gastada y maleada, homenaje al vinilo de combate y pelea en
le que debía ser escuchada esa música.
Ajeno a sus connotaciones
propias dentro de la carrera y la trayectoria vital de Costello, es bien
cierto que, juntamente con “Searching For The Young Soul
Rebels” de Dexy’s Midnight Runners, “Get
Happy!!” representa la cumbre del pequeño revival
de soul blanco de comienzos de los ochenta. Y, sobre todo, un pedazo de
disco de sábado por la noche. Un clásico compuesto a la
velocidad del rayo por un Costello en estado de gracia (que presumía
de un promedio de más de un disco perfecto por año desde
su debut en 1977) y entregado a los cuidados del sempiterno Nick
Lowe y a los febriles calores de unos Attractions calentados
al rojo vivo tras cuatro años de gira continua. Un catálogo
de nada menos que veinte temas irresistibles, todos breves y en la mayoría
de los casos rápidos como centellas y adhesivos como el pegamento.
Y así se convertía en su posible cumbre. Sobreviviendo a
duras penas a la caza de brujas bienpensante desatada en Estados Unidos
contra él, tres singles consecutivos del nivel de “I
Can’t Stand Up For Falling Down” (revisión
acelerada de un corte de Sam And Dave), “High Fidelity”
y “New Amsterdam” le salvaron la
cara en su hogar y, probablemente, su carrera.
Revisando las letras,
lo que nos encontramos en “Get Happy!!” es
un Costello con más humildad y menos vitriolo. Son los asuntos
del corazón los que más le obsesionaban entonces. De hecho,
escasean las referencias a cuestiones sociales, como las contenidas en
“Opportunity”, o los ataques descarnados
como “The Imposter”. Y en su estilo
lírico, barroco y excesivo, se acumulan perlas de ingenio que dejan
entrever un corazón herido. No hay más que revisar “Love
For Tender”, “King Horse”, la propia “High
Fidelity”, “Men Called Uncle”, “Temptation”.
Y las escasas joyas en las que el tempo se desacelera: “New
Amsterdam”, “Motel Matches” (revisión
compungida de las inevitables infidelidades producto de la vida en ruta),
y la tremenda “Riot Act”. Ésta,
por cierto, se merece un comentario aparte, pues sus sucesivos estallidos
en los estribillos se convierten en una vía alternativa de aproximación
al soul. Emplea medios no convencionales, es cierto: la estructura no
es soul, en todo este disco no hay ninguna sección de viento y
la voz de Costello está lejos de ser la de Otis Redding.
Pero las cotas de desgarro que logra tanto en la versión definitiva
como en la demo son similares a las mejores baladas de soul sureño
que tanto le gustan. Ahí sin duda a Costello sí que se le
notan el sufrimiento padecido y la locura de un estilo de vida imposible.
Por debajo de sus abrumadores juegos de palabras, de sus complejos sublimados
con sarcasmo cruel, de su vehemencia descontrolada, subyace el ser humano.
Y si de algo sirve esta
extensa reedición es, además de para disfrutar de pequeñas
joyas como “Girls Talk” o “Hooover Factory”,
sobre todo para comprobar que también había una maquinaria
prodigiosamente engrasada trabajando a destajo. Comparar las maquetas,
con Costello de hombre-orquesta, y las versiones definitivas, con pequeños
detalles transcendentales como la pausa providencial en la tercera estrofa
de “King Horse”, los “prestamos
de uso” y homenajes de clásicos de 45 r.p.m de Supremes,
Curtis Mayfield o los Temptations, y en general la sensación inconfundible
de música visceral saliendo a presión y chorro por las juntas,
sirve para revalorizar a la mejor banda que jamás pudo tener Costello.
Revisando como lo hacen “I Stand Accused”
de los Merseybeats dejan en evidencia los desprecios injustos que más
tarde les dedicó un Costello nuevamente ebrio. Pero esta vez de
sí mismo.
Homenaje melómano
y confesión descarnada, en un paquete bien relleno de pequeños
hits. Combinación irresistible donde las haya. “Se Feliz”
a pesar de las circunstancias te dice Elvis. Pues eso: cubata en condiciones
y a todo trapo.
ENRIQUE MARTÍNEZ (Mayo 2004)
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