( rock action - pias spain , 2006)

El penúltimo disco de MOGWAI, “Happy Songs For Happy People” (2004), puso en más de un caso la voz de alarma: ¿se habría vaciado al talento de los escoceses que demostraron en los 90 que había vida en el rock “de vanguardia” más allá de Sonic Youth?. No pocos fueron los que se sintieron decepcionados, otros tantos acudieron a la manida rúbrica de “álbum de transición” para despacharlo (y entregarlo a la estantería) y solo unos cuantos incondicionales vimos en él un disco realmente valioso que tenía su mayor enemigo en su monumental predecesor: el magistral “Rock Action” (2001).

En “Mr Beast” (Rock Action-Pias, 2006) MOGWAI vuelven hacía atrás, dándole musicalmente la razón a quienes pusieron el interrogante hace un par de años. Como si los tímidos avances de “Happy Songs…” ( por ejemplo, ese cierto punto etéreo, el coqueteo indietrónico o el sutil detallismo en la producción) no existieran, “Mr Beast” recuerda a esa vuelta sobre sí mismos que hicieron Manta Ray en su último trabajo. En el caso de los escoceses, la intención parecen dirigirse a una mirada a los radicales tiempos de “Young Team” (1997), su primer álbum, desde la perspectiva sonora de “Rock Action”, es decir una combinación entre el ruidismo (pero tamizado en su crudeza primitiva, ahí está la semi-metalera “Glasgow Mega-Snake” o la locura final de “We´re No Here”), esos medios tiempos que recuerdan a los mejores Metallica (“Travel Is Dangerous”) y la lírica paisajística gravitando sobre el piano (ahí están “Team Hended” o “Friend Of The Night”). En cuanto al resultado, ya no se sabe muy bien si estamos ante un nuevo disco de transición o ya hemos llegado al caso de grupo clásico que se retroalimenta de sí mismo, sin más avances que seguir girando en círculos sobre sus logros pasados. Uno se decantaría por lo segundo, y aunque acercarse a ellos sigue deparando aún placer, la excitación y la sorpresa de hace unos años se va evaporado y amenaza volatilizarse por completo. Y no es por llevar la contraría, hubiera preferido que hubieran seguido tirando del hilo detallista, sutil e introspectivo de “Happy Songs For Happy People” (que había por donde explorar) y dejasen el clasicismo y los ejercicios de (su propio) estilo para más adelante, pero mucho me temo que más de uno estará feliz con el giro.

JAVIER BECERRA (Junio 2006)