(Hut-Virgin, 2002)

Debo reconocer que hay pocas bandas que me caigan tan bien como GOMEZ. La primera vez que escuche algo de ellos fue un impacto súbito y un amor a primera escucha. La irreal voz de Ben Ottewel surgía de las profundidades de "Get Miles" (el primer corte de su debut "Bring It On"), de un pozo de extrañas programaciones lo-fi y guitarras acústicas, como el atormentado fantasma de Howlin´ Wolf poseyendo a un pálido, melómano e inofensivo universitario inglés. Así era imposible que no me gustasen. A partir de ahí, el sonido GOMEZ se convertía en un caos de géneros en el que no había error. Y su sana actitud entre lo "arty" y la reunión de colegas en un pub, me parecía de lo más refrescante.

Con el paso del tiempo el principal reproche que cabía hacerles era que, debido a la homogeneidad de su sonido y de sus excelentes portadas (obras todas de Reggie Pedro), tanto su debut como los siguientes dos discos ("Liquid Skin" y el E.P "Machismo"), podrían sin problemas, haber formado juntos un único disco doble completamente coherente, con un sonido propio que resultaba tan ecléctico y mutable como personal e identificable. Las diferencias entre los discos venían más de la interacción entre las canciones y de la manera que tenían éstas de asociarse que de una verdadera diferencia de concepto. Pero también es cierto que el mencionado juego de guitarras acústicas y programaciones, y los cruces alternativos de tres voces solistas diferentes con un peculiar sentido de la armonía, distinguían a GOMEZ de cualquier otra banda de los dos lados del charco. Sus letras eran tan crípticas como divertidas, dotadas de un sentido del humor muy surrealista, y de una distancia y flema muy británicas, y que en esta ocasión incorporan algún oportuno comentario político. GOMEZ prometían mucho en un panorama, el del pop británico, donde si las promesas escaseaban (y escasean), no digamos ya las realidades.

Bien, nuevamente con el tercero se les puede reprochar lo mismo que con su segundo disco, pero la verdad es que seguramente se dirá lo mismo del próximo. "In Our Gun", salvo pequeñas diferencias y leves signos de evolución (una mayor preponderancia de la electrónica), es una continuación fiel del "sonido Gomez". Habrá (de hecho lo hay) quien vea en esto un hándicap insalvable para disfrutar de este disco. Sin embargo, yo tampoco creo que sea un delito tan grave, dado que el sonido de GOMEZ resulta en estos momentos una anomalía feliz, una divertida dimensión paralela al resto de la escena, con sus propias reglas físicas sobre la relatividad del tiempo (cualquier género de cualquier época es susceptible de ser empleado) y de la atracción de los cuerpos (cualquier sonido puede sentirse atraído por otro, por extraño que parezca). Influencias reconocibles aparte (Psicodelia y folk-rock californianos, Swamp rock, Blues, Captain Beefheart y Dr. John, etc.), obviando también la eterna comparación con BECK, GOMEZ es una banda que evidentemente está enamorada de los propios sonidos, de un sentido lúdico de la música, creada por el mero hecho de disfrutarla. Y este entusiasmo me parece contagioso. Y si GOMEZ han tenido la suerte (o el mérito) de crear un sonido propio desde el principio, escasos como estamos ahora, no ya de "innovadores", sino también de meros "originales", exigirles que den grandes virajes a su trayectoria no creo que venga al caso. De lo que se trata es que no bajen el nivel, y eso es algo que no ocurre con "In Our Gun".

Los méritos de este disco se concentran en una serie de temas y momentos luminosos, en los que en la mayoría de las ocasiones los tránsitos entre ritmos reggae o dub, chaladuras techno e imposibles pasajes de blues rural, agradan tanto como sorprenden: intenta descifrar como consigue funcionar "Ruff Stuff". O "Shot, Shot", el tema más frenético que GOMEZ hayan grabado jamás y que inaugura el disco con un febril riff acústico propulsado por una rotunda sección de vientos, mientras cantan frases repletas de dobles sentidos como "Ya hemos encontrado un motivo/ Lo hacemos por dinero/ ¿qué hay de malo en eso?". La titular "In Our Gun" que resulta una declaración de intenciones, políticas y estéticas muy sugerente. La faceta más delicada queda cubierta con solvencia por "Even Song" o "Miles End". Y sobre todo con la probable cumbre del disco, "Sound Of Sounds", que trabaja la melancolía y la confusión sentimental a conciencia, especialmente cuando se abre con Tom Gray cantando "Alguna vez te has preguntado/ dónde estaría sin ella" y en el puente Ian Bell y Ben Ottewel le responden a dúo aquello de "¿Te has olvidado de quién eres tú?/ "¿Te has preguntado alguna vez si podrías vivir sin ella?". Y finalmente "The Ballad Of Nice & Easy" clausura el disco con la festividad propia de los días realmente buenos.

Es cierto que siguen mareando demasiado la perdiz en ocasiones. Que a veces el eclecticismo tan exagerado de su propuesta les deja en evidencia, perdiendo la naturalidad que los distingue en sus mejores momentos. Que siguen haciendo esos cambios bruscos de estilo, a veces metidos casi con calzador. Y que, tampoco nos engañemos, este disco no cambia una realidad innegable: hasta nuevo aviso GOMEZ no han creado por ahora ninguna obra maestra absoluta que vaya a ser recordada en los anales de los 25 mejores discos de todos los tiempos.

Pero dejémonos de tonterías en estos tiempos de mediocridades, revivals encubiertos y estéticas huecas de fin de semana. Este notable disco tampoco oculta otra verdad: que habrá pocos álbums más frescos, y vitales este año que "In Our Gun". De la misma manera que pasó con "Bring It On" y "Liquid Skin" en su momento. Así que relájate y disfrútalo.

ENRIQUE MARTINEZ