(ACUARELA,2003)

Aturdido, completamente aturdido. Entre la emoción y la conmoción. Así es como te deja una escucha completa de “Frecuencias de un rojo devastador”, el tercer largo de los madrileños Emak Bakia. Hay tantas cosas y tantos palos dentro que cuesta imaginar como es posible comprimirlas en un cd sin riesgo de dispersión y asimilarlas de una sola vez. Con él, el menguante proyecto experimental de Coque Iturriaga y Abel Hernández (ambos también integrantes de Migala), no sólo reafirma el giro sonoro ya anunciado en el ep “ Un cuerpo Extraño” respecto a “Jane” y “Después” (sus dos primeros trabajos), sino que logran que un grupo al que siempre se le miró en por el rabillo del ojo en su condición de “proyecto paralelo” ( algo que sus miembros siempre han negado), figure en la lista que cobijan esas propuestas que acuden a la electrónica desde un punto de partida pop y rock, para retornar con algo completamente cegador. Y, de paso, marcar un pequeño hito en la música independiente estatal a sumar a las obras de Telefilme, Balago o Apeiron. En ello, tanto Coque como Abel demuestran astucia, osadía, inquietud y estar sobrados de cultura musical. Reforzados a trío de manera provisional con David Rodríguez (componente de A Room With a View y partícipe tanto en éste trabajo como en el citado ep “Un cuerpo Extraño”, aunque actualmente al margen del proyecto) se destapan con la que es su mejor obra hasta la fecha y visita obligada para las listas de final de curso de este 2003.

Haciendo del riesgo un eterno compañero de viaje y el ensayo-error el método para llegar al fin de las emociones personales e intransferibles, llega este “Frecuencias de un rojo devastador”, una historia de ficción que podría tomarse como una cómica caricatura de este momento que, aún con un cierto halo retrofuturista, se torna rabiosamente actual. La sobreinformación con sus verdades y sus mentiras, la telaraña comunicativa controlando el planeta en forma de un supersatélite oriental (Akai Boru, una esfera roja en evidente guiño a la bandera japonesa) y un desorientado héroe en horas bajas preso de toda esa confusión, pretendiendo salvar al mundo del apocalipsis tecnológico, son los puntos de partida de un disco que homenajea, en su planeamiento, a los discos conceptuales de los 70 ( “Ziggy Stardust”...) y, en su desarrollo, a la estética y el lenguaje del cómic.

Con esos mimbres mencionandos no es de extrañar que, en consecuencia, el abanico sonoro sea una amalgama de múltiples influencias (la facilidad de acceso a la música va ligada al avance tecnológico y de las comunicaciones). Se ha hablado de PREFUSE 73, del sello Warp, MATT ELLIOT, EL-P, la indietrónica en general y HOOD en particular. También de NEW ORDER, SUICIDE o KRAFTWERK. Todos ellos, en diferentes proporciones, se dan cita en este trabajo que parece habitar justo en ese emplazamiento intermedio entre el dejarse llevar por su atmósfera nerviosa e inquietamente y el salir corriendo para poder respirar un poco de aire. Sí, porque pese a lo que se puede presagiar en “La telaraña de sus ojos”, una preciosa miniatura de acústica folk que abre el disco, desde “Voz de radio virtual en la casa de las afueras” ( Kraftwerk y la electrónica de los 90 colisionando, mientras una voz en off anuncia la puesta en órbita del satélite Akai Buru), lo humano muta en mecánico y el discurso del trío transcurre por toda clase de picos, pliegos y recovecos sonoros que arropan esa melancolía gélida y robótica tan típica del ejemplar “Radio-Aktivität” de Kraftwerk (“Ruido y curiosidad en el exterior de Akai Borù” , “Líneas de Código de Karaoke”, “Juguetes en sus manos”), mientras que, por momentos, parecen querer estrujar lo que de melódico hay en ello hasta aniquilarlo por completo ( “Frecuencias de un rojo devastador” , “Revelación en clave”) .

Sin embargo, es desde “Tormenta de ruido rojo” en adelante donde el disco toma tus trazos más brillantes. En primer lugar con la citada, un entramado de rítmica tensa y obsesiva alzado en una serpenteante línea de bajo que, de pronto, invoca al brillo tecno-pop de New Order de manera magistral. Luego, enlazada mediante “Kernel Frecuencies”, con “Una guerra muda” o el oscurantismo de Suicide sumergido en crujidos clicks & cut y preparando una ráfaga que aúna las espirales post-pop de los primeros BROADCAST con la dicción del hip hop. Es justo ahí, donde disco y la trama alcanza su clímax con la caída del satélite. Derribado éste, la confusión y la desolación de la metrópoli dibujan el paisaje de esa recta final refleja en “Como rayos de otro cielo” y “En el amanecer de hoy” (con la misma voz en off de “Voz de radio Virtual en la casa de las afueras” describiendo la situación).

Finalmente “Vista aérea del viaje a Tsukiji” (al igual que el primer corte en formato acústico) cierra el disco en una intencionada estructura cinematográfica, que tendría aquí el enlace entre la última escena y los títulos de crédito. Y como las películas que te apresan, “Frecuencias...” una vez terminado, hace que flotes suavemente en esa especie de nube ilusoria donde la ficción que, poco a poco, se asienta en la realidad. Algo que cuando ocurre, siempre me recuerda a como Milan Kundera retrataba en “La Inmortalidad” el tránsito que va, desde que se interrumpe el sueño hasta que te despiertas por completo, con toda esa fase de placentero zanganeo intermedio. Bonita sensación final para un disco enorme que lleva sonando en mi casa sin parar desde hace meses.

JAVIER BECERRA