(Autoedición-

Moonpalace, 2003)

Resulta agradable comprobar como las casualidades trazan líneas oblicuas, perpendiculares y paralelas que se acercan, se cruzan y se distancian entre sí. Hace unos días releyendo revistas viejas me enteré que los islandeses MÜM habían musicado en directo El Acorazado Potemkin de Eisistein. Curiosamente hacía poco que, reordenando mi ya considerable colección de dvs, me encontré con la versión digital de dicha película aún precintada. Lo recordé, me dispuse a verla de nuevo y llegada la parte más mítica del film, su rótulo “La Escalera De Odessa” volvió a reflotar mi mente hacia otro paraje por pura asociación fonética. Sí, aquel disco que quedó ahí traspapelado en el discreto anonimato de un cd-r. ODESSA CHEN se llamaba su autora. “One Room Palace” era el título de su único disco editado (por ella misma) hasta la fecha. Completamente embriagado de tristeza me quedé tras llevarlo conmigo durante todo este nublado y pesadísimo día en el disc-man. El día en que ODESSA CHEN ha pasado a formar definitivamente parte de mi particular universo sentimental

Aunque se le asocie de continuo con la omnipresente CAT POWER (una comparación manoseada, pero inevitable al ser ésta la gran referencia de lo que podíamos denominar como “cantautora independiente americana”), lo cierto es que a la californiana ODESSA CHEN apunta en otra dirección. Mejor acotar, para su correcta ubicación, una parcela en el indie-folk lacrimoso con acusaba tendencia a las etéreas pinceladas de reminiscencia shoegazer y donde se cruce la monócroma suavidad de Harriet Weller (THE SUNDAYS), el lado poético de Jeff Buckley y los falsetes infinitos de Kate Bush. Un diamante vocal perfectamente pulido que canta sobre el amor, de sus heridas y sus trampas, pero también de su inevitable anhelo con un desesperado lirismo cuasi-medieval. Ahí está el que, a mi juicio, es el mejor tema y clímax total del disco: la monumental “Snow angels”, capturando la ansiedad del “ ven, por favor, ven que me muero sin ti” con dramático chello, voces que parecen el aliento del deseo mismo y un nerviosismo acústico que acoge versos tan sentidos como “ Buscando pistas por el cielo / persiguiendo fantasmas, siguiendo visiones / escucho tu respiración deslizándose como un ala más allá de mi coche / y veo tus pisadas marcadas en la nieve / Déjame tenderme en tus brazos / déjame echarme sobre tus ángeles de nieve / No más dolor / no más esperas” . Exacto: yo también pensé en “Los Amantes Del Círculo Polar”. Como verán, escucharla y amarla es todo uno.

No todo el disco brilla a ese sobresaliente nivel, pero lo cierto es “One Room Palace” también logra engatusar en el resto de sus treinta y picos minutos, en los que pervive siempre esa sensación de nudo en la garganta al que le cuesta salir y cuando lo hace se trasforma en picos de emoción purificadora. Bien con la volátil “For a song”, alzada sobre sorprendentes cortinas orquestales que la elevan a los cielos, bien con la macabra belleza de “One Hit” ( “Eres una estrella que conscientemente baja del cielo / hazlo para ti mismo / átate a la vía del tren / luego grítame por ayuda “) o bien con la moderada vena rock de “Default” que musica desesperada, a golpes de guitarra y mirándose a los ojos el fin de una pareja ( “Cometidas ya todas las formas de indiferencia / ésta es la mentira del pacto que firmamos” ). No deberíamos dejar la delicada “Fringe”, interpretada y escrita con Charles Deninson al modo de unos Pimpinela indies, ni, por supuesto, ese cierre instrumental final de “Sleep music for Jeff” que, haciendo honor a su título, pone sedante broche final a un disco para descubrir y saborear durante días y días. Teniendo en cuenta que su publicación original data de hace más de dos años, no sería de extrañar que hubiera nuevo trabajo al caer.

Nota: en España se puede adquirir este disco a través de la distribuidora Moonpalace (www.moonpalacerecords.com)

JAVIER BECERRA (abril 2005)