( Sub Pop-Rough Trade-Sinamon, 2005 )

Se intuían cambios en el mundo de LOW . Tanto la edición de la caja antológica “A Lifetime Of Temporary Refielf” (2004) como el tránsito del sello Kranky al actual Sub Pop nos ponían en la pista de un más que posible “cierre de etapa”. El anuncio de que Dave Fridman tomaría las riendas de este nuevo trabajo acrecentaba la impresión (y el sobresalto: ¿encajaría la pompa barroca de Fridman en el austero universo de LOW?) y la edición de “The Great Destroyer”, el séptimo disco ya de la carrera del trío norteamericano, lo termina de confirmar: LOW han cambiado. Basta una sola escucha para darse cuenta de que estamos ante la colección más accesible y más clásica, dentro de su sonido, del trío norteamericano. Dicen algunos que, incluso, podemos hablar de obra maestra y cima provisional de la carrera de una de las más imprescindibles bandas del rock contemporáneo

“The Great Destroyer” presenta a unos LOW en plena expansión, como saliendo de su sótano de rock oscuro y ralentizado con un sonido incisivo y con mordiente, que no espera a por ti, sino que se echa a por ti. Es difícil quedarse impávido, por ejemplo, ante la inicial “Monkey” y esa torrencial mezcla de tensión, agresividad y electricidad que curiosamente podría recordar a los primeros discos de PJ HARVEY (curioso: discos producidos por Steve Albini, el antiguo productor de LOW ). Una batería parece golpearte y las guitarras arañarte mientras Alan Sparhawk y Mini Parker repiten incesantemente los versos “a la noche serás mía / a la noche el mono muere” , conjugando imágenes sin supuesto sentido, y logrando lo hacía Michael Stipe. Sí, la congoja, el misterio, la seducción….el que en menos de cuatro minutos ya te hayan engatusado completamente. Seguida de “California”, uno de los momentos más convencionales, y “Everybody´s song “, pedazo de rock violentado a cuchillo y versos encendidos como “vive tu vida / tu estúpida vida / nadie la tiene mejor” , aventuran un gran disco.

Hay contrapunto, no obstante, a tanta rabia desatada. Al margen de la balada acústica “Death of a salesman”, “Just stand back” o “Walk into the sea” junto a la ya citada “California” muestran para sorpresa de todos un lado tan abiertamente pop como, por ejemplo, pueden los singles de WILCO. Por otra parte figuran un ramillete de canciones que sirven como constatación de que el recurrente empleo del término espiritual al referirse al grupo no es, en absoluto, gratuito. Hablamos, por ejemplo, de la preciosa “Silver rider” y su envolvente atmósfera litúrgica, de “Cue the strings” rememorando el “Unchained Melody” de los RIGHTEOUS BROTHERS para prostituirla con inspirados trazos de esa afilada psicodelia a lo FLAMING LIPS, o “Broadway (so many people)” con uno de esos cierres emborrachados de belleza vocal, como únicamente GALAXIE 500 podría superar. Es esta última la antesala del que probablemente es el mejor momento del disco, “Pissing” un impresionante crescendo que deja literalmente sin habla, al igual que “When I go Deaf”, suerte de slowcore rural que retrata el viaje del NEIL YOUNG acústico al eléctrico previa visita al manual de subidones MOGWAI. Para quienes piensen que el sube-baja está muerto, aquí tienen una (brillantísima) excepción

La conclusión es que estamos ante un grandísimo disco, malsanamente adictivo, para rebozarse en él durante días y días. Esto es rock “de ese”, como el de NEIL YOUNG, el de PJ HARVEY o el de TOM WAITS. Emocionante y eterno.

JAVIER BECERRA (abril 2005)