(Acuarela, 2003)

La profunda querencia de esta modesta redacción virtual por Manta Ray y su extensa (e intensa) saga es algo público y notorio. Cada entrega que van dejando por el camino es recibida con expectación en estos pagos, y se analiza a conciencia, en la certeza de que siempre ha reservado unas cotas de calidad y ambición que han venido resultando pioneras en la escena independiente española. "Estratexa" viene precedido de un largo periodo, de casi tres años, de espera, mientras que aventuras extra-curriculares (Viva Las Vegas) y colaboraciones (como "Heptágono", álbum compartido con Schwarz) han ido rellenando con fortuna el hueco. Cuando su nueva aventura ha llegado a nuestras manos, hemos decidido darnos un tiempo prudente antes de comenzar a realizar juicios. En mi persona esto ha sido muy necesario porque éste ha sido el disco de Manta Ray al que más he tardado en pillarle el "punto". Arisco, casi autista, "Estratexa" es una declaración de independencia real y de conciencia propia en estos tiempos tan tibios, pero no es una invitación amable a pasar. Como ha venido siendo la marca de la casa, requiere interés y disposición atenta, si bien finalmente recompensa generosamente el "esfuerzo".

El nuevo álbum de Manta Ray es, sin duda, el más duro de su carrera en cuanto a sonido, el más tenso y denso hasta ahora. Transmite la idea de que las válvulas de escape de proyectos como Viva las Vegas, con su lirismo minimalista, seco y adusto, liberase al colectivo de retomar el hilo donde lo habían dejado en "Esperanza": aquel torbellino épico y hermoso de "Cartografíes". En cambio en esta ocasión, desde que la nerviosa y electrónica textura de "Take a Look" abre fuego, la tensión y la agresividad se incrementa y se acentúa, utilizando la homónima "Estratexa" como puente a la potencia de "Que niño soy". La saturación en los instrumentos y la marcialidad en los ritmos se convierten en las señas de identidad del desarrollo central del disco, con una sucesión de cortes agresivos, casi virulentos, que se suceden casi sin cuartel, como obedeciendo a un plan maestro previamente fijado, por vez primera en su carrera de una manera tan evidente.

En "Asalto", "Ébola" y "Añada" algunos momentos parecen rozar los sonidos metálicos, porque no sólo hablamos sólo de potencia, relativo sincretismo o saturación, sino también de una cierta rigidez desconocida hasta ahora en los asturianos. Es con la pareja final, "Rosa Parks" y "Ausafhart" donde recuperamos de manera sostenida la tendencia atmosférica y expansiva que hemos conocido tradicionalmente en Manta Ray, y que ha encontrado una cumbre previa en este disco en "Another Man".

Con "Estratexa" Manta Ray no se lo han puesto fácil a la parroquia. Parecen haberse decidido (y en esto el título es toda una pista) por un diseño prefijado, por un "concepto" de disco, haciendo girar todo alrededor del mismo, sin intención de plegarse a una dinámica amable y dosificada de esta renovada contundencia. A la larga ha resultado un acierto, la estructura casi simétrica y de "planeamiento-nudo-desenlace" funciona y sirve al conjunto de temas, de un modo similar pero tal vez mejor hilvanado que en "Esperanza". Pero aún así resultan obvias taras y lastres libremente asumidas, que demuestran valentía, pero que no salen gratis. Porque parece evidente que el nuevo disco es un "contraataque", que expresa una reacción furiosa a algo en concreto, pero el papel cada vez menor de las letras convierte en una ardua labor determinar contra qué exactamente. Ni siquiera a la hora de "justificar" el carácter agresivo de este asalto han optado por alejarse de ese espíritu algo críptico y reacio a darse a entender, requiriendo nuevamente un suplemento del oyente. Esto es una muestra de respeto por nuestra inteligencia, pero tal vez una exceso de confianza a la vista de cuál es el concepto de rock que "vuelve".

Tampoco esto debería ser una sorpresa: Manta Ray siempre ha sido una banda, que armada de valentía, ha trazado su trayectoria a su manera, jugando desde el principio con riesgo en sus apuestas. Siempre han contado con su clarividente intuición para llegar donde otros no lo han hecho. Esta vez no podía ser una excepción.

ENRIQUE MARTÍNEZ