( Nothing Toulouse, 2005 )

Quien viva en el lugar donde habita la sede del feedback-zine , A Coruña, y desconozca a Los Eskizos , es que ha estado completamente al margen del ambiente musical herculino de los primeros 90. Para el más joven, profano y/o foráneo decir que se trata de una mítica (y mitificada) banda seminal que, en muchos aspectos, rompió completamente la tradición de grupos locales con un compendio de actitud, imagen y nutrido background que se entremezclaba hard rock setentero, garaje, glam-rock y psicodelia, en unos tiempos en lo que más se llegaba por aquí era a tristes émulos de Siniestro Total lastrados por lo peor del pop-rock español de los 80. Con esas premisas dejaron un par de reivindicables ep´s (“Los Eskizos” y “Turn Off The Light”), varios conciertos memorables (al menos desde la perspectiva del tiempo) y una manera de afrontar el rock tan, tan influyente a posteriori por aquí que, incluso, hay quien sostiene la existencia un género autóctono llamado “los hijos de Los Eskizos”, con todo lo bueno y lo malo que ello ha acarreado hasta nuestros días.

Uno de sus componentes, Pedro Granell (que luego liderara los progresivos Kozmic MuFFIN con los que editó su debut, el aplaudido “Nautilus”, para abandonar la causa poco después), regresa tras diez años de silencio a la actividad editorial con el más que interesante “Sils María” , su primera obra en solitario titulada con el nombre de la morada en la que Nietzche formuló la teoría del eterno retorno. Filiación ésta puramente estética y de “gratos recuerdos”, según me comentaba el propio autor ante mi sospecha de simbolismo oculto en el título y poema recitado en alemán por voz femenina sobre un colchón acústico a lo Nick Drake, en su correspondiente corte homónimo. No es la única referencia “de altura” de este trabajo que, al contrario de o que pudiera parecer, opta en sus textos por la sencillez y lo directo.

Pero vayamos a su interior para llegar rápido a la conclusión de que lo más destacable de “Sils María” es, sobre todo, su intención y lo que deja entrever hacia un futuro próximo. Al contrario que en aquellas otras aventuras musicales mentadas, donde el discurso gravitaba en torno a ideales musicales y estéticos desarrollados con prestancia de aplicado alumno, en esta nueva etapa el ya treintañero GRANELL da parte de “el paso” y busca con este valiente “Sils Maria” un lugar donde poder desarrollar su voz propia y en su senda particular, los pensamientos y las sensaciones que bullen en su interior. Todo ello se combina con una amplia y ecléctica cultura rock a la que, en ocasiones, se acude de modo compulsivo en una proporción que uno diría de un 50% y que, según me confirmaba al autor hace poco, se corresponde prácticamente de manera cronológica en este disco que pretende resumir sus últimos 10 años de vivencias. Cuando la balanza se inclina a favor de las selectas referencias de fan (las canciones más antiguas en el tiempo), tributa con solvencia a Paul Weller en el negroide "Let me sing" o emplea una cuidada caligrafía entre Beatles y Bowie en la preciosa balada folk-pop "Mary Jane sad story". También le hurta acordes al “Wish you were here” de Pink Floyd para arrancar “Free your sex”, psicodélica y libertina sensualidad que muta en un fantástico colchón de soft-funk en su tramo final, o se apoya en los tics del rock sureño en un "The King with no crow" que semeja proyectar las sombras de Allman Brothers en la pared.

Es, sin embargo, en su terreno más decididamente personal donde realmente despunta este notable trabajo grabado junto a varios miembros de los ULTRACUERPOS y FIUMICHINO (ambos grupos coruñeses, los primeros adscritos al punk-rock con un par de discos editados y los segundos en fase maquetera y con la indietrónica como guía -N del A-). Se trata de los cortes más recientes de “Sils María” y nos referimos, por supuesto, a la furia existencial de ese intenso y aguerrido rock que no termina de explotar de "Carta a G. Bataille", la metafórica e intimista “Pulmón Naufrago”, el rock castizo y sórdido de "La Sole", o ese soberbio "Nada" final, durísimo spoken word acústico que empalma con un setentero desarrollo regado por la negativa electricidad de los Stooges . Pero, por encima de todas, destaca una joya: "El Pesa-Nervios", explícito homenaje a Antonin Artaud para una de esas canciones pendidas del hilo de la fragilidad que parecen venir del sitio que Antonio Vega dejaba para el recreo.

Decía antes que se ha dado aquí parte de “el paso”. A la espera de que un segundo disco confirme la pisada, Por ahora “Sils María” , junto a algún corte ciertamente prescindible como “The war within”, todo sea dicho, posee muchas y buenas razones como para que no pase desapercibido entre el oyente inquieto que busca rock de autor y de calidad en un país donde, precisamente, ello no abunda.

JAVIER BECERRA (febrero 2005)