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Es hora de desvelar un
secreto: la mayoría de la gente no lo sabe, pero resulta que este
es uno de los mejores discos de rock jamás grabados. También
es un firme candidato a mejor álbum de debut de todos los tiempos
y a disco más ilustrativo del rock y del pop de finales de los
sesenta. Quizá debería callarme, pero nadie me lo pidió,
y este secreto me quema por dentro.
Me quema porque Moby
Grape perdieron la posibilidad de ser los más grandes por culpa
de los demás y tal vez por algún error propio, pero su parte
del pacto con la gloria la cumplieron con creces al crear este rotundo
artefacto que reúne todo lo mejor de todas las escuelas musicales
de su época, más allá del rock de la Costa Oeste.
Me quema porque eran un cruce irrealmente efectivo y creíble de
absolutamente todo: podían ser la CREEDENCE en un corte, los ROLLING
STONES en otro, los BYRDS en otro, los BEATLES... ser siempre Moby
Grape y a la vez tan buenos como todos estos. Porque tenían
un gran cantante para cada estilo, un escritor brillante para cada registro,
una banda que podía tocar cualquier canción tan bien como
cualquiera. Porque en un solo disco conviven cañonazos como "Hey
Grandma", "Changes" o "Fall On You" con
delicadezas como "8:05" o "Someday",
y todo te parece que todo está en su sitio.
Me quema porque eran completamente
únicos cuando tomaba los mandos ese loco genial que era Skip
Spence y grababan esas canciones que siempre parecían a estar
a punto de romperse, pero que finalmente se sostenían y eran mejores
que cualquier cosa que puedas haber escuchado: "Omaha"
o "Indifference".
Me quema porque probablemente
tú has perdido mucho tiempo buscando ESTE disco sin saberlo. Sin
saber quién lo había grabado o cuando, si era inglés
o americano, quizás sin saber ni siquiera que realmente existe.
Ignorando que hay un disco perfecto. Y perfectamente olvidado. Ahora ya
lo sabes.
Y yo estoy más tranquilo. Igual tú ya no tanto. Lo siento.
ENRIQUE MARTINEZ
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