( Limbo Starr , 2005)

Al final de este año habrá que pensar la manera de encajar la producción global de Nacho Vegas en la tópica lista de lo mejor del año. Encontrar la fórmula que exprese la realidad tozuda de que los tres discos publicados este año, un EP genuinamente breve, un álbum de duración exacta y este último artefacto, un Mini LP al entender de los viejos del lugar, de unos 40 minutos, son lo mejor del año en la producción nacional. Tal vez, con cinismo (y absurdidad) nos sirva colocar un “Obras completas 2005” que resuelva el choque entre enciclopedismo, catalogamiento y realidad desbordada. Pero en realidad, qué más da.

La última entrega de esta sobredosis viene en un envoltorio-golosina para nostálgicos como servidor. Al habitual CD le acompaña, con todo esplendor, una hermosa plancha de vinilo negro, de amplia circunferencia, que debe ser reproducida a 33 revoluciones por minuto en un aparato que tiene una aguja. Lo aclaro, porque existe mucha gente que no ha visto uno de estos bichos en su vida, o así lo parece. La carpeta, de glorioso tamaño proporcional, incluye las letras de los cinco y extensos cortes inéditos y un relato breve obra del propio Vegas. En global, la clase de fetiche que te lleva a la tienda a retratarte encantado de la vida, convencido de haber hecho un nuevo amigo para toda la vida, de esos que nunca te llevan la contraria. Ya sabes, un disco de verdad.

Pero todo esto no sería nada sin saber si los cortes que acompañan al ya conocido (y sensacional) “Nuevos Planes, Idénticas Estrategias”, mantienen el nivel excelso de lo que ha venido ofreciendo Vegas últimamente. Y sí, efectivamente, otra vez estas canciones merecen tanta o más atención que las contenidas en el disco “titular”. Muestran nuevas facetas del cantautor asturiano, y exhiben tanto riesgo artístico como oficio. Cruzando temas y referencias entre este repertorio y el de “Desaparezca Aquí”, se transmite una fuerte sensación de unidad entre ambos discos.

“Con Amor y Absurdidad” es una delicada balada, en la onda de “Al Norte de Mí” entre tierna, desesperada y orgullosa, que supone otra cima en su letra, con momentos de antología (Por ejemplo: “Dicen que incluso Caín tuvo un buena razón/ que su causa oculta no era otra que la Revolución” ). “Hablando de Marlén”, nuevo relato de perdedores, de perdedora en este caso, se aprovecha también de la sutil fuerza, de la fuerte sutileza, de unas Esferas Invisibles cada vez más maduras y sabias, para emocionar con una empatía sobrecogedora al oyente, amen de una arquitectura narrativa admirable. Mientras, las primeras sorpresas de sonido llegan en la espléndida e irresistible “Mi Marilyn Particular”, en ese prodigioso arranque por rumba que cuenta con cajón y palmas ad hoc de “El Ratón” de Los Deliqüentes y con el propio Nacho cantando con soltura un “lolailo” tan trascendente y definitivo, en realidad, como todos los “males inextirpables” del resto de sus canciones. Una joya, que lleva “La Rumba del Sabor Amargo” y las mejores enseñanzas de Bambino definitivamente a su terreno.

Llegamos al cierre con la desnuda y muy confesional (o no) “El Último Baile”. Y, sobre todo, con la mayor sorpresa de sonido: “Cosas Bien Hechas”, un corte denso y electrificado de más de nueve minutos. Con la perezosa intensidad de un blues, se trata de un nuevo relato de amor caducado en el que Vegas asume el papel de carga y castigo, mientras que la electricidad de la banda se ve amplificada por esos mismos vientos que en “El Hombre que Casi Conoció a Michi Panero” eran fiesta, y que aquí atonales y desabridos al modo del mejor directo de Spiritualized, materializan definitivamente la amenaza de tormenta sentimental que formula la letra. Un corte verdaderamente soberbio. Y una puerta abierta a un cierto tipo de rock para un Nacho Vegas, que cuando se trata de canciones, ahora mismo franquea todos los umbrales que quiere. Sean o no una salida.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Noviembre 2005)