(Kitty-yo, 2003)

Llega el momento de la revalida del Electroclash. Grupos como Chicks on speed, Miss Kittin & the Hacker o PEACHES se enfrentan ahora a la publicación de un segundo trabajo. En el caso de Merril Nisker (a.k.a. PEACHES) nos encontramos con un disco salvaje, guarro y maleducado. Algo así como tropezarse en un garito de mala muerte con el personaje que Dennis Hopper bordaba en Terciopelo azul. Un disco explicito sexualmente y ya desde el título "Fatherfucker" y su primera canción "I don't give a ..." completamente deslenguado y repleto de Fucks. Aunque, al contrario de lo que pueda parecer, se trata de un disco muy divertido, bailable y más gamberro e irónico que otra cosa. PEACHES no se toma en serio a si misma, lo suyo es el cachondeo y la ambiguedad sexual. Muestra de ello es la foto de poratda en la que la vemos convertida en mujer barbuda, freakie de discoteca con esa tipografía robada a Def Leppard.

Con un comienzo muy hiphopero con "I don't give a..." y "I'm the kinda", "Fatherfucker" no es mas que una revuelta a su electro-punk mezclado con hip hop blandito y guitarras hardcore. Sentenciando a la primera de xambio que le importa una mierda su reputación y que ella es la clase de zorra a la que te quieres tirar. Letras muy heavys sobre un trasfondo de ambiguedad sexual que le encanta. En "shake yer dix", que para mi es el hit del disco, PEACHES nos invita a mover nuestras partes al ritmo que ella marca, ellas será para nosotros nuestra motherfucker o nuestro fatherfucker. Lo que queramos para cada ocasión.

Otra parte divertida del disco y emparentada con esa tipografía heavy rock de portada llega con "Kick it" a medias con Iggy Pop y con "Rock'n'roll" en el que le acompaña Feedom. Un poco de rock rabioso, tal vez burla a esa nueva ola de la nueva ola de la nueva ola (vease Strokes, Yeah yeah yeahs, Rapture, Hot hot heat) Se trata de dos canciones exageradamente rock, con guitarreos hardcore demostrando que el punk nunca pasará de moda.

Hay que mencionar que como bonus el cd trae tres videos muy gujosos de tres de las canciones del disco: "I'm the kinda", "Tombstone, baby" y "Rock'n'roll". Ninguno de los tres tiene desperdicio. El primero de ellos está grabado en una especie de casa okupa hipergrafiteada por la que PEACHES deambula bailando de manera ridícula con una capa con un XXX bordado en rosa a la espalda y con los pechos cubiertos por esparadrapos buascando una estética sucia (como no) pero cercana a algun reportaje fotográfico de revista de tendencias bizarra.

El video de "Tombstone, baby" nos remite a los primeros ochenta y se acerca a una estética Siousxiana, algo gótica, aunque algunos puedan ver en él atisbos de un primer Almodóvar en super 8. De todas maneras impactante y con una economía de medios muy acertada.

Para ilustrar "Rock'n'roll" PEACHES nos enseña lo que puede dar de si en concierto. Con grabciones caseras nos muestra la experiencia que supone vivir un concierto de PEACHES. De verdad, puro rock'n'roll, saltos, pogos, bailes sexuales, lanzamientos de micros, fuerza, mucha fuerza y entrega por su parte y muy acorde con el tema en si. Con saludo final de Iggy Pop incluido.

En resumen, un disco que no cambiará el mundo de la música pero que nos divertirá si entramos en su juego y nos hará bailar y reir en la pista de baile. Dejando para otra ocasión el tema de si este "Fatherfucker" o el "99 cents" de las Chicks on speed revivirán la escena electroklash y la mantendrán en primera línea de tendencia.

GUILLERMO ARIAS