(Columbia Records, 1967)

Es hora de desvelar un secreto: la mayoría de la gente no lo sabe, pero resulta que este es uno de los mejores discos de rock jamás grabados. También es un firme candidato a mejor álbum de debut de todos los tiempos y a disco más ilustrativo del rock y del pop de finales de los sesenta. Quizá debería callarme, pero nadie me lo pidió, y este secreto me quema por dentro.

Me quema porque Moby Grape perdieron la posibilidad de ser los más grandes por culpa de los demás y tal vez por algún error propio, pero su parte del pacto con la gloria la cumplieron con creces al crear este rotundo artefacto que reúne todo lo mejor de todas las escuelas musicales de su época, más allá del rock de la Costa Oeste. Me quema porque eran un cruce irrealmente efectivo y creíble de absolutamente todo: podían ser la CREEDENCE en un corte, los ROLLING STONES en otro, los BYRDS en otro, los BEATLES... ser siempre Moby Grape y a la vez tan buenos como todos estos. Porque tenían un gran cantante para cada estilo, un escritor brillante para cada registro, una banda que podía tocar cualquier canción tan bien como cualquiera. Porque en un solo disco conviven cañonazos como "Hey Grandma", "Changes" o "Fall On You" con delicadezas como "8:05" o "Someday", y todo te parece que todo está en su sitio.

Me quema porque eran completamente únicos cuando tomaba los mandos ese loco genial que era Skip Spence y grababan esas canciones que siempre parecían a estar a punto de romperse, pero que finalmente se sostenían y eran mejores que cualquier cosa que puedas haber escuchado: "Omaha" o "Indifference".

Me quema porque probablemente tú has perdido mucho tiempo buscando ESTE disco sin saberlo. Sin saber quién lo había grabado o cuando, si era inglés o americano, quizás sin saber ni siquiera que realmente existe. Ignorando que hay un disco perfecto. Y perfectamente olvidado. Ahora ya lo sabes.
Y yo estoy más tranquilo. Igual tú ya no tanto. Lo siento.

ENRIQUE MARTINEZ