(Mushroom Pillow, 2003)

Si LOS PLANETAS en su momento se autobautizaron como la orquesta química, este enigmático trío de Andújar (Jaén) se presenta con un título que igualmente les describe a la perfección. Ni entrevistas, ni fotografías, ni tan siquiera conciertos, JUBILEE desechan con su particular actitud (¿el pop sin el pop? ) todas las servidumbres que se les supone como grupo con un trabajo en el mercado. Ellos solamente quieren grabar canciones, que se las editen y conquistar oyentes desde el hechizo de su alquimia musical, al margen de titulares, sesiones fotográficas o presentaciones en directo. Una decisión ciertamente suicida desde un punto de vista comercial, pero que se revela bastante satisfactoria en lo musical a tenor de lo incluido en “The Ghost Orchestra”, un disco modesto pero encantador. Una de esas “obras menores” que ni rompen esquemas ni se inscriben en revival del momento, pasan desapercibidas entre público de tendencias, pero enamoran y enamorarán a los buscadores de tesoros anónimos en los subsuelos de la independencia pop estatal, mientras su nombre va de boca a boca, de mano en mano y de oído en oído, sin hacer mucho ruido, como si no quisieran molestar.

El toparme en un recopilatorio con una canción suya, la igualmente titulada “The ghost orchestra” fue lo que despertó mi curiosidad. Se trataba de una escultural composición de hechura clásica tocada por la varita mágica de la inspiración, de esas que parecen venir de un lugar temporal que ni es pasado ni es futuro, ni mucho menos presente. Un sentido medio tiempo de base acústica y pulcramente adornado, con afectación y sensibilidad dosificada en su justa medida, cantado en ese intervalo de belleza existente entre la emoción y el suspiro y que alzaba, de manera fascinante, un frágil puente intemporal entre aquellos BEATLES que habían descubierto a DYLAN y los oníricos MERCURY REV del “Dessert Songs”. Un mensaje en una botella de unos naufragos perdidos en el océano de lanzamientos de cada temporada, con apenas el respaldo un pequeño puñado de críticas excelentes y la apuesta ciega de su sello.

Y no, no todo “The Ghost Orchestra” alcanza ese nivel de perfección cuasi canónica de la canción homónima; si acaso solo “My life is changed “ o la preciosa “In the radio” vuelan a esa altura de, digamos, “irresistible amor a primera vista”. Pero tampoco creo que lo pretendan, al menos tal y como se ha concebido este debut, ya que “The Ghost Orchestra” se trata –me aventuro a pensar- de un disco estructurado con su introducción, nudo y desenlace, con sus puntos álgidos, sus temas de transición y sus gestos cara a la galería y que, pese a ser puro pop, se antoja mucho más disfrutable en bloque, escuchado de un tirón (y, a ser posible, varias veces), que diseccionado en canciones sueltas. Ya desde su inicio lo sugieren, con esa puerta que se abre y se cierra en los primeros segundos de la inicial “Jubilee Parade”, una apertura in crescendo que introduce en esa habitación donde, sobre un colchón de obsesivos acordeones y ritmos castrenses, se apela a la sumersión del oyente. A partir de ahí, una sintomática riqueza de géneros (del folk-pop al country, de las programaciones tecno-pop al funk, del post-pop al indie de los 80) va salpicando su placentero trayecto. Un camino en el que deambulan de la suave calidez-con-tecno-casero de los últimos YO LA TENGO (“Treasure”) a la hipnosis obsesiva de STEREOLAB (“80´s”) , pasando la psicodelia de FLAMING LIPS ( “Hey little One”), el clasicismo panorámico (“Acapulco Meeting”) o esa miniatura experimental (“Sequentiale” ), por modo y ubicación recordatoria del “Eletronic Renaissance” que incluyeran BELLE AND SEBASTIAN en el magistral “Tigermilk”.

Sin embargo que lo dicho no lleve a equívoco, porque JUBILEE, tarde o temprano, siempre retornan a su centro gravitatorio natural como si de un poderoso campo magnético se tratara. Me refiero a ése de innegable querencia sesentas e inequívoco sabor añejo en el que se muestran (como si de unos BEATLES de bolsillo se tratara) meticulosos y barrocos, con un sinfín de arreglos y detalles recurridos de manera compulsiva, mostrados de manera completamente diáfana en cuanto a su inspiración y origen. Ahí están como pruebas más evidentes la antedicha “The ghost orchestra”, la estupenda “The long winter” o , ya llevándolo ya a un extremo quizá algo empalagoso, ese “Reasons” final, donde en un somero empacho de querencia beatle ofrecen una mezcolanza en la que se puede hallar juntos y revueltos los retales de “I am the warlus”, “Stawberry fields forever” y “Penny lanne” hilados con la fina aguja del “Jelaous guy” de JOHN LENNON. Un cierre a modo de epílogo (la mencionada puerta se cierra en el tema precedente), abrigado en crujido vinilíco y alma de tributo, para un más que apreciable disco que bien podría ser el inicio de una trayectoria cuyos mejores frutos quizá estén por llegar. O, cuando menos, esa es la sensación que le trasmiten a este cronista. Sigámosle la pista.

JAVIER BECERRA (febrero 2004)