(Jabalina, 2004)

Existe una fase en la trayectoria de un grupo en el que, o bien se da el salto discográfico, o lo más probable es que a los pocos meses desaparezca por el agujero negro del cansancio y la indiferencia. NADADORA estaban, a mi juicio, en ese estado ideal cuando en febrero de este año aterrizaron en A Coruña como grupo invitado en el aniversario del sello Jabalina. Por un lado presentaban “Octubre” su primera demo realmente válida y sin defectos chirriantes y, por otro, un directo que sorprendió a propios y a extraños por su fluidez, química y energía escénica. No creo exagerar si afirmo que, pese a su condición de grupo novel, fueron la gran sorpresa de una noche en la que, en principio, venían a calentar motores.

La edición de “Aventuras Dentro De Cajas” viene a dar la razón a quienes así pensaron y, alternando temas de la citada maqueta con nuevas composiciones grabadas ex proceso para la ocasión (ambas a las órdenes de Arturo Vaquero de HUMANOID), conforma el flamante debut del sexteto pontevedrés. Seis canciones que -entremezclando lo íntimo y lo expansivo, lo ensoñador con lo directo y la vitalidad con el encogimiento- tienen esa facilidad de embaucar a la primera mediante una combinación de sensibilidad, precisión melódica y selectos referentes musicales. Al respecto de estos últimos se podría decir que, igual que en sus demos, se siguen proyectando la silueta de aquellas guitarras del “Pop” de LOS PLANETAS, la caricia indie-pop con barniz electrónico de la secuencia FIELD MICE-IVY-TREMBLING BLUE STARS y, por supuesto, ese ralentizado moldear de la nostalgia y la melancolía a doble voz que remite a grupos como THE DELGADOS, los primeros MOJAVE 3 o, como no, LA BUENA VIDA siempre presentes en cualquier referencia al grupo.

“Y tú, amor, estás tan lejos, a mil kilómetros del suelo / ya es hora de que vuelvas de una vez” se canta a doble voz dentro “Invierno contigo”, esa sedosa psicodelia de aromas envolventes (con guiño beatle en los arreglos y aroma más que “planetario” en su desarrollo) que abre el disco. “Y te sentía tan cerca que podía disimular / que era tan fácil pensar lo frágil que era intentar / que esto durar un poco más” dice el precioso estribillo de “La Tarde gira” donde la voz de Sara se convierte en un fino cristal a punto de romperse. “En aquellos días en los que el mundo se cubría de ruido / y parecía que todo iba bien” cobija el de “Mantas de ruido”, una bellísima y ensoñadora composición de querencia shoegazer que, intentando buscar acomodo entre Slowdive y Mojave 3 , termina por recordar a los primeros Silvania . “Así es como solía ser / cuando nos volvíamos cometas y esperábamos crecer / sentirnos siempre bien, dejarnos llevar/ creer que todo se podría alcanzar” son, por su parte, líneas de la luminosa “12:01 am” o como juntar a FAMILY, LA BUENA VIDA Y LOS PLANETAS en una de las mejores canciones del año. Como verán, en los cuatro primeros cortes del disco descansan un puñado de canciones que, al abrigo de la suave melancolía o el eventual click eléctrico, recogen ese intervalo existente entre el momento de buscar la felicidad y la plenitud y el de terminar revisando el álbum de fotos sentimental para sentirnos más cerca de ese algo y ese alguien, lejano en el espacio y en el tiempo respectivamente. Quién sabe si embellecido por las trampas del recuerdo y la memoria selectiva.

Mención especial se merecen tanto “Pregúntame mañana” como “Outubro”, por varios motivos. La primera, una travesía por el slowcore otoñal de tonos áridos, se recrea en la lentitud y ese acertadísimo arreglo de violín, plácido en su arranque pero dramático en el tramo final que sustenta líneas como: “Te lo pido tan solo esta vez / déjame tener lo que quiero tener / tan solo esta vez, prometo que será la última” . “Outubro”, por su parte, es ni más ni menos que la primera muestra de pop independiente interpretado en gallego de la historia, al menos conocida por estos oídos que llevan deseando que ello ocurriera desde hace años. Una canción que, dentro de la melancolía velvetiana y el acuoso regusto gallego de sus arpegios, supone una preciosa estampa sobre ese momento en el que la página del libro de tu vida, ayer aún atascada, empieza a escribirse con nueva -pero todavía temblorosa- caligrafía.

NADADORA dan así su primer paso con un debut precioso. Tan pequeño como esos microsentimientos que bullen en su interior y tan grande dentro de esa lente de aumento por la que son vistos y magnificados en el estribillo de una canción. Ahora solo queda que usted, mi querido lector, le dedique 5 € de su bolsillo y 25 minutos de su vida a conocerlos. Los disfrutará para siempre.

JAVIER BECERRA (Noviembre, 2004)