(Acuarela, 2002)

Al final ha resultado que el giro repentino dado por MUS con el mini-cd "Alma" se ha revelado como un definitivo punto y parte en la carrera de este dúo de Xixón. El andamiaje electrónico que sustentaba el proyecto de Mónica Vacas y Fran Gayo (ampliado a quinteto en este disco figurando, entre otros, Frank Rudow de MANTA RAY), el pelaje "moderno" y las canciones que requerían la completa atención e intención del oyente forman ya parte de la primera etapa del grupo, representada por sus dos primeros ep´s y el fascinante "Fai" (1999). Bienvenidas son pues las instrumentaciones "reales" y clásicas, por muy carcunda que pueda parecer la expresión. Bienvenida, asimismo, la atemporalidad pop, esa que no se puede atar ni a época ni a lugar, como la que se albergaba en los discos de Mazzy Star, Galaxie 500 o los primeros Mojave 3. Bienvenidas las canciones que atrapan a la primera escucha como una de esas miradas imposibles de borrar de la memoria una vez se clava sobre ti. Bienvenida, en definitiva, (otra forma diferente de) magia.

Permitidme que transcriba un fragmento de un e-mail que me mandó David Saavedra tras mi sugerencia de que se hiciera con esta joya: "Completamente cierto lo que decías: me parece un disco flipante, casi perfecto: creo que reúne todo lo que me apetecía escuchar ahora mismo en un disco, gran voz, sonido típo 4AD, portada estilo Vómito de las Ninfas (siiiii) y letras combativas, creíbles y poéticas al mismo tiempo. Creo que, además, ganan mucho al cantar en asturiano, porque me parece muy atractivo eso de que haya palabras que no entiendas pero que te enganchen por su sonoridad. El mejor disco en la historia de Acuarela.". Nada que objetar a ello, desde luego. Esa hermosa portada cinematográfica (cuya estética, heredera del cine francés, se amplía con el video-clip de "Al debau" disponible en la página de Acuarela - www.acuareladiscos.com - y de visión obligatoria) es un puro placer a los ojos y representa fielmente lo que nos espera su interior: soledad, fotogramas en blanco y negro, primeros planos en los que se ve hasta los poros de la piel, escenarios desnudos, serenas reflexiones en voz callada y miradas perdidas en el pensamiento interno. Mónica Vacas, que ahora parece un cruce entre Jone (LE MANS) y Hope Sandoval (MAZZY STAR), muestra su voz cercana, difuminada, con más suavidad de lo que lo haya hecho nunca, mientras flota sobre una malla musical cuyas secuencias se suceden casi a cámara lenta y en la que las percusiones y el piano parecen el segundero de un reloj marcando el paso del tiempo con apatía y desgana. Ese tratamiento del sonido (entre el slowcore, el pop y el folk, apenas quebrado en la mitad del disco por la violencia desprendida en "Cuesta") delimita "El naval" de inicio a fin y da lugar a una colección de temas memorables. Desde la calidez de "Al debau" al preciosismo instrumental de "Sacramento" en la que interviene la guitarra de Irene R. Tremblay (AROAH), pasando por las seductoras atmósferas nocturnas de "Casi ensin zarrara los güeyos" o esa nana impregnada de tristeza que es "Rencor", todo sugiere recogimiento y calma al oyente. Solamente son unos cuantos ejemplos de un disco que, como me decía David, es casi perfecto. Incluso en el excelente lado poético donde encontramos algo casi inédito: un grupo del pop independiente nacional capaz de hablar, no solo de lo que siente ("poco queda ya que no sea enrabietarse y golpear "), si no también de lo que ve ("La desilusion se encuentra en cada contenedor / de esta avenida que lleva al centro de la ciudad") sin que ello suene a panfleto en ningún momento, algo desgraciadamente poco habitual en los grupos de nuestro país. ¿El mejor disco de la historia de Acuarela?. Umm,... puede.

JAVIER BECERRA