 
(Attack Records, 2004)
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Madurez. Ese concepto
que tanto asusta a las estrellas del pop. Pasar de los cuarenta. El horror
absoluto. El abismo.
En lo que llevamos de década
las cosas están cambiando. Buena parte de los mejores discos de
los últimos años ha sido producida por gente que está
más cerca de los 60 que de los 20, al menos en el panorama extranjero.
Algo que dice bastante poco de la renovación ideológica
del pop, pero sí mucho de su validez más allá de
una edad determinada, más allá de la glorificación
de la juventud. Por todo ello, el nuevo disco de MORRISSEY
encanta y decepciona al mismo tiempo. Encanta por su sobriedad, su savoir
faire y su estructura. Y decepciona porque MORRISSEY
ya no tiene tupé, ya no viste camisas de premamá y ya no
lleva flores ni enarbola banderas. Por eso los mitómanos que no
han querido (en muchas ocasiones con razón) seguir la carrera de
MORRISSEY tras la separación de los SMITHS, se
sorprenderán de la evolución que se ha producido en estos
años de sequía discográfica. En el nuevo disco no
hay ni el más leve recuerdo a los SMITHS, ni en la imaginería,
ni en la música ni en las letras. Es el primer álbum de
Moz que no supura nostalgia por los cuatro costados. Y le ha salido francamente
bien.
También andamos
un poco fastidiados los fans irredentos de MORRISSEY.
Aquellos que le hemos seguido en su travesía por el desierto de
la última década esperábamos, tras escuchar las canciones
presentadas en la gira de 2002, una mezcla de afilados ataques contra
los enemigos más comunes de Moz (los representados en “Irish
Blood, English Heart” o “The World
Is Full Of Crashing Bores” ), que nos retrotraerán
al lamé y las Union Jacks de “Your Arsenal”, y de romanticismo
nada contenido como el de “Vauxhall & I “
(en las adelantadas “The First Of the Gang To Die”
y “I Like You”). Sin
embargo. con lo que nos hemos encontrado es con un disco de pop adulto
bien entendido, una especie de “Kill Uncle”
con gran diseño y mejor acabado, que con el paso del tiempo será
considerado la tercera piedra de la trilogía de “grandes
discos de MORRISSEY en solitario”, toda vez
que hablar de obras maestras parece reservado a su carrera con los SMITHS.
Nuestro letrista preferido
arrincona esta vez el uso de personajes para comunicarse, ya que tiene
mucho que decir sobre lo que le está ocurriendo y sus relaciones
con los demás. No hay un “Papa Jack”
ni un “Boy Racer”. Es Moz el que
pronuncia cada una de las palabras del disco. Algunas alcanzan cotas no
vistas en su cancionero desde los días de “Vauxhall”.
“I Like You”, “The First Of the Gang To
Die”, “Irish Blood...” o la gema escondida
del disco, “I Have Forgiven Jesus”,
pero otras fallan en credibilidad (esa especie de remake de “Paint
a Vulgar Picture” que es “You Know
I Couldn´t Last”) o en poder de convicción
(el alegato contra la política de Bush y el American Way Of Life,
pero a favor del ciudadano americano medio que conoce durante su retiro
monacal en Los Ángeles, titulado “America Is
Not The World” no termina de cuajar).
En el aspecto estrictamente
musical hay que decir que los temas por Alain Whyte son
muy superiores a los firmados por Boz Boorer, que conforman la parte más
aburrida del disco. Empieza a ser serio lo de Alain. Desde 1992 se viene
confirmando casi como un nuevo Johnny Marr para MORRISSEY.
Es extraño que aún no sea reconocido como autor y guitarrista,
no como simple acompañante, después de 12 años de
labor impecable. Para cerrar el círculo sólo queda añadir
que es el álbum mejor cantado de toda la carrera de MORRISSEY
(incluidos THE SMITHS). Y que también empieza a merecer reconocimiento
como vocalista, no sólo como letrista y showman, que sus méritos
también son serios.
Si quieren
una puntuación, 8 sobre 10. No es “Hatful Of Hollow”
ni tampoco “Vauxhall & I”, pero habrá
que ver cuántos discos de esta calidad salen en lo que queda de
década. No más de cincuenta, seguro. Lo que quiere decir
que, para goce de todos, MORRISSEY vuelve a ser el Rey
No Autoproclamado Del Pop.
LUIS SOTO (junio 2004)
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