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Hay dos maneras de alcanzar
la posteridad, de convertirte en un clásico. La primera es crear
algo completamente nuevo, sorprendente, la sensación del momento.
En estos caso es el tiempo el que juzga si te conviertes en un clásico
o no. Desde aquí apuesto por los AVALANCHES, por ejemplo, pero
hasta dentro de diez años como mínimo no sabremos si han
alcanzado la gloria. La otra manera de establecerte como un clásico
es utilizar aquello que ya ha sido gastado hasta la saciedad, los materiales
una y otra vez empleados en hacer lo mismo de siempre, y crear algo hermoso,
distinto, personal y sentido. Así te conviertes en un clásico
instantáneo. Ejemplo nº1: "Music From Big Pink"
de The Band. Desde que se publicó en 1968 se supo que no
envejecería jamás, porque nacía a la vez nuevo y
viejo. Ejemplo nº2: "Deserter´s Songs" de
Mercury Rev, publicado treinta años después e igual
de clásico desde aquel día.
A Donahue, Grasshopper
y Fridmann (y esto es algo que dejan claro en todas sus entrevistas)
se la sopla mucho todo eso de innovar, de sorprender, etc. A ellos lo
único que les interesa a estas alturas, después de epatar
un poquito en sus comienzos, es crear discos hermosos, que encanten, que
emocionen, que perduren. La suya es una carrera detrás de algo
tan volátil y misterioso como la belleza, subidos en cualquier
vehículo capaz de alcanzarla, sin importar la edad del mismo. En
"Deserter´s Songs", además de toda esa belleza,
también estaba todo aquel dolor y angustia de unos años
en que salvo por el producto de sus discos, las cosas les iban muy mal.
Y ahora les van (merecidamente) mejor. Y esa parece la diferencia que
juega a favor de su anterior disco con respecto a éste.
Ahora bien, decir que "All
Is Dream" es un mal disco, que suena viejo, que está desfasado,
es mentir. Y sería mentir porque nadie hace música como
esta hoy por hoy. Porque es un disco hermoso e intencionadamente onírico.
Porque tiene canciones de esas que escasean. Y porque también emociona.
Y emociona porque no está tan hueco, porque no están tan
contentos que se les emboten los sentidos, que les impida crear. De hecho,
escuchando las letras de este disco, no creo que estén tan contentos:
"Soñé contigo en mi diversión, soñé
contigo en mis brazos, pero los sueños siempre se equivocan/ Nunca
soñé que te haría daño, nunca soñé
que te perdería, y en mis sueños siempre soy fuerte/ Pero
ahora sube la marea, y he quemado todas mis naves" ("The
Dark Is Rising"). "Cuando estoy solo y asustado/
Pienso en pequeñas rimas/ No tendrían sentido para ti/ pero
las hago todo el tiempo"("Little Rhymes").
Salvo por la extraña
apertura de "The Dark Is Rising", con esas rupturas
abruptas y un tanto forzadas entre la potente orquestación y una
delicada, hermosa tonada al piano que es totalmente Neil Young
(remite a "After the Goldrush" o "Love In Mind"
del canadiense, por ejemplo, al igual que "Spider And Flies"
y "A Drop In Time", por otro lado maravillosas), "All
Is Dream" fluye gloriosamente hasta el final. Y te puedes sumergir
en él como en el agua y dejarte llevar, pero sin necesidad de respiración
asistida. Allí están todas cuerdas, esos teclados envolventes,
todas esas corrientes de sonidos, cálidas y frías, que se
cruzan, se esquivan, y a veces chocan. Tal vez "The Dark Is
Rising" sea así porque la han situado al principio
y porque así pretenden que comprendas como va a ser el disco, como
va a subir y a bajar, a acelerarse y a frenarse, al igual que la delicadamente
épica "Hercules", el cierre del disco,
que hace lo mismo pero de modo más fluido. Y también te
informa de como no te vas a aburrir jamás pese a lo exteriormente
meloso y plácido de su música, porque aquí hay más
chicha de lo que parece. Hay una base de excelentes canciones sobre las
que sostener esas elevadas y barrocas construcciones sonoras que ya son
el sello de Mercury Rev, y que otros muchos quieren emular.
"All Is Dream"
es menos lento, más vibrante y contundente (atención a la
batería de Jeff Marcel, a su manera de amarrar estos globos
sonoros a la superficie y evitar que se escapen: "Chains",
o "Little Rhymes" por ejemplo) que la obra maestra que
lo precedió. Y tal vez no te sorprenda como aquel, y le hagas menos
caso del que le hiciste a aquél en su momento. Pero te hago otra
apuesta: si tienes el buen gusto de conservar tu colección de discos,
una mañana de domingo dentro de veinte años, más
o menos, mientras lees tus periódicos y tus hijos te tocan las
narices, te encontrarás este disco mientras buscas otro. Lo pondrás
y la cosa pintará mejor. Tiene esa calidad innata. Y si tu hijo
no es un memo (lo más probable es que lo sea, desengáñate)
te preguntará quiénes son. Mercury Rev, hijo, Mercury
Rev. Eran buenos, hijo, muy buenos. Mejor que toda esa mierda que
escucháis ahora.
ENRIQUE MARTINEZ
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