( Acuarela , 2006)

Desde que esta publicación comenzara a flotar en el magma de Internet, el ritmo de actividad de Manta Ray (no así el de sus miembros) ha venido poco a poco a ralentizarse, adoptando una pauta cada vez más espaciada. Han transcurrido unos tres años ya desde su anterior largo, “Estratexa”, y en cierto modo el hilo se recoge donde aquél lo dejara. Con el tiempo la rigidez y el carácter directo de aquella propuesta, recargada de electricidad y contundencia, no se antoja como la mejor de sus sucesivas estéticas. Y por ello, Manta Ray se encuentran, a día de hoy, en una encrucijada que oculta una trampa.

Para sortearla, en “Torres de Electricidad” la banda asturiana abre el campo y, en cierto modo, retrocede sobre sus propios pasos, para recoger algo de lo dejado atrás, aunque no parezca así al principio. En la apertura del disco, tras la teutónica atmósfera de “Don't Push Me”, la virulencia de “No Tropieces” (a pesar del colorido de los vientos) y el nervio obsesivo y minimal de “El Despertar” y “Mi Dios Mentira” nos vuelven a situar en el terreno de “Estratexa”. Son de nuevo unos Manta Ray despojados de lirismo, prácticamente también de épica, concisos en la mayoría de las ocasiones, muy al grano, en ocasiones casi industriales. Unos Manta Ray como banda de rock, cierto es que “incómoda”, pero también directa y concreta. Por eso, el tramo final de “Mi Dios Mentira” parece reconfortar a aquellos que llevan años detrás de sus pasos.

Así, no es hasta que “Por qué evadirse a mundos más pequeños” recoge todas las posibilidades de los nuevos y viejos Manta Ray, de los de “Esperanza” y “Estratexa”, que “Torres de Electricidad” pasa de bueno a mejor. Dentro de un corte musicalmente estupendo, a las tormentas les han precedido momentos necesarios de falsa calma, y entonces el disco toma vuelo. La atmósfera turbia y cinematográfica de “Como la Sal” envuelve la, tal vez, mejor letra e interpretación de José Luis, mientras que “Todo puede cambiar” retoma las coordenadas del primer bloque, en un ataque relámpago continuado en “No avant-garde (elektronik)”. Es en ese tránsito de contrastes cuando el disco se dibuja como una solución, tal vez no perfecta, pero capaz de prolongar una trayectoria que ha dado momentos de gloria, y que no parece renunciar a seguirlo haciendo.

Y del contraste llegamos a la síntesis de “Torres de Electricidad”, en su corte titular y cierre, que es donde mejor se encuentran trazadas muchas de las virtudes y capacidades actuales de Manta Ray. Partiendo del lirismo inserto en un paisaje de cemento, regalado con la viola de Sara Muñiz mezclada con los delicados trenzados de ritmos del mejor Xabel Vegas, llegamos a esas guitarras que parecen desaparecidas en combate hasta que, tras unos minutos de silencio, contraatacan en forma de un riff indomable propulsado por los vientos a pleno pulmón. Y Manta Ray recuerdan que, en cierto modo, muchas de las cosas que ya damos por sentadas en nuestra escena son hoy sobreentendidos precisamente debido a la insistencia con la que, entre otros pocos, ellos tuvieron al enunciarlas. “Torres de Electricidad” no es el mejor de sus discos, sin duda. Pero es un disco serio, un disco “en” serio. Otro más, en su peculiar caso.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Abril 2006)