(Acuarela, 2004)

Se terminaron hace ya tiempo los inviernos de madrugada de aquel histórico y entrañable “Diciembre 3 am”, con el que el grupo debutara en 1997. También las playas melancólicas filmadas en super 8 de “Así Duele Un Verano” como un retorno espiritual a la inocencia de la infancia. Migala chocaron contra ellos sin cinturón de seguridad en “Arde”, su tercer trabajo, y en la colisión su vehículo prendió en llamas ardiendo con él la autocompasión post-adolescente y el romanticismo de quien le cuesta dar el paso definitivo hacia la madurez. Aún así, entre cuerpos calcinados y estructuras metálica quemadas, quedaron supervivientes varios gramos de vida y editaron “Restos De Un Incendio”, como un pez dando sus últimos coletazos en la cesta del pescador, poniendo así el fin definitivo a su primera etapa como ente musical autoexplorativo, reflexivo y expresivo.

Se impone el hacer recuento de la historia intermedia, desde aquel entonces. Diego Yturriaga, en la entrevista que le hice allá por 2002, explicaba que “Restos De Un Incendio” era un fin de etapa definitivo definitivo en el grupo. Poco después un sorprendente tema incluido en el recopilatorio “Acuarela songs 2” , “Epílogo para acuarela”, daba pistas de una revolución musical pareja con la estabilización definitiva de la hormonal, donde el concepto de “canciones clásicas con ambientes enrarecidos” dejaba paso al enrarecimiento sin más. Luego, ya en el otoño de 2003, cuando Coque y Abel estuvieron en nuestra ciudad presentando el tercer trabajo de EMAK BAKIA y le inquiríamos por el siguiente paso del grupo, nos decían que en lo que estaba trabajando ahora MIGALA no tenía absolutamente nada que ver con su obra anterior. Con las incorporaciones de Kieran Stephen (ex PLANETAS) al bajo y Nacho R Piedra (responsable de la parte audiovisual del grupo, tanto en sus conciertos como el DVD que musica cada uno de los temas) mediante, este disco acertadamente titulado “La Gran Aventura” termina de confirmar todos los indicios, declaraciones e intenciones. O casi...

La portada desprende un rugido de colorido selvático que se extiende a través de un disco que en su espíritu lúdico, hedonista y poliédrico recuerda a los MANTA RAY de “Pequeñas Puertas Que Se Abren Y Pequeñas Puertas Que Se Cierran”, lo que hace pensar de la enorme huella que ha tenido el alquimista Nacho Vegas en esta ocasión. Un pulso humano e industrial, mecánica de un corazón absorto en la intuición sensitiva y una banda en estado de gracia creado una de la obras más vitales, expresivas y ricas del rock nacional de los últimos años. Sí, porque esto es rock pirotécnico, ofuscado, lúdico, inquieto y trepidante. Mucho más activos que reflexivos, en esta ocasión el grupo madrileño prefieren tirarse por el tobogán. Y hacerlo de cabeza. Ya, tras un tenso arranque que podría recordar ”Take a look” de MANTA RAY, desde “El imperio del mal” las sensaciones fluyen a velocidad endiablada y alcanzan alturas de vértigo. Subida y bajada, tensión y destensión, hundir el pie en el acelerador y de pronto pisar freno. Sí, porque como en el sexo, en la vida serenarse para seguir viviendo con intensidad hace del segundo siguiente algo mucho más excitante.

Así discurre la primera mitad del disco. La citada “El imperio del mal” y la también trepidante “El tigre que hay en ti” son continuadas respectivamente por “Dear Fear” y “WWW (Searching for the wicked witch of the weeks”). En las primeras se expulsa todo el aire con guitarras en tecnicolor, ritmos obsesivos y miradas felinas con la pupila dilatada. Las segundas, a contrapunto, lo inspiran lentamente en unos terrenos próximos a los de GYBE! y MOGWAI respectivamente, buscando crestas de intensidad y encontrándolas. Cuatro temas sin apenas tregua, insertas en un bloque perfectamente entrelazado a base de garra, majestuosidad, taquicardia y épica ruidista, que acentuará el arquear de cejas y la boca abierta de quien se acerque a él conociendo el pasado, porque en ellas apenas queda su rastro. Para ello, tras el breve interludio de un quinto corte no titulado que lanza una mirada al pasado (ese ruido de metraje y gaviotas llevan indefectiblemente a “Así Duele Un Verano”), habrá que acudir a la preciosa “You star, strantgled”. Sí, en ese sentido iba el “o casi” que añadí en el segundo párrafo, ya que se trata de una arquetípica pieza de esos MIGALA que giraban en torno a la característica voz de Abel Hernández y que, en esta ocasión, suplen el acordeón por una armónica creando el momento más emotivo del disco. O también a “El gran miércoles”, de nuevo enmarcada en los ambientes de la costa, con Kieran Stephen pulsando su bajo 100% MOGWAI y aventurando una excursión post-rock, que pronto se deja seducir por la sensualidad del steel-guitar y el fantasma de aquel “La primera parada” (la canción que abría su lp “Arde”), palpable en esa perezosa guitarra acústica punteando bajo la voz de un Abel, que diluye su voz en un grave susurro. Ambas demuestran (y creo que también lo quieren demostrar) que el cambio radical de este trabajo responde mucho más al deseo de superación que al del agotamiento de una fórmula que, si quisieran, podrían estirar de por vida.

Dejé “El gran miércoles” cortada con toda la intención del mundo. Y es que cuando la canción anuncia su final, irrumpe sorprendentemente un grito mariachi que la eleva a golpe de guitarras, coros difuminados y ritmos castrenses, abriendo el tercer bloque del disco entre fuegos de artificio y la curiosa formulación de “Sonnenwende”, que bien podría ser la genial y originalísima mirada post-rock (o rock post como lo denominan en acuarela) del sentir de la fiesta popular como así atestiguan ese constante palmeo, las castañuelas o ya de manera más explícita su pista correspondiente en el DVD que ilustra cada una de las imágenes del disco. Tras ella, “Tucson, game over” y “Lecciones de vuelo con Mathias Rust” ponen el punto final. La primera juega con la metáfora de la muerte de la primera etapa del grupo (Tuscon fue el último concierto de su gira americana y el inicio de la ruptura) y la segunda homenajea al piloto alemán que aterrizó con su avioneta en Moscú, desafiando los sistemas de seguridad de la antigua Unión Soviética. Ambas pretenden ser el cierre del disco y, en el segundo caso, se extiende más allá de los 10 minutos comprimiendo dentro de una canción el negativo de la secuencia de los cuatro temas iniciales en el que, sin duda, será uno de sus puntos álgidos en la puesta de largo de este disco en directo, que, quién sabe, a lo mejor incluso los tenemos en nuestra ciudad en breve continuando aquella fantástica comparecencia de Abel y Coque como EMAK BAKIA antes referida. Sigan atentos...

JAVIER BECERRA (junio 2004)