( RCA , 2004 )

Cuando no hay química no hay química (nunca mejor dicho con un grupo así). Y la relación entre LOS PLANETAS y la que fue su compañía desde 1994 semeja, desde fuera, tener más que ver con lo firmado en un contrato que con el “buen rollito” que se le presumía en aquellos tiempos en los que J se recorría España entera con su sudadera de RCA, sembrando sospechas de haberse venido al capital en los albores del indie hispano. En esta ocasión, diez años después, se le pudo ver con la camiseta de Sinamon promocionando este tan poco promocionado disco y poniendo a caldo a la industria discográfica en general (y a su compañía en particular), tocando los cojones, en definitiva, con esa actitud de chico inseguro, que cede, sí, pero que nunca sabes por donde te va a salir una vez consulte las condiciones contractuales con su conciencia. Lo cual lo hace muchísimo más peligroso e imprevisible (y por eso, creo, nos identificamos tantos con sus canciones). Como cuando los matrimonios desavenidos ya ni se molestan en guardar las formas y se pasean, sin miramientos, los amantes delante de casa.

Con estos antecedentes “Contra La Ley De La Gravedad ” (RCA, 2004), el supuesto cierre de la trilogía “espacial”, se convierte en un disco que bien podría considerarse como el asentamiento definitivo de LOS PLANETAS en esa fase llamada “madurez” pero ahora, lejos del relax o comodidad en la post-adolescencia que desprendían “Encuentros Con Entidades” y “Unidad De Desplazamiento”, con un visible desencanto que pronto se convierte en rabia. En efecto, lejos queda ya la intensa e irrecuperable chispa juvenil de aquel iniciático “Super 8” (1994) que descubría el mundo con los ojos abiertos de par en par desde el sobreexcitado y multicolor trampolín adolescente, pero aún así J y sus chicos siguen trenzando con óptimos resultados su discurso en torno a los polos de ese imprevisible capricho permanente llamado amor que, como el propio J ha confirmado alguna vez, es la eterna metáfora que a veces oculta otros conflictos y pasiones que nada tienen que ver con al amor. Echando un vistazo a los títulos, buena parte de ellos lanzando sutiles y no tan sutiles dardos hacia esa gravedad de la industria discográfica, sus enamoramientos (con trucos de magia incluidos), sus peleas y rupturas parecen mirar más hacia managers, a&r´s y demás escalafones del mundo empresarial y musical que otra cosa.

Ahí está, por ejemplo, dentro de esa línea tan típica de J de “me has destrozado la vida y ahora te la voy a destrozar yo a tí” la directísima “Devuélveme la pasta” espetando puñales sin miramientos ( “Devuélveme la pasta que me debes que los que tú ya sabes me quieren matar” / como no me la devuelvas, cómo voy a convencerlos de que fue culpa tuya en realidad”) o la amenazante vendetta de “Canción del fin del mundo” que, entre geniales retazos de política internacional ( “Van a hacerme presidente de los estados de ánimo/ vamos a manipular los resultados / vas a arrepentirte de lo que dijiste el sábado / y voy a reivindicar los atentados” ), mete ahí de soslayo más madera en la hoguera final ( “voy a comprarme tus discos para ver si son tan malos como dicen los estudios de mercado/ y cuando esto pase búscate aliados porque no va quedar nadie de tu lado / y cuando esto pase anda con cuidado y no te olvides de quien te lo está contando”) . Incluso la confusión de la embaucadora “No me entero de nada” (a mi juicio una de las mejores y más emotivas canciones de su carrera) semeja dar pistas de cómo empezó todo en clave de cuento: “El día que nos fuimos al bosque con tu caja de trucos de magia / enseguida se hizo de noche y tú dijiste que te quedabas/ yo era joven y fuerte y no sabía lo que me esperaba / pero recuerdo que prometiste que ibas a estar por la mañana”.

Musicalmente, al margen de un buscado sonido lo-fi que tira por la borda el éxito dentro de los cánones de sonido estándar que suenan en la radio, existe también lugar para las formas sorprendentes, como la rumbera “Podría Volver” (original de Bambino y extraída de un homenaje), la psicodelia macerada de aromas andaluces del inaudito instrumental “ 124” o la prescindible incursión en la electrónica de “Cumplimentando compromisos contractuales” (un título que vale más que mil palabras). Pero, de manera particular, destaca esa detallista manera de hilar en la línea Beach Boys/Vétales/Sarah Records temas tan bonitos como “El golpe de gracia”, “Deberes y privilegios” o la deliciosamente emotiva “Experimentos con gaseosa” (otra, y ya van dos, para la lista de mejores canciones de la carrera de los granadinos) que denotan, sabiduría, sensibilidad y artesanía a manos llenas.

Son algunos de los motivos que hacen de esta lucha por permanecer en la ingravidez un no dar el brazo a torcer en su supuesta ascensión meteórica, incluso sacrificando el discurso con ese sonido arisco ahuyentador de quienes se acercaron al grupos por “La playa” o “Un buen día”… Opción incomprensible desde un prisma objetivo (como apreció parte de la crítica que ¡por primera vez! no juzgó al grupo con inercia), pero adorable desde el subjetivo de fan, sobre todo del desencantado como un servidor que gracias a este ha hecho las paces con el grupo. Porque, pese a algún eventual patinazo como “No Ardieras” (recordatoria del lado más insulto de “Unidad Desplazamiento”) y cierta dispersión en el bloque, “Contra La Ley De La Gravedad ” es, de largo, el mejor trabajo del grupo desde “Una Semana De Un Autobús” y con él se constata que J continúa hilar fino, con dobleces y maestría, por esos pliegos escondidas en la letra pequeña de las relaciones (sentimentales, artísticas, laborales, mezcla de ambas…). Si alguien es capaz de colar en una canción versos como “si tú no me quieres/ tampoco te quiero yo a ti” o “ lo que hoy te trae de cabeza/ se habrá pasado mañana” y que, lejos de resultar forzados o sonrojantes, se revelen tan sentidos y emocionantes que termines por hacerlos propios (trasladándolos de su ámbito primigenio al personal), no queda más remedio que claudicar ante esa talentosa varita mágica, capaz de trasformar ese arte menor llamado pop en la herramienta más poderosa con la que moldear ciertos sentimientos, que de tan sencillos terminan por ser los más complejos.

Queda, por tanto, el consabido borrón y cuanta nueva ante las decepciones anteriores, y de paso exponer un nutrido ramillete de nuevas razones que explican el porqué de que unos pocos muchos los eligieron a ellos y no a otros como eso llamado “grupo de mi vida”, allá por el 94 cuando la incomprensión general hablaba de bluff o hype pasajero. Un año después de esta crítica (perdida en el olvido de las carpetas y subcarpetas de mi pc), la recupero en una madrugada bastante sentimental, la reviso y la cuelgo y, mientras reconfirmo que no, no hay nadie que pueda ocupar su puesto (¿Deluxe?, venga hombre… seamos serios), uno no sabe qué será del futuro de un grupo sobre el que giran tantos y tantos rumores y tan poco se deja ver sobre los escenarios (y de esas pocas veces, con críticas tan tibias, por no decir decepcionantes). ¿Último aliento, pulso definitivo o una nueva cinta a esa comercialidad amenazante para seguir adelante con la cabeza alta?. Sinceramente, uno no sabe que será mejor. De todos modos, pase lo que pase, que nos/les quiten lo bailado. Superar lo hecho por Los Planetas será complicado por quien lo intente.

JAVIER BECERRA (Octubre 2005)