(Constellation, 2002)

Recupero este trabajo del colectivo canadiense después de leer como ha sido parcialmente rechazado por la crítica, al igual que sus recientes comparecencias en España, donde incluso los seguidores más entusiastas fruncieron el ceño. Yo, que desgraciadamente en esta gira no he tenido oportunidad de verlos en directo (en la anterior sí y aquello fue uno de esos conciertos que se guardan en el mejor de los recuerdos), me limito a las cuatro extensas piezas que componen ésta, su tercera entrega en formato grande. Y empezaré recomendando hacer caso omiso a esa opinión negativa, (creo que) cegada completamente por unos valores formales de supuesta vanguardia, un discurso ideológico muy oportuno en el momento de su nacimiento ( y que sigue igual de vigente en la actualidad) y la aureola de "enésimo rock del siglo XXI" con la que se recibió "Lift your skinny fist like antennas to heaven " ( ahora son Jackie O’ Mother Fucker -veremos cuánto duran-) que por el contenido tanto de éste como de su anterior álbum.

Escuchado de una tacada "Yanki U.X.O." (notable y agradecido recorte de extensión en el título) confirma que, si podemos aplicar la denominación de canciones a sus piezas (algunas superando los 20 minutos), GYBE! éstas siguen manteniendo su particular tipología y desarrollo. Por una parte los pasajes líricos a base de guitarras llorosas que se tensan paulatinamente por instrumentos de cuerdas y elaborados con una humanidad y una meticulosidad que absorbe por completo al oyente. De ahí, en atmósferas cada vez más angustiosas, pasamos a una progresiva aceleración de arpegios y espirales de agudísimo violín que preceden a las percusiones cuasi militares que llevan al caos perfectamente ordenado, a una tempestad amenazadora de pentagramas que se desdoblan, notas que buscan escapatoria hasta que llegado el clímax su sonido revienta en mil pedazos. Luego, en última instancia, un clima de vacío y desaliento, un desolador recogimiento que estremece si el alma se resquebrajara en mil pedazos por reconstruir.

v¿Evolución?. Pues la misma que han tenido Cat Power, Red House Painters o Portishead y que nadie les echa en cara. Es decir más centradas en el contenido que en el continente, máxime cuando en el fondo (tanto da la globalización, la conversión del ciudadano en un sujeto pasivo cuya libertad de acción es la de elegir su clase consumo, la sutil dictadura de la dosificación del placer envuelta en democracia o el clima bélico de una guerra muda iniciada ya en los últimos coletazos de la Guerra Fría y que repentinamente ha alzado la voz en grito destruyendo las torres gemelas) responden al mismo sitio y generan la misma sensación en una escala de grises que va desde la destrucción de la identidad de un pueblo a la destrucción literal de éste.

¿Y esos "defectos" que se citan?: ni más ni menos que los que, de tener, ya que tenían hace 2 años: sinfonismo hinchado, pretenciosidad infinita, grandilocuencia desproporcionada, repetición de argumentos apocalípticos... Sí, exactamente igual que la "defectuosa" situación del mundo en estos momentos. Y es que el problema no es tanto de las pretensiones de Godspeed, como de la (bastante más) pretenciosa y desorientada mirada de quien se posa sobre ellos despreciándolos, para unas páginas más adelante llenar de honores a Miss Kittin o la última minucia del dichoso electro-pop que ahora resulta que es la musicación del apocalipsis en clave post-moderna (mega-glupss!!).

Uno al escuchar cosas como la dupla formada por "09-15-00" (consulten la fecha y verán la particular manera de tratar el actual clima bélico por GYBE!) se siente como una suerte de Alex (La Naranja Mecánica) obligado a ver sucesivamente en catarsis imágenes perdidas en algún lugar de la memoria mezcladas con otras que tenemos muy presentes. Bush anunciando la operación "Justicia Divina" en el nombre de Dios tras los atentados del 11-S, a nuestro gobierno celebrar con júbilo y aplausos en el congreso de los diputados la votación parlamentaria de apoyar la guerra de Irak como si se tratara del ascenso a 1º división de un equipo de fútbol de provincias que lleva toda su historia en 2ª o Ariel Sharon compareciendo tras ordenar a sus f-16 masacres eufemísticamente llamadas ataques selectivos en Palestina. También siente trepanar sus oídos con ensordecedoras sirenas de guerra, gritos mudos entre bombardeos y el cielo convertido en una orgía bélica que todo el planeta sigue por una televisión que ha encontrado en la publicidad en informativos una fuente de ingresos inesperada. Y, finalmente las ruinas azotadas por el sol, los tambores de guerra prendiendo fuego a la misma bandera del calzón de Rocky y un chico con la piel más oscura que la mía poniéndose una bomba en el pecho para que la espiral siga creciendo.

"Yanki U.X.O", un disco grabado tras el 11-S y antes de la Invasión de Irak, no es más que un certero, directo y exento de concesiones reflejo de este tiempo, un grito de humanidad en la deshumanización más absoluta a base de interminables suites dramáticas que desprenden desesperación, terror e impotencia. El "pre-", el "durante" y el "post-" del delirio humano sobre los hombres. Tan triste y frágil como aquella fotografía, salida no hace mucho en prensa, de unos niños descalzos jugando al fútbol con un a pelota de trapo en un descampado al lado de los restos de un helicóptero derribado. Imagen tierna y brutal, bella y dramática, emocionante y terrorífica del estado de las cosas. Ayer, hoy y, seguramente, mañana.

Sí, como "l’enfer tiede" de PROGRAMME o "El Naval" de MUS, este disco es la radiografía exacta de un momento hecha con maestra precisión y rabioso realismo. Algo que está (mucho) más allá de las frías disertaciones de una crítica que, insisto, en esta ocasión (creo) se quedado en la superficie del análisis gélido y no han querido o no han podido tirarse al mar (o al vacío).

JAVIER BECERRA