( Sub pop , 2005 )

Deberíamos algún día reflexionar sobre la increíble e inesperada capacidad de supervivencia del legado psicodélico. A primera vista, debe haber sido uno de los movimientos estéticos más determinados por sus circunstancias de la historia del pop. Y sus circunstancias a su vez, deben ser de las más superadas por los acontecimientos. Nunca un revival de aquella época ha podido ser llevado a sus últimas consecuencias, más o menos, como otros sí que han podido. Quiero decir que no hay narices a hacer el ridículo y jugarse la salud mental de aquella manera. De hecho, ni siquiera se vende en el mercado ilegal LSD de aquella pureza, así que malamente podremos encontrarnos muchos Syd Baretts por el mundo.

Sin embargo la música psicodélica, mutante y cambiante pero unida a unas libérrimas coordenadas, ha seguido siendo una suerte de corriente subterránea que de vez en cuando ha asomado su perjudicada cabecita y nos ha saludado como el conejo que le tomó el pelo a Alicia y la llevó por donde no debía. Que saque la cabeza en Pádova (Italia), vía Seattle, y con nombre de mujer extraído de una canción de los primeros y mejores PINK FLOYD , no deja de ser coherente con la lógica imposible de esta estética. Bienvenidos a “Valende”, una verdadera anomalía. Y por lo tanto, un ortodoxo disco de psicodelía.

El dúo formado por Marco Fasolo y Alessio Gastaldello han conseguido a través de su fichaje por Sub Pop una distribución internacional y, entre otras cosas, que lo descubran en rincones como el mío. Por ello, sólo cabe la verdadera curiosidad por saber qué puede haber llevado al mítico sello a interesarse por una formación de estas características. Y la respuesta está, como debería ser, en la música. “Valende”, tercer largo en su haber, es un catálogo de experiencias psicotrópicas, con referencias variadas pero siempre unidas por el hilo del disparate. Referentes fijos pueden ser los precitados FLOYD de Barrett, los seminales 13th FLOOR ELEVATORS , la escuela más freak de San Francisco... Todo empapado en ácido, en desinhibición conceptual y sonora. Y ningún miedo.

JENNNIFER GENTLE manejan con soltura en “Valende” todos los registros que se amparan bajo el ancho paraguas de la psicodelia, y sus diversas maneras de retorcer el pop. Ordenado el álbum hacia una progresiva anormalidad para retornar finalmente a cierta cordura relativa, el repaso a estos modos y maneras resulta un placer. Aunque si hay que decidirse, sin duda su fuerte son los viajes oníricos como la excepcionales “Circles of Sorrow” y “Golden Drawings" o las dos partes de “The Garden”, teñidos por un bucolismo enrarecido y por la casi olvidada obsesión por los instrumentos extravagantes y los sonidos casi de juguete. No puede faltar tampoco el dudoso “más difícil todavía” de “Hessesopoa”, puro “Satanic Majesties Request” terminal. Pero en realidad ahí reside parte de la gracia de este absurdo.

Este disco, como tantos otros que no dejan de aparecer, puede que sea casi un ejercicio de estilo retro. Pero su completo desapego por la fidelidad mimética a un modelo, que ya de por sí es esquivo y caprichoso, y la calidad exhibida lo despega con soltura del pelotón. Sin duda, recomendable para los aficionados a los universos sin más regla que el caos, incluso en la apariencia.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Agosto 2005)