(Limbostarr, 2003)

Cuando se está inspirado debe ser fácil. Nacho Vegas parece estar en racha. Y más allá de las pegas que en su momento le pudimos poner a su torrencial “Cajas de música difíciles de parar”, con meros sobrantes de sus sesiones y una canción nueva, Vegas es capaz de construir un E.P estupendo, el tercero de esta clase después de “Seis canciones desde el Norte” (compartido con Aroah) y “Miedo al zumbido de los mosquitos”. Ahora, cuando las historias y las canciones llegan a Vegas como si de una antena receptora eternamente sintonizada se tratara, no parece (sea cierto o no) que el esfuerzo tenga nada que ver.

Abriendo con la nueva composición, “Canción de Palacio #7”, que despega perezosa, para ir creciendo poco a poco, con avances, paradas repentinas y marchas atrás, hasta finalmente desembocar en otro de esos clímax tan épicos como íntimos, los 25 minutos de duración del disco se antoja tan escasos como excesivos podía parecer los ciento y pico de “Cajas...”. ¿Estará entonces la virtud en el justo medio?. Lo cierto es que el tono country y socarrón de “N.V. contra la industria del disco” y la falsa ligereza de “La magnitud de la tragedia” son puentes perfectos para la llegada de “Canción de Isabel”.

Este tremendo relato, que en forma de prosa ya había sido parte del libro “Canciones Contadas”, y basado en una previa canción de uno de los mitos personales de Vegas, Townes Vanz Zandt, es una de las cumbres personales, a pesar de su truculencia, de la carrera de Vegas. La virulenta tensión de la banda, que acompaña el enorme dramatismo de la letra, convierte a esta canción en la “Ballad of Hollis Brown” particular de Vegas.

La mayor sorpresa llega en el cierre con la soberbia “En la ardiente oscuridad”. Unos sensacionales arreglos de cuerdas, teclados y glockenspiel para la mejor construcción de sonido en estudio de Vegas desde, tal vez, su trabajo con Carlos Martínez en “Actos Inexplicables”. Un corte con todo el lúbrico aroma de los cortes más funkys de The Afghan Whigs en “Black Love”. Un ambiguo y sensual relato en una de las mejores canciones de su carrera.

Aclarando, por si las moscas, que éste es “un disco no autobiográfico”, y alimentando por otro lado su fama con divertidas salidas de pata de banco, pero sobre todo a base de canciones, Nacho Vegas sigue a la suya.

ENRIQUE MARTÍNEZ