(Acuarela, 2006)

Seguramente no figurará en ninguna lista-recuento de fin de año y para el común denominador del público indie no pase de ser una de esas oscuras rarezas menores, poco atractivas a priori, pero la verdad es que este primer álbum de MANYFINGERS es una joya, a la que remito a cualquiera que quiera escuchar algo excitante y diferente. Escondite del bristoliano Chris Cole (compañero de Matt Elliott, batería de la desconocida banda de post-rock SOEZA y ex-miembro de los súper revindicables MOVIETONE), MANYFINGERS hace honor a su nombre (“muchos dedos”) presentando como un proyecto one-man-band en el que Cole, salvo un apunte de corneta de Aaron Dewey y la puntual voz de Ida Alistad, se lo monta todo él solito de un modo francamente impresionante. No es por agarrarnos a la bandera de la vanguardia y la experimentación (y menos en una página como ésta), pero lo primero que llega de “Our Worn Shadow” es que posee esa rara cualidad de mostrarse tremendamente personal, revelándose a un tiempo clásico, atrevido y moderno. Bueno más que moderno, fuera de tiempo. Tan fuera de tiempo, por ejemplo, como su amigo Matt Elliot, posiblemente la mayor de sus influencias. Por cierto, uno de los grandes outsiders del pop contemporáneo.

Se apuntan en la nota promocional las más variopintas fuentes y paralelismos. GYBE!, Steve Reich, FOUR TET, Yann Tiersen o BLONDE REDHEAD son algunas de ellas. No importa, donde realmente subyuga este trabajo no es apuntando a referencias selectas, sino tomando su propio pincel para dibujar febriles círculos de piano y guitarra española, hipnóticos teclados, decadentes líneas de acordeón, sinuosos picos de cuerdas e inquietantes percusiones. Es inabarcable el espectro comprende: capas y capas de sonido que forman enjambres de barroco minimalismo y loops que se entrecruzan en mini-sinfonías, dejando tras de sí la constante sensación de tensa calma, de una atmósfera de recogimiento con la que examinar los maremotos interiores que cada oyente tenga dentro de sí, exprimiendo la intensidad hasta que la enajenación total hace acto de presencia –¡uau!- en súbitos brotes de mareante psicodelia. Es decir, pese a las apariencias aquí hay más nervio introspectivo que caricia melancólica y mucha más intensidad que suavidad, todo en pos de una belleza catártica y conmovedora a partes iguales.

Difícil se hace destacar o mencionar algún tema en un disco tan sólido y unitario como éste. Se podría hablar del post-rock orquestal a escala minimal en “3 Forms”, del nocturno aire de arrabal que ondea en “No Opera”, de la llorosa belleza que guía “This Tar Won´t Hold” o el modo en que “For Measured Shores” las voces se funden en el discurso con la misma mecánica de la instrumentación. Lo mismo ocurre que con la paleta de referencias, de poco o nada sirven los ejemplos aislados ante una escucha completa de uno de esos discos que atrapa sin remisión posible. Una experiencia extensible al formato audiovisual con el estupendo dvd adjunto que incluye una reveladora actuación del músico de 2005 poniendo de manifiesto toda su técnica multiinstrumentista ensamblando loops, junto a un corto dirigido por Joost Van Veen inspirado en “Interlude”, una pieza de un mini-lp grabado por MANYFINGERS en 2004. Muy, pero que muy recomendable.

JAVIER BECERRA (Septiembre 2006)