 
(Limbo Starr, 2001)
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Después de ser parte
de proyectos de autoría colectiva (MANTA RAY), compartida (DIARIU,
con Ramón Lluis Bande) o ajena (MIGALA), Nacho Vegas realiza
su primera obra en solitario con un disco que parece tener tanto de necesidad
artística como vital. De profunda y oscura temática confesional,
"Actos Inexplicables" es de esa clase de discos que tienen
capacidad de conmover al oyente porque dan la indudable sensación
de haber sido creados desde un estado anímico igualmente afectado
y sin haber interpuesto excesivos filtros y diques a un fluir de sentimientos,
expresado en términos que son más sucesores de Diariu que
de Manta Ray.
Nacho Vegas ha afirmado
que le gustan las obras de Andrés Calamaro de estos últimos
años. Y es que probablemente su "Honestidad Brutal"
ha supuesto una ruptura en algunos aspectos para el rock patrio, una disolución
de ciertos complejos, tapujos y tabúes sobre lo que se puede cantar
en un disco en castellano sin interponer un muro de oscuras metáforas,
y su influjo parece que nos va a acompañar en los próximos
años, más como una ética que como una estética.
Pero si nos olvidamos de una cierta similitud en el modo de recitar las
letras y que "El Ángel Simón" parece
el reverso de "Con Abuelo" (en este caso una elegía
invertida, una celebración de la muerte de alguien que parecía
merecerlo), Vegas es de una generación posterior, y tiene situado
en los altares referencias (no necesariamente contemporáneas) que
el argentino no maneja y que el asturiano ha integrado en el lenguaje
que emplea para explicarse: Nick Drake, Townes Van Zandt (con una
versión en castellano de "Fare Thee Well Miss Carrousel"),
pero también Nick Drake o Sonic Youth ("Molinos
y Gigantes").
El álbum se abre
con el instrumental que le da título, en el que los arreglos de
Carlos Martínez (pieza clave en los discos de Manta Ray)
y los músicos de acompañamiento comienzan a mostrar la importancia
(y calidad) que van a tener a lo largo del disco. El segundo corte, la
epistolar y hermosa "Al Norte del Norte", explicita
el tono confesional que es el sustrato del disco, y a su vez lo define
en su sinceridad, porque esas referencias a las lluvias, las brumas y
a los días grises son algo más que ambientación:
cualquiera que haya vivido estos inviernos recientes en el Norte sabrá
que cuando te llueve tanto encima, dentro acabas teniendo goteras. Y Vegas
no parece haber hecho muchos esfuerzos por salir de la melancolía
ni por cuidarse en estos últimos tiempos. Pero es esta oscura sinceridad
la que sostiene las canciones cuando la lírica o la voz de Vegas
se muestran escasas o limitadas para hacerse entender. No se nos debe
olvidar que éste es su disco de debut como cantautor.
Un disco que tiene la virtud de tener un desarrollo interno inverso a
la mayoría de los discos de rock: al modo de una tormenta del Cantábrico
que en cierto modo parece bañarlo, la carga eléctrica de
las canciones es progresiva, el viento se va enrabietando en su instrumentación
y los relámpagos ("Blanca" y "Molinos y Gigantes")
te aturden al final, hasta el punto que la impresionante "Blanca"
parece comerse con su abrumadora intensidad al resto del disco, lo que
sería tremendamente injusto. "Actos Inexplicables"
es un disco que merece mucho esa pena que lo inunda.
En él no sólo
hay un puñado de excelentes canciones ("Sitios Distintos"
"El Callejón" o "Seronda" son de lo
más emocionante jamás publicado por el rock en español),
y la certeza de una labor dedicada y atenta en su extensa y exquisita
producción (que a mí personalmente me parece que, como ocurría
con los discos de su grupo de origen, marca nuevos listones al resto de
la escena española). Hay verdades venidas de dentro, ecos de sitios
dónde nos duele estar pero a los que todos desembocamos.
Cuando Vegas cierra el
disco entonando "Todas las cosas que alcanzo a ver me sobrevivirán"
uno asume que si este país se enterase de algo, "Actos
Inexplicables" sería una de esas cosas. Pero esperemos
que dentro de mucho tiempo.
ENRIQUE MARTINEZ
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