(Sonig/Rouhg Trade, 2004)

Pese a los años y las tendencias el nombre de MOUSE ON MARS todavía sigue despertando interés entre crítica y público a cada paso que da. Si bien trabajos tan incisivos, vanguardistas e influyentes como “Ihora Tahiti ”(1995) o, muy especialmente, el magistral y siempre reivindicable “Autodidacker” (1997) se antojan a los ojos de muchos como insuperables reflejos del mejor avant-pop de los 90, no es menos cierto que la evolución posterior en obras como el básico “Idiology”(2001) o “Glam”(2003) ha seguido manteniendo al proyecto creado por los alemanes Andi Toma y Jan St. Werner en la estela de los grandes discos de cada temporada. Y, lejos de toda inercia, lo ha hecho por derecho propio.

Cumpliendo una década ya como grupo, “Radical Connector” , supone la continuación en esta regular, notable y notoria línea de sus últimos movimientos, reforzados de nuevo a trío con el vocalista y percusionista Dodo Nkishi . En esta ocasión su pop crujiente surca meandros en los que la IDM convive con el funk , el electro exento de caspa o la última hornada de hip hop digital, derivando en un magma sonoro revoltoso e imprevisible, de nerviosos chispazos inyectando incomodidad de continuo. No hay opción al relax, aquí las melodías se quiebran, las voces se manipulan y los ritmos se desdoblan, como si la misión fuera coger concepto de canción pop y recortarlo para pegarlo de nuevo, preservando su esencia pero modificando completamente su apariencia. De ahí que se haya dicho en diferentes medios que éste es el álbum más convencional y abiertamente pop del grupo, algo que se ha de tomar con todo tipo de reservas porque no, no es “Radical Conector” un disco que entre a primeras a quien no esté familiarizado con el grupo.

Sobre la línea antes citada discurren auténticos hallazgos de deconstrucción sonora en sonidos familiares como el funk marciano y pasado de vueltas de “Blood Comes” (que bien podría ser la versión futurista del PRINCE más inquieto),la cadencia del trip-hop completamente enrarecida en “All the old powers” o esa extensa pieza final titulada “Evoke an object”. También se ha de destacar la vitalista dupla inicial de “Mine in yours” y “Wipe that sound”, toda una invitación al baile parcialmente quebrada a continuación por el inicial pasaje de caótico minimal tecnho de “Spaceship” que, cuando ya te ha hecho perder los nervios, irrumpe como un inapelable rap capaz de contagiar a cualquiera. Y no nos debemos olvidar de la gran gema del disco, “Send me shivers”, uno de los momentos más embriagadores del pasado 2004, interpretado por la vocalista Niobe en lo que podría definirse como el puente soul trenzado entre DONNA REGINNA y DAFT PUNK. Pista ésta especialmente recomendada para adentrarse en un álbum que, pese a que en ocasiones peque de indefinición y otras de un excesivo efectismo en sus texturas, bien merece las varias escuchas que necesita para lograr la conexión (radical o no).

JAVIER BECERRA (abril 2005)