(V2, 2005)

A propósito de los últimos movimientos de MERCURY REV han sucedido algunas cosas dignas de verse, en lo que a la prensa se refiere. En algún momento alguien se debió arrepentir mucho de que le hubiese gustado “Deserter's Songs”. Tal vez no tanto de que le gustase aquel disco, sino de la legitimidad que sus superlativos le pudieran dar a una serie de géneros, estilos y modos de hacer que, desde hace muchos años, habían sido arrojados a las tinieblas exteriores del buen gusto por el fuego purificador del punk. Parecía aventurarse, de la mano de las producciones de Dave Fridmann y una cohorte de seguidores, un retorno del rock progresivo en mayor proximidad con el sinfonismo. Esto pareció alertar a los guardianes de lo musicalmente correcto, y los cuchillos esperaron afilados el siguiente movimiento de los culpables de aquello. Ya no es cuestión de defender “All is Dream”, un disco que nunca tuvo ninguna oportunidad. Ahora se trata de saber si, al margen de todo esto, que tampoco tiene ninguna importancia en realidad, MERCURY REV es todavía capaz de crear música que valga la pena. Para estudiar tal circunstancia tenemos “The Secret Migration”.

Primeros compases de “The Secret Migration”. Primera en la frente. Comienzan a todo meter: torbellinos de sonido, épicas subidas en los estribillos, preludios de calma ante de los estallidos. Ya estamos otra vez. Pero una vez superada la primera impresión, lo primero que llama la atención es que el sonido no se construye esta vez con cuerdas y orquestaciones, sino que la polivalente guitarra de Grasshopper y una novedosa acumulación de teclados de todo tipo son las nuevas armas puestas en juego. Las melodías siguen llevando caramelo espeso por sus venas y las letras de Donahue son cada vez más imposibles. Y definitivamente el disco toma vuelo en la psicodélica “Diamonds”, que cabalga con unos bríos intensos e infecciosos, el primero de los grandes viajes sonoros que, gracias a los inspirados juegos de batería y teclados del cada vez más importante Jeff Mercel, contiene “The Secret Migration”.

Sin duda volvemos por otros medios, pero también reincidiendo en viejos usos y costumbres, a recibir una dosis de música opulenta, excesiva, plena de ambición y algo de prepotencia. Es música arrogante, que no pide perdón por existir, que llega a casa para ser atendida y que, sin duda, en ocasiones cae en su propia trampa. Pero también es evidente que se trata de una música emotiva y ambiciosa, que proporciona una experiencia absorbente si se la recibe con la guardia baja y ganas. Si bien ahora mismo se apunta por algunos a “The Secret Migration” como una recuperación de los MERCURY REV para la causa, como una cierta rehabilitación de sus faltas y vicios, lo cierto es que este disco, como los dos anteriores, ha nacido para dividir el panorama entre partidarios y detractores. En su exceso, no deja lugar para tibios.

Yo me encuentro entre los primeros. Y mis argumentos, o más bien sus argumentos, residen en piezas como la citada “Diamonds”, la inaugural “Secret For A Song”, las adictivas “Vermillion” y “In The Wilderness”. En la excepcional “In A Funny Way”, que parece homenajear al eterno Phil Spector no sólo parafraseando la intro de batería de “Be My Baby”, sino llevando sus excesos melódicos y sonoros un poco más allá. Y, sobre todo, en un recorrido final de cinco cortes repleto de excelencias melódicas y emociones exageradas, envueltas en un sonido cinematográfico, en technicolor y cinemascope, que en ocasiones parece sugerir la dulzura una nana infantil y, en otras, un momento de epifanía emocional definitivo.

En resumen, y como en la anterior ocasión, aquí nos conocemos todos. Así que no dejamos de seguir divididos. Si eres de aquellos que encuentran en los actuales MERCURY REV el remedio insospechado para muchas de las carencias del pop actual, de aquellos que sin proclamarlo en voz demasiado alta, fuiste seducido por “All Is Dream” cuando no tocaba, amigo mío, tú volverás a caer. Si eres de los otros, ni te tomes la molestia. Hay otros ríos donde pescar.

ENRIQUE MARTÍNEZ (abril 2005)