( Limbo Starr , 2004)

Hay pocas cosas que alimenten más el inquieto espíritu del melómano, indie o rockero en esto da igual, que un buen disco de debut. Y conociendo los antecedentes, si es español, pues aún más. PAL, un joven cuarteto de sonido decididamente underground y difícil, debuta con este notable “Factores que alteran el equilibrio”, y un montón de esperanzas parecen depositarse como por arte de magia en los futuros pasos de una formación que, ya desde las primeras notas, muestran ambición y compromiso con su sonido. La clase de noticias que en una redacción tan modesta como ésta son titulares de primera página.

Los primeros instantes de su álbum de debut remiten ya rápidamente a los más oníricos pasajes de la saga SPACEMEN 3/SPIRITUALIZED, meciendo en un entramado de guitarras cristalinas una cadencia perezosa y una de esas voces, susurrante e ininteligibles, de la escuela hermanos Reid, Shoegaze y J (Planetas), que a algunos nos predispone a favor de comenzar lo que (presumimos) será todo un viaje sonoro. Primeros estallidos de electricidad desbocada y “Papel” se convierte así definitivamente en toda una declaración de intenciones para PAL. Estamos ante una vibrante excursión por el lado oscuro de la psicodelia y los sonidos agresivamente progresivos. La hipnosis por inmersión de “Limbo” da paso a latigazos eléctricos como “Carne Radiactiva”, en los que un pulso de Detroit Rock desbocado encuentra colchones de teclados “espaciales”, hasta la llegada del presumible caos final. Aquí hay ecos evidentes de “esos” discos. De “Funhouse”, “Psychocandy”, de “Perfect Prescription”, de “Space Ritual”, de “White Light/White Heat”, e incluso del mecanicismo obsesivo de NEU!. En fin, de toda la escuela del mejor rock estupefacto de todos los tiempos. Pero se palpa también una sorprendente y prematura solvencia para manejar sin mimetismos todos estos difíciles referentes y construir así un sonido hipnótico, en el que incluso unos inteligentes arreglos de viento no hacen más que elevar a la banda a alturas todavía mayores.

Construido como álbum al modo de un trip, de un ciclo auto-conclusivo, tan sólo pueden chirriar un tanto unas letras. Tratan, como cabe esperar, del desamor entendido como posguerra sentimental, de los estados alterados de consciencia y de tópicos del viaje espacial, con cierta resonancia a estos casos a ciertos Lagartija Nick. Sin embargo aún debe alcanzar esta faceta el cumplido nivel de excelencia que la banda manifiesta en el apartado instrumental. Sin duda, el siguiente paso será comprobar todo esto en un directo que promete ser la bomba.

ENRIQUE MARTÍNEZ (septiembre 2004)