 
(Warner, 1999)
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Si hay algo
que de verdad se echa de menos en el rock actual son los genuinos creadores
de sonido. Visionarios sin miedo al fracaso por exceso de ambición.
Artistas, grupos, capaces de dejarte boquiabierto, asombrado, con cara
de pasmarote, preguntándote: "¿Qué era eso?
¿Cómo lo han hecho?". Hoy por hoy esto parece la
sagrada misión de la música electrónica, que se ha
convertido en un surtidor de ideas e innovaciones, incluso para el propio
rock. Pero a veces uno añora tropezarte con estos hallazgos en
el contexto emocional de una canción, de una pequeña historia
musicada, con el añadido de una voz humana cálida, frágil
y sincera con la que conectar. Alguien que maneje el arte más antiguo
del mundo, pero que no lo haga parecer viejo o rancio.
THE FLAMING
LIPS son, tal vez, los últimos mohicanos. Una banda excéntrica
y disparatada, pero también visionaria, que ha ido consolidando
un prestigio sólido y merecido como alquimistas del pop más
interesante de los últimos años. El inmenso "The
Soft Bulletin" se convirtió en 1999 en su trampolín
hacia una mayor popularidad y ventas, su escaparate definitivo, que convirtió
al trío formado por Wayne Coyne, Steven Drozd y Michael Ivins en
objeto de admiración generalizada. "The Soft Bulletin"
coronó todas las listas de lo mejor del año. Tres después
sigue pareciendo tan fresco, tan asombroso, tan completo y repleto como
entonces. Y supongo que dentro de veinte años será un clásico
de culto, la clase de disco al que volverán músicos de entonces
para buscar la piedra filosofal, que los saque del atasco en el que por
entonces esté atrapado el pop.
En "The
Soft Bulletin" THE FLAMING LIPS realizaron su disco más
pop hasta entonces, su disco más aparentemente convencional, pero
también su mejor colección de canciones. Y el logro es de
dimensiones descomunales. Dejémonos de rodeos: "The Soft
Bulletin" es una obra maestra de pop marciano y surrealista.
Con excéntrico sentido del humor, con una visón diferente
de las cosas y de cómo contarlas, los Lips se entregaron, de la
mano de David Fridmann, a la creación de un disco en el
que melodías pop de perfecta y delicada belleza fuesen mecidas
en los brazos de unos arreglos excéntricos, pero útiles
y ajustados. La búsqueda de la auténtica Psicodelia del
siglo XXI. Este concepto lleva a navegar en un mar de sonidos que te mantienen
subyugado e intrigado, pero con la seguridad de las sólidas canciones
como bote salvavidas en la tormenta de inventiva que te azota en el trayecto.
Abriendo con
"Race For The Prize", homenaje a los científicos
médicos que sacrifican su vida en pos de encontrar la cura para
las epidemias, los Lips anuncian que su concepto de lo que es la épica,
el romanticismo, la melancolía y la nostalgia son tan atípicas
y utópicas como la quimera de su celestial sonido. La rotunda batería
digna del John Bonham más cazurro y desatado acompaña los
extraños loops de teclados deformados y a las voces cruzadas. Buen
aviso sobre lo extraordinario que queda por venir. Temas construidos como
mini-sinfonías, con inexplicables cambios y movimientos dentro
de sí como "The Spark That Bled", "Suddenly
Everything Has Changed" o "The Gash". Casi rock
sinfónico, pero con una ironía y una desnudez emocional
que salva el ridículo sin perder trascendencia, sino tan sólo
solemnidad acartonada.
Algunas de
las canciones vienen acompañadas de su explicación. "Suddenly...."
son "momentos de miedo a la muerte causados por el aburrimiento".
La asombrosa (y cumbre del disco) "What Is The Light"
expone, literalmente, "Una improbada hipótesis que sugiere
que la química cerebral que nos lleva a experimentar la sensación
de estar enamorados es la misma que causó el "Big Bang",
origen del Universo en aceleración". Y por increíble
que parezca suena exactamente a eso: la sincronización de tu propio
latir con el del Universo pulsátil. "Waiting For Superman",
un luminoso lamento ante el ocaso de los héroes, ante la incapacidad
de Superman de portar el peso del mundo, es una canción pop de
las que ya no se hacen. "Feeling Yourself Desintegrate"
el momento de realización de la inevitable proximidad de la muerte,
un pequeño momento de lirismo paranormal...
Observando
todas estas extravagancias absurdas, nada de esto debería funcionar,
en esta suite producto de una locura con método. Pero lo hace con
la rotundidad que sólo parecen tener las cosas sensatas. Es un
logro gigantesco, inaudito en estos tiempos de mediocridades y refritos
celebrados a bombo y platillo. El truco reside en que la valentía
de THE FLAMING LIPS es tan rayana en la temeridad como la de aquellos
mártires científicos a los que cantan. Pero en realidad
sólo así se descubren las cosas realmente importantes. Tan
importantes como "The Soft Bulletin".
ENRIQUE MARTÍNEZ
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