(LOST HIGHWAY/

UNIVERSAL, 2003)

Nuevo disco y nuevo cambio de registro para The Jayhawks. Anunciado como el más acústico y "roots" de sus discos desde "Hollywood Town Hall" (1992), la primera de sus grandes obras, este nuevo álbum responde en cierto modo a su propia publicidad. Si en "Smile" (2000) una producción en cierto modo más "contemporánea" y rockera, de Bob Ezrin causó cierta controversia entre la facción más purista de sus fans, en "Rainy Day Music" la mano decididamente retro de Ethan Johns (colaborador habitual de Ryan Adams) nos devuelve a ese limbo temporal (finales de años sesenta primeros setenta) en el que The Jayhawks, reducidos ahora al trío formado por Louris, Tim O'Reagan y Marc Perlman, parecen habitar más cómodos.

No es del todo cierto, por otro lado, que se recupere el sonido de "Hollywood Town Hall", ni siquiera el de "Tomorrow The Green Grass". Durante años cada uno de sus discos aportaba elementos al género country-rock, que les dotaban de cierta personalidad. En "Hollywood..." eran los prodigiosos dibujos de la guitarra fuzz de Louris y una profundidad melancólica difícilmente superable (aquel prodigioso comienzo de "Crowed in The Wings" aún estremece). En "Tomorrow the Green Grass" eran los detallistas arreglos de cuerdas y el final de aquel juego de harmonías gemelas de Louris y Olson, que recuperaron durante unos años el recuerdo de los Everly Brothers. En "Sound of Lies" (1997) su probable cumbre, impactaba el barroquismo y sobre todo la emoción desnuda de unas canciones dolidas y clarividentes. E incluso en "Smile" la búsqueda de un sonido más contemporáneo diferenciaba ese disco de tantos otros, más allá de bajar un poco el listón con respecto a sus precedentes.

En "Rainy Day Music" todo parece menos unitario, más indefinido. Cada canción está arreglada a su medida, la instrumentación varía de tema en tema. Esto se observa nada más abrirse el disco: de la guitarra "Byrds" y el banjo de "Stumbling Through the Dark" a la cortante eléctrica de "Tailspin", y de ahí a la desnudez de "All the Right Reasons" no hay una verdadera solución de continuidad, hilado todo tan sólo por la voz de Louris y las harmonías de Perlman y O'Reagan. Según avanza el disco, te encuentras por momentos en la incómoda situación de que el disco te esté gustando de una manera vergonzante, como en "Angelyne", pura fórmula que funciona. No es extraño, pues en estas canciones la sombra del "AOR" se hace más presente que nunca. Es un equilibrio inestable y peligroso el que se proponen The Jayhawks en la actualidad, entre una comercialidad indudable y esa indefinible "calidad", compendio de tantas cosas diversas y que siempre ha estado presente en su carrera. Parecen haber sido capaz de congelar el tiempo en algún punto de aquella transición que en su momento nos llevó de una manera preocupantemente natural de Buffalo Springfield a The Eagles.

Lo cierto es que sobre todo Gary Louris va "sobrado" en todo el disco, en el que parece haber una ausencia completa de esfuerzo para escribir e interpretar de manera extraordinaria las canciones. Con tan sólo escuchar la naturalidad con la que se va construyendo algo tan hermoso y emocionante como "All the Right Reasons", o tan redondo, breve y a la vez tan complejo como "Stumbling Through the Dark", destaca el innato talento y el curtido oficio de este trío después de tantos años de carrera. Nuevamente regalan a su propio repertorio algunos pequeños clásicos ("Save It for a Rainy Day", "Madman"), incuso producto de la pluma de Tim O'Reagan ("Don't Let the World Get in Your Way"). Pero lamentablemente éste no es el más redondo e impecable de sus discos.

Consideraciones todas estas que supongo que perderán sentido ese día inevitable, en el que mientras el aire del anochecer se va descargando de calor y tomas una cerveza mirando por la ventana o mientras conduces combatiendo el sopor con la ventanilla bajada, discos como éste de alguna manera encajan contigo y ya no se van nunca. Ya se conoce la extrema debilidad del espíritu de country rockers como servidor ante postales tan bucólicas y agridulces como las que pintan The Jayhawks.

ENRIQUE MARTINEZ