(Gigolo, 2001)

Resulta curioso el hecho de que uno de los discos más valorados y vendidos de esta escena nu-electro, sea precisamente esta tomadura de pelo que viene a confirmar que los Americanos siguen mirando a Europa desde su pueril e impresionante óptica del que juzga lo excéntrico desde el gregarismo más acomodaticio. Originarios de Nueva York, Fischerspooner son el grupo más popular y el más mediocre de una escena que ha de ser Europea en concepto y sonido, y que requiere un plus de inteligencia verdaderamente alto para dignificar ese renacer del pop sintético de baile de entre el oleaje de mediocridad que nos invade. El pegadizo y rematadamente resultón "Emerge", himno de la escena que nos sedujo en su día, queda en ridículo ante la escucha de un artefacto pretencioso y vacuo como el que nos ocupa, verdadero ejemplo de que no es oro todo lo que reluce y que, incluso en el underground, el primero en sacarse la foto es el que se lleva el gato al agua. O dicho de modo más explícito: de entre todos los discos malos que a veces edita Gigolo, éste es probablemente el más vulgar e insustancial.

Y esto se debe, precisamente, a unas ínfulas de trascendentalismo arty demencialmente desproporcionadas y a todas luces incomprensibles, con que pretendieron vendernos la moto de que "en esto del revival 80s también hay conceptualistas". A buena fé que los hay, pero desde luego no será esta ridícula pareja de performers que con el torpe carisma de un pasado en galerías de arte ha pretendido maquillar de inteligencia y perspicacia posmodernas unas canciones vulgares, aburridas, tontas, vacuas, que gracias a su pinchadísimo primer single han sido acogidas con los brazos abiertos por la supuestamente perspicaz prensa británica (en España, se tuvieron que conformar con el bochornoso mérito de aparecer en las listas de AB, Tentaciones o Mondo Sonoro). Mucho incauto se decidió a introducirse en el electropop 2000 adquiriendo este disco, para inmediantamente salir despavorido tras la escucha de semejante tomadura de pelo. Exceptuando (y con matices) ese ubicuo "Emerge" y la mucho más sugerente "The 15th" (canción majestuosa que hubiese sido un single dignísimo de no ser por el chapapote del resto del disco, que nos hace escuchar este tema con recelo) el resto de "composiciones" que completan el Cd son olvidables copias de tercera fila a clásicos como Visage, Japan, Soft cell o Frankye Goes to Hollywood, pero carentes de cualquier atisbo de compresión del concepto que dichos artistas suponían: como cuando Prada o Yves Saint Laurent imitaban la estética grunge, aquí encontramos una parodia insustancial y desnaturalizada, típicamente "high class" (uséase, el diletante millonario que intenta imitar lo cool que puede resultar el mundo proletario) y carente del sentido del humor camp de Zombie Nation o la sensible apologesis de la Kittin, en un disco que definitivamente justifica todos los clichés en torno a lo que la prensa mainstream argumenta sobre el electroklash: killerío, maquillaje, fiestas pretenciosas y revivalismo 80. O sea, bazofia celebrativa del capitalismo terminal e ingenuo esteticismo de revista trendy. Por suerte, muchos artistas de verdad han demostrado que tras todo el ruido mediático que ha apabullado la escena había mucha más chicha, infinitamente mejores productos.

Supongo que queda claro que odiamos este disco, no sólo por el hecho de ser mediocre, insustancial y vulgar, sino sobre todo por su estratégica campaña de marketing para convertirlo en clásico instantáneo. No hay más que ver las vomitivas poses en directo del grupo, ni sus torpes y horteras sesiones de fotos (los que amamos a Stephen Strange y Johnn Foxx las sentimos como ofensas personales) para advertir que esto es the greatest electropop swinddle desde que Malcom MacLaren apostó por aquello del Voguing. Los americanos, nacionalistas por esencia y querencia, no dudan en invadirnos con sus subproductos de superficial marketing matemático, así que va siendo hora de que los europeos desarrollemos el necesario nacionalismo y sentido crítico para rechazar sin ambages intrusionismos tan descarados como éste: al igual que un japonés que con pericia intenta imitar el flamenco, los neoyorkinos intentan imitar el sonido europeo sin ningún tipo de duende. Vulgar, superficial, retórico y esteticista: eso es este mediocre disco. Así que bájate "The 15th" y olvida el resto de las canciones, por mucho que críticos despistados y fashion victims absolutamente fuera de onda hayan pretendido convertirlo en "la bomba electroklash". Ese cadáver llamado NME ha llegado a afirmar que Fischerspooner son "lo mejor que le ha pasado a la música desde la electricidad": bobadas semejantes no se escuchaban desde el advenimiento de los Oasis-Wannbes. Y estad preparados porque una multinacional se propone re-editar este engendro con todos los fastos: en breve los veremos, al menos, en su hábitat natural: rodeados de triunfitos y cutre-alternativos como Avril LaVinge o Matchbox Twenty. De verdad, os lo pedimos con militancia europeísta y conocimiento de causa: no escuchéis las sirenas del sistema indie y buscad alternativas mucho más meritorias al bochornoso patetismo de estas cancioncillas tan queridas por The Face y tan despreciadas por la gente que busca en la música un algo más.

f_mandarine@iglu