(Acuarela, 2004)

Recién grabado este disco, el tercer cd-lp del grupo ya, Fran Gayo me daba a entender en una de esas accidentadas conversaciones por el chat del soulseek, que estaba realmente contento con el resultado. Teniendo en cuenta que con su predecesor, el genial “El Naval” (2002) , me había dejado literalmente conmovido, uno contaba los días hasta la edición de “Divina Lluz”. Sabía algunas cosas de antemano: que iba a ser más desnudo y árido, más pensado y menos improvisado, con un cuidado especial en cuanto a las letras. Frente a “El Naval”, que casi funcionaba como un improvisado y rabioso susurro falsamente melancólico emitido directamente desde el corazón a primera toma, “Divina Lluz” tiene mucho de su peso en la razón, en la pausa, la teoría y la reflexión. Se podría decir que es mucho más consciente de sí mismo, que sabe exactamente lo que quiere decir y como lo quiere decir, pero sobre todo tiene siempre presente el como no va a hacerlo.

Ya con el disco en la mano, todas las sospechas se confirman desde el primer minuto. Toda aquella ornamentación ambiental y embellecedora de “Fai” y “El Naval” que lo conectaba con lo indie, pasa definitivamente a mejor vida y “Divina Lluz” se escribe con interiorizada letra clara y precisa y sobre un colchón musical mucho más austero, casi a cara descubierta. El único escondite ahora, será el elaborado pulso poético que con bastante dureza habla sobre la muerte (“Escuela cruda”, “Con un calendariu na manu”), los exilios migratorios(“La Vuelta ”, “A la fonte cada mañana”) y los políticos (“Adiós”, basada en un poema de Jose Luis García Rúa y recitado por el mismo), el desclasamiento (“Pola xenra blanca”) o la conversión de los paisajes industriales en los paisajes de la nada (”Na esplanada”), dejando siempre la sensación de ser el centro gravitatorio en el que se articula el disco y del que dependen las melodías y pequeños arreglos que en ocasiones quedan reducidos a la mínima expresión. Junto a ellas, dos temas del cancionero tradicional asturiano se integran perfectamente en lo musical y otorgan el contrapunto de sencillez en lo literario, la tensa “Déxame pasar” y la bellísima “Sola”, quizá el momento más próximo a la atmósfera de “El Naval”. Quién sabe si, en un futuro, ese progresivo proceso de desnudez en el que se embarcó el grupo, tendrá también su reflejo en las letras al modo de estas dos piezas.

Con “Divina Lluz” MUS no han roto con su predecesor de una manera tan aparentemente radical como lo fue “El Naval” respecto a “Fai”, sino que han vuelto atrás para a recuperar lo que ellos consideraban aprovechable y depurarlo en un terreno más sobrio y auténtico, donde lo accesorio y el artificio no se interponga ni emborrone ninguna de las 10 historias que recogen. Un cambio que, en el fondo, es muchísimo más radical si cabe por la claridad de su exposición y que, paradójicamente, necesita una escucha mucho más atenta, dedicada y profunda de la que nos tenían acostumbrados. Así, empieza la verdadera travesía en “Divina Lluz”, por su particular sensibilidad desalentada y su estado de ánimo bajo mínimos, una gama de emociones generadas por eso tan importante que a las personas que habitan en sus canciones se les arranca de las manos sin que sepan que hacer, más allá de dejar sitio en la piel para una nueva cicatriz en un cuerpo llena de ellas. Una experiencia que, en cierto modo, desafía tu postura como oyente ante lo que cuenta y cómo lo cuenta, deja esa honda sensación de ausencia a la que el propio grupo se refiere cuando intenta buscar un hilo conductor y te afecta dolorosamente con su abatimiento por dentro como pocos discos lo han hecho en tiempo.

JAVIER BECERRA (julio 2004)