(Island , 2004)

Año 2000. Pj Harvey en la taquicárdica "Big Exit" radiografiaba sobreexcitada la ciudad de Nueva York con líneas tan precisas como "Quiero correr / el mundo está loco / dame una pistola" que ejemplificaban el desquicie colectivo de los EE.UU. pre-11S mil veces mejor de lo que Michael Moore pudiera hacer en cualquiera de sus efectistas alegatos anti-Bush. Año 2004, en la tensa balada "Pocket Knife" murmulla con la rabia callada la reacción a ese poder macho que decide sin preguntar ("por favor no me hagas mi vestido de novia / soy demasiado joven para casarme / ¿ puedes ver el cuchillo en mi bolsillo? / tú no vas a hacerme tu esposa") y de nuevo clava un enfrentamiento tristemente común con toda su nitidez.

Lo antedicho no son más que dos pinceladas a sumar a la extensa lista de argumentos por los que muchos piensan que Pj Harvey es una de las más lúcidas, incisivas e imprescindibles figuras del rock contemporáneo, la mejor respuesta posible a aquel "¿tienes miedo a un planeta femenino?" que cantaba Kim Gordon ( Sonic Youth) a principios de los 90 y un verdadero bálsamo con cada uno de su pasos en estos tiempos de cinismo, posmodernidad y sonidos de plástico. "Uh Huh Her", la última entrega de su impecable discografía suena, sí, a "eso": a vuelta a la realidad, a historias que miran cara a cara y patean los estómagos llenos de músicas transgénicas. Pj Harvey es así. Sus canciones lloran, gritan, aúllan, aman, follan, mueren de dolor y clavan sus uñas. Se transmutan en carne que fricciona con el oyente y convierte el rock en lo que nunca debió dejar de ser: una experiencia física real como la vida misma.

En esta ocasión, con una autoproducción exigua, se sitúa tal y como sugiere el art-work de este trabajo, frente al espejo de su propia obra, llegado ya a ese punto donde la artista se retroalimenta y se reconduce casi en exclusiva de y en si misma. De ahí salen esos reflejos que la impregnan del folk quebradizo de "No child of me ", los magmas de post-blues obnubilado sobre el filo de la navaja de "Badmouth", la lúgubre tensión nocturna de "The Slow drug" o esa característica crudeza rock de sus primeros tiempos que relucen dianas tan atinadas como "Who the fuck". Formas musicales reminiscentes todas ellas de épocas pasadas de la artista, pero cortadas con un sorprendente sonido lo-fi (muy, muy lejano a la contundencia de sus otros trabajos), ciertas maneras de nuevo folk y un tono general doméstico e introspectivo de disco hecho "de puertas adentro", sin pensar mucho en lo que sucede fuera. Puede que por ello haya obtenido alguna de las críticas más tibias de toda su carrera, solo justificables por comparativa a la anterior producción de la artista, porque en el fondo "Uh Huh Her" no deja más que ver una curiosa y reveladora paradoja: siendo probablemente la entrega más floja de la carrera de su artista, seguro que supera al 90% de los lanzamientos de la producción rock de este 2004. Y es que la Harvey, definitivamente juega en otra liga. Ese "The desesperate kingdom of love" que suena mientras cierro estas líneas me obliga a insistir: tan imprescindible como necesaria.

JAVIER BECERRA (diciembre, 2004)