( 2005)

Hay pocas cosas más reconfortantes que el reencuentro con los viejos amigos. Y a veces, a pesar de la distancia real existente, uno establece un vínculo semejante con ciertos artistas. Por eso, cuando Greg Dulli, un personaje que viene acompañando mi desvelos desde hace ya muchos años, anunció que procedería a publicar la pieza que faltaba entre sus dos primeras obras como Twilight Singers, el eslabón perdido entre “Twilight as Played by...” y “Blackberry Belle”, uno no pudo menos que emocionarse un tanto. Disco abortado por Dulli para encarar otra obra con más conexión con su estado de ánimo, “Blackeberry Belle” (nos remitimos al artículo de estas páginas), “Amber Headlights”, su primera obra tras un largo silencio, había pasado a ser pieza codiciada para sus fans. Ahora, y casi de tapadillo, Dulli la pone en circulación.

Al respecto de este “Amber Headlights” el propio Dulli lo había calificado como un disco de ánimo expansivo y algo feliz, una celebración de la vida, de su vida llena de luces y sombras. En cambio, se vio obligado a ser consecuente, aparcando tanta lujuria y despreocupación para entonar un réquiem por Ted Demme. Y revisando el tono febril y directo de “Amber Headlights”, tres años después de su gestación, se puede decir que, efectivamente, recoge el testigo de “1964” el exultante canto del cisne de los Afghan Whigs de la misma manera que “Blackberry Belle” parecía recoger el de “Black Love”. Nos reencontramos así con un Dulli nocturno y pendenciero, con la “pistola” cargada y la conciencia ligera, en la procura de broncas, sustancias y amores solubles e instantáneos. “Cigarettes”, el segundo corte, crea el estribillo recurrente del disco, y su declaración de principios: “Coge el volante, vamos a dar una vuelta/ Si traes problemas, yo te seguiré”. Pero ya la excitada “So Tight” nos vino a avisar en los primeros compases: “Es viernes/ Y me siento solo/ Los bolsillos arden/ Y voy a lo que voy”.

Es un Dulli que ya conocemos de sobra, como ya conocemos algunas de estas canciones. “Domani”, el potente tercer corte, ya había sido parte del EP “Black Is The Colour of My True Love's Hair”. “Get The Wheel”, que repite el turbio mantra antes citado, llegó a “Blackberry Belle” en una versión más vestida y con el nombre de “Follow You Down”. Y el tono general de producción y sonido es el mismo que “Blackberry Belle”. Es cierto que algunos cortes sorprenden, como los acordes abiertos y el aire power pop de “Golden Boy”, o como el redoble que abre “Pussywillow”, digno de “Congregation” y que nos engaña al introducirnos inmediatamente en una sobrecarga melódica sobre bases de R&B. Pero, en general, “Amber Headlights” parece un bosquejo de producción (bases rítmicas marcadas, sonido de alta definición y menor garra, sutiles incursiones electrónicas) para la que finalmente sí resulto una obra mayor en su carrera: “Blackberry Belle”. Por su parte, “Amber Headlights”, lo es en menor medida, mucho más rockero y directo en su pulso (hacía mucho que no oíamos a Dulli bramar como en “Black Swan”, por ejemplo), pero con un menor calado final.

Hay, inevitablemente, momentos perversamente deliciosos y cortes imprescindibles, desde el triple salvo de apertura, al cierre con “Get The Wheel”, donde, como corresponde, hay un momento de recogimiento y duda, de debilidad, de amago de compromiso. Y pasamos por esas líneas marca de la casa, que nos hacen sentir acompañados en nuestra habitual debilidad. “Wicked: “El mundo es malvado/ Y yo encajo a la perfección”. “Black Swan”: “Un domingo por la mañana/ Huyendo de la fría luz del día/ ¿Cuál es tu nombre”/ No me acuerdo de nada del final de la otra noche” . En “Pussywillow”: “¿Dónde estuviste anoche?/ ¿Porque preguntas? Ya lo sabes/ Tu debilidad es mi dulzura” . Aún a día de hoy, nadie escribe sobre estas cosas de esta manera. Y por eso, Dulli sigue siendo una caso aparte.

Escueto en duración (una media hora), intenso a su modo y manera, y jugando con las cartas marcadas de siempre, es al final una cuestión de usos y costumbres, tal vez de vicios, y en definitiva del disfrute de las lealtades ganadas a pulso, hacer el pequeño esfuerzo para volver entrar en los dominios de Greg Dulli. Ya sabes, que después cuesta bastante más salir.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Diciembre 2005)