(Track and Field, 2003)

Se lamentaba ,en una reciente entrevista del Ruta 66 de abril de 2004, la angelical Sasha Bell de que, pese a intentarlo desde sus tres frentes diferentes de actuación (LADYBUG TRANSISTOR, FINISHED SCHOOL y ESSEX GREEN), aún hoy seguía sin poder vivir de la música como quisiera. Y no es para menos ya que ambos proyectos en general y ESSEX GREEN- el que nos ocupa en esta reseña- en particular, cuenta con una enorme calidad, accesibilidad, hipotética comercialidad e incluso, por si fuera necesario, imagen de sobra para poder hacerlo. Ahora bien, ponerse a hacer agravios comparativos con formaciones infames que viven y colean de cantar y tocar sus melodías de garrafa no serviría más que plasmar el “mundo al revés” en formato de pataleta indie, de esas que los afectados, con toda su cara pétrea, suelen denominar envidia, snobismo y frustración. Ella, ajena al juego en la citada entrevista, citaba como modelos a seguir a YO LA TENGO o FLAMING LIPS. Yo, por poner algo más ubicable a su vera estilísticamente hablando lanzo el interrogante: ¿ son mejores los últimos trabajos de BELLE AND SEBASTIAN o CAMERA OBSCURA qué este delicioso “The Last Goodbye”?. El abajo firmante, sin pestañear, diría que no.

Pero ahí los tienen, con su mezcolanza de suave indie-pop de excelsas armonías vocales y enraizado en los 60 -que absorbe el lado más macartniano de los BEATLES, lo emebellece con el contry pop de los BYRDS y, de cuando en cuando, le agrega tonadas ora graves e imponente a lo SCOTT WALKER, ora tiernas y delicadas a lo EMILOU HARRIS-, vagando de país en país con su colorista carrusel musical a cuestas sin más premio que el aplauso de decenas de fans y los parabienes de la crítica especializada que sí, los halaga, pero al mínimo derroche de entusiasmo se ve obligada a pisar el freno y sentenciar que, pese a todo, no son un grupo esencial.

Se les comprende, no les culpo (eso sí, también estaría bien que lo dijeran de THE RAPTURE, THE TYDE o ZEN GUERRILLA, si se da el caso), a mí me ha pasado lo mismo escuchando éste, el ya segundo disco del trío que completan Jeff Baron y Christopher Ziter. Un ramillete de canciones que se adhieren con pasmosa facilidad, se instalan en el subconsciente y, cuando menos te lo esperas, te sorprenden a ti mismo revoloteando al día después fantásticas en tu mente. Y aunque cosas así no tienen por que ser necesariamente buenas (el carácter pegadizo, como la “honestidad”, la “falta de pretensiones” y demás conceptos “positivos” empleados por la crítica, a veces son armas de doble filo que no ocultan más que carencias), en esta ocasión no teman, que estos 12 preciosos cortes evitan el relleno y la medianería a base de descaro, soltura y talento. Descaro porque maman directamente del mejor pop sin rubor alguno y soltura, porque sobre ello construyen una secuencia de estribillos y melodías sin tacha posible que no hace más que evidenciar el talento de sus compositores. Ahí están como ganchos infalibles “The late Great Cassiopia” como el mejor single que los últimos BELLE AND SEBASTIAN no han llegado a publicar, “Old dominion” ejemplificando la alquimia pop de infiltrar a MAMAS AND THE PAPAS en el “Sweet Heart of the rodeo” de los BYRDS o “The Boo Hoo Boy” compitiendo en el pop señorial con los mismísimos DIVINE COMEDY perdidos en campos de fresas y cebollas de cristal. También la placidez campestre de “Soutern States”, donde Sasha parece el reverso pop de LUCINDA WILLIAMS, la brillante inmersión roots de “Lazy May” o ese “Berlin” final que, bordeando lo cursi y lo empalagoso en su apego a los grupos vocales clásicos( con versos del tipo “¿puedes oírme?/ ¿puedes sentirme?”), termina por reblandecer el más duro corazón. Magia le llaman.

Una vez leí en una crítica de un disco de TEENAGE FANCLUB lo siguiente: “¿Justificación intelectual para escuchar este disco?. La misma que para saborear un helado en una tarde de verano”. Digamos que ayer, por la noche ya acercándose la primavera, era una copa de Stratichella y, en la vuelta a casa, nos acompañó “Last Goodbye” sonando en el coche. Y aunque a veces el mundo real se ponga tan al revés como ese musical que decíamos antes, esas canciones sonaron a cuarto y mitad de gloria, a sedante pop con el que por unos momentos olvidarse de que a veces el mundo, ese mundo, es una mierda sin sentido en el que uno ya no sabe que coño hay que hacer. Dicen algunos que ese escapismo momentáneo, es la misión del pop y, si así fuera, decir que ESSEX GREEN lo han encarnado con toda fidelidad. Así que la próxima vez que alguien diga que no son una grupo esencial, yo ya sabré contestar, con la voz callada y todo el cariño del mundo, que para mí son tremendamente especiales. Algo que, claro, va más allá de cualquier disquisición crítica.

JAVIER BECERRA (abril 2004)