( Acuarela , 2005)

Es difícil dejar pasar por alto un disco que arranca de una manera tan contundente. En su primer corte, explícitamente titulado “Elegy For An Ex”, se da la bienvenida con un par de versos tan directos como “No lloraría si un tren te pasa por encima / pero me podría reír si te cortase en dos”, dentro de ese luminoso pop lo-fi de ascendencia BEACH BOYS, agitado por la coctelera estilística de THE RUSSIAN FUTURITS o MAGNETIC FIELDS. Si desciframos la simbología con la que se anota la temática de cada tema en su florido libreto interior (imprescindible para seguir el curso, aviso a descargadores digitales), descubrimos que en ella se combinan tres elementos: muerte accidental, vouyerismo y venganza. En este tipo de situaciones uno tiende a pensar en la persona a la que van dirigidas, pero no, Lawrence David Beghtol , el responsable máximo de esta especie macabra tragicomedia pop, se encarga de advertir en las notas finales, como en los telefilms de sobremesa, que todo es ficción, que cualquier parecido con la realidad es producto de la imaginación del autor y, por tanto, una coincidencia. Le damos la vuelta a la portada y vemos ese smily resquebrajado, recordándonos que en ocasiones las peores cosas se dicen con una sonrisa. O mejor dicho, que –puñetera especie humana- las desgracias ajenas muchas veces son nuestro regocijo particular.

Para situarnos, habrá que decir que L.D. Beghtol tiene su pasado y su presente paralelo. Intérprete de 3 temas del ya clásico “69 Love Songs” de MAGNETIC FIELDS, líder de del colectivo de pop orquestal FLARE y componente de THE TREE TERRORS (junto a Stephin Merrit y Dudley Klute) son algunas de las líneas de un currículum que ahora se agranda con LD & THE NEW CRITICISM , un singular quinteto con sede en Nueva York completado por el acordeonista Jim Andralis , el guitarrista Jonathan Andralis , el fagotista Douglas Quint y esa violinista, Pinky Waiitzman , quien por cierto se parece considerablemente a la prota de la teleserie “Sexo en Nueva York”. Este “Tragic Realism” supone su opera prima y, como en el caso de una parte de la obra MAGNETIC FIELDS, da una vuelta de tuerca en clave indie de buen tramo de la música popular americana, especialmente el country y el folk. Todo ello es el soporte para musicar esas viñetas, como si estuviésemos ante uno de esos programas radiofónicos nocturnos de confesiones; eso sí con unos golpes de cinismo, ironía y descaro, que obliga a mirar todo este desfile de soledades, infidelidades, venganzas sentimentales y muertes, tanto naturales como provocadas, con ese vencido gesto de “mejor reír que llorar”. Y terminemos por hacerlo a carcajadas.

En la estupenda “Apathy”, tras advertirte que “imagina tu vida como un poema” te coloca en el lugar de ese chico de veintimuchos, pecoso y feucho y “permaneces en la cocina con una botella en la mano / porque no puedes decidir que ponerte / o como arreglar tu pelo / o si deberías cuidarlo todo” para terminar por recomendarle que escriba canciones como las de Stepehn Merrit. Poco después, saca a relucir el ramalazo gay en la desternillante cantinela “Trouble In Toyland”, donde los muñecos Barbie y Ken tienen problemas sentimentales por culpa de Midge (el mejor amigo de Barbie, según las notas interiores, que está a punto de levantarle tan sospechoso novio) o en ese “When We Dance”, donde semejan unos Go-Betweens campestres intercalando versos de los Smiths (“oh, take me out tonight”, dicen) y solicitando un baile desesperado, ( “con una palabra o un beso o un hacha / o una pistola, tu decides / la opción es toda vuestra / pero el primer baile será mío” ) en la imaginaria boda de Joe Orton (dramaturgo homosexual con numerosas conexiones con la cultura pop, asesinado a manos de su pareja) que no dudan en photoshopearlo en el artwork como todo fan de los LD & THE NEW CRITICISM.

Pero su humor se ennegrece hasta límites insospechados cuando se enfrenta a la muerte. Pongamos, por ejemplo, “(If you Love Me Baby”) Pull The Plug”, un tema en el que, sobre la placidez del country rock, azucarado de dulces coros y palmas, un enfermo terminal advierte que “Estoy cansado de pastillas y tubos y cables” y finalmente suplica que “Así que si me quieres, cariño, golpea el interruptor, tira el tapón / Házmelo y déjame morir / ¡déjame morir mamá!” . Pero más allá del impacto (de nuevo esa mueca macabra y desconcertante que no sabes muy bien si acoger o repeler) este álbum insólito, ocasionalmente sobrecargado y con aroma a desorden lo-fi e indefinición melódica, posee un puñado de buenas canciones (sumemos a las citadas, “Definitive V2”, “Too Old To Die Young” o la excelente “Unpaid Endorsement”) que se perfeccionan a cada escucha y terminan por dejar, todas ellas, su melodiosa huella agridulce, irónica, absurda… Y, cómo no, realistamente trágica.

JAVIER BECERRA (Abril 2006)