( mute , 2005)

Posiblemente víctima de un proceso de envejecimiento prematuro, me estoy haciendo cada vez más conservador a la hora de escuchar música. Ya no quiero que nadie me sorprenda, sólo que me agrade. Los carcas de Erasure lo han hecho. Han sacado el mejor disco de su carrera y en España no aparecido reseñado en ninguna parte.

Son cosas de la vida. Vince Clarke nunca ha tenido el reconocimiento que por su obra e influencia en otros músicos ha tenido. Ha escrito canciones perfectas con Depeche Mode, Yazoo y Erasure, del tecno-pop al pop sin más, es un orfebre de la música popular digno de ser comparado con los mejores creadores de su generación. Su huella se puede seguir, por ejemplo, en cada canción juguetona que escribe Stephin Merritt. Sin embargo, siempre nos olvidamos de que está ahí.

Quizás no haya contribuido a una mayor popularidad del dúo el haber sido etiquetados (con aquiescencia del propio grupo) como un conjunto gay. Escuchar un par de veces el catálogo de canciones de “Nightbird” debería ser suficiente para sacarlos del armario otra vez y llegar a un público más amplio. Aléjandose de la pompa de trabajos como “Erasure” de 1997 y de la sosería de “Loveboat” (2000) y el disco de versiones “Other People´s Songs” (2002), Vince Clarke y su compañero de fatigas, del que nunca recuerdo su nombre, han pergeñado un perfecto ejemplo de lo que es la madurez pop, la búsqueda de la melodía perfecta sin prisas. La quietud explosiva del primer single “Breathe” es suficiente para hacerse una idea de lo que estamos hablando: música de radiofórmula de la que nos gustaría escuchar en un mundo normal. De momento, mucho me temo que tendremos que comprar el disco para escuchar esta canción (y todas las demás del álbum, que, por supuesto, también son singles en potencia) en alguna parte.

LUIS SOTO (Mayo 2005)