( Bitersweet , 2005)

Poniéndonos racionalmente analíticos se podría decir, así sobre el papel, que la receta de una buena canción sería aquella donde la composición, interpretación y envoltorio estuvieran perfectamente ajustados. Cuando todo se reconduce esa situación, nos encontramos ante esos temas en los que no sobra ni falta nada, donde todos sus elementos se disponen en plena armonía a mayor gloria del pop, ese que no necesita más que ponerse a rodar para atrapar al oyente durante unos minutos y dejarlo con la sensación de que, en efecto, la vida con música es mejor.

Los norteamericanos IVY atesoran ya una basta colección de perfectas perlas pop de estirpe ochentena y sofisticado brillo noventero que, incluso en sus peores momentos (como el flojo “Long Distance” -2001- ), reflotan con argumentos como para no dejarles nunca de lado. No es momento de revisar su discografía (ya analizada, paso a paso, en esta web), solo apuntar la actitud con la que uno acude a este “In The Clear”, su ya quinto trabajo: buscando optimista buenas canciones hechas en un lenguaje familiar y reconocible, consciente de que no se hallará aquí nada más que eso. Algo parecido, pero en coordenadas diferentes, de lo que ocurre cada vez que sale nuevo disco de TEENAGE FANCLUB al mercado.

Como era de esperar a estas alturas, pocas son las novedades palpables en “In The Clear”. El grupo continúa la senda inaugurada con “Apartment Life” (1997), ofreciendo un catálogo de elegantes canciones construidas en torno a los acordes de la sabia guitarra de Andy Chase y guiadas por el distintivo susurro de una Dominique Durand, como siempre, inmensa. El principal cambio viene por el recargado tratamiento al que ha sido sometido el sonido, consecuencia del aburguesamiento de un grupo que, como explica Adam Schlesinger en la nota promocional, desechó de plano la idea de hacer un disco en directo, ya que eso “ no nos hubiera llevado demasiado tiempo y parte del placer de hacer un disco es la experimentación en el estudio” . Así este trabajo fue grabándose y componiéndose a la par, recreándose el grupo en el detallismo e invitando a una extensa nómina de colaboradores de cierto relumbrón entre los que destacan nombres como James Iha (SMASHING PUMPKINS), el arreglista brasileño Ze Luis (Bebel Gilberto, Caetano Veloso), Scout McLoud (GIRLS AGAINST BOYS) y, claro está, el productor Steve Osborne (NEW ORDER, HAPPY MONDAYS, STARSAILOR).

Ya desde “Nothing but the sky”, el tema que abre el disco, queda claro que poco sitio habrá en este disco para los espacios, el oxígeno o las miradas al trasluz. Fíjense en la densidad y grosor del sonido que lo sostiene, en la robustez de su esa base rítmica sobre la que crece una preciosa y, ella sí, expansiva melodía. En “Thinking about you”, el corte siguiente, ocurre lo mismo: todo está tan abigarrado y comprimido que no cabe absolutamente ningún sonido más. La canción, de nuevo responde a lo esperado de su artesanía pop, pero ¿soy yo el único que desea que respire, que se mueva sin ese asfixiante barroquismo que la resguarda?. Por aquí, en esta redacción virtual, me dicen que no.

Así se van sucediendo los temas, todos ellos dentro de su contrastada solvencia pero con el mencionado inconveniente de la producción, que agarrota y flaco favor le hace a una colección de canciones estupendas. Ahí están “Clear in my head”, “Feel so free” o la impresionante “Ocean City Girl”, esta última echando a volar su pop guitarrero por el cielo de ALPHA en un momento francamente delicioso en que sí, ahí sí que no sobra ni falta nada. También hay potenciales singles como ese “Corners of your mind” que, en esencia, parece rescatada del repertorio de los IVY del 95 y la inmediata “Tess don´t tell”, dos nuevas muestras del potencial comercial de una banda que demuestra por enésima vez lo injusto de este mundo en el que se gastan auténticas burradas de dinero en que Mariah Carey logre un nº1, ignorándose a los grupos que podrían triunfar con la única arma de su (superaccesible y nada chabacana) música.

“In The Clear” afortunadamente deja atrás las medias tintas del irregular “Long Distance”. En aquel fallaban la mayoría de las canciones y eso no hay producción que lo salve. En esta ocasión, mucho me temo que se les ha ido la mano con ese envoltorio mencionado al inicio de la crítica, desajustando ligeramente las grandes composiciones y la excelente interpretación que de ellas se ha hecho. Algo que, no se engañen ni me malinterpreten, queda (muy) lejos de ser un mal disco, pero (y ahí es donde frustra…) cerca, muy cerca de convertirse en el segundo mejor trabajo de la banda tras el insuperable “Realistic” (1995), en vez de ser el cuarto, que es donde este entregado fan finalmente lo ha situado, tras ver como lo adelantan ,por la derecha y en un despiste, el citado “Apartment Life” y “Guestroom”(2003). En todo caso, un disco recomendable.

JAVIER BECERRA (Julio 2005)