(RCA, 2002)

"Ahora lo que odio y lo que somos casi es igual" afirmaban LOS PLANETAS en ese cómo empezar y dar al traste con las relaciones humanas en poco más de tres minutos que era la magistral 'Un mundo de gente incompleta'. Cuatro años después de que los granadinos me cambiaran literalmente la vida (de ello tanta culpa tuvo "Una Semana En El Motor De Un Autobús” como la crítica de Jesús Llorente que fatalmente decidía mi futuro) aún me preguntaba con un amigo si eran LOS PLANETAS los responsables de mi desastre vital o sólo me preparaban el terreno para todo lo que se me venía encima.

Con el mismo amigo comentaba esto otro, ambos lo temíamos: a LOS PLANETAS les tienen ganas. Los resentidos críticos no permiten que unos engreídos artistas les rompan todas las leyes que las estadísticas y la norma general imponen entregando después de una obra maestra un single que te dejaba la piel erizada y la ansiedad por el conocimiento de que una vez seducido sólo ellos sabrían cómo sacarte del foso, y más tarde un disco sin nada que envidiar al de consagración. Nuestras ínfulas visionarias, nenes, no se tocan.

Dispuesto a desmarcarme de la opinión dominante, amparado por el excelente momento del que disfrutan sus directos y con sus ciertamente reiterativos pero notabilísimos singles de adelanto, me enfrento al insuperablemente diseñado “Encuentro con entidades” y siento una mezcla de decepción y odio a mí mismo tras las primeras escuchas, de ahí la cita que encabeza esta reseña, habrá que ir aceptando que me voy convirtiendo en uno de esos críticos listillos que no necesitan dos escuchas para verter sus opiniones.

No sintiéndome, sin embargo, tan desalmado como para quedarme tan a gusto despachando tiránicamente el trabajo de alguien tan admirado, se forma en mi mente el final de la crítica por la vertiente sentimental y divago sobre la raíz de mi desconexión con el disco. Que LOS PLANETAS , claro, no son un grupo que queramos siguiendo su propio camino sino el nuestro y que sentimos ese imponente egoísmo que nos domina cuando así lo hacen los mejores amigos, los antiguos amantes y las personas que estábamos seguros nos deseaban; que ha llegado pues, el momento de hacer acopio de nobleza y anhelar, pese a la distancia que ha impuesto la vida, un futuro reencuentro en condiciones más propicias o, como último resorte, confiar de corazón en que el nuevo trayecto depare lo mejor a con quien tan irrepetibles momentos hemos compartido.

En estas estaba, digo, cuando me disponía a plasmar las sensaciones que las primeras escuchas me habían producido. Cierto, los mejores PLANETAS siempre han sido los ocultos, nunca los de los singles, así lo atestiguan 'Brigitte', 'Desorden', 'Ciudad azul', 'Aeropuerto', 'Parte de lo que me debes', 'Mejor que muerto' , 'Que no sea Kang, por favor' y tantas otras. Y aquí las fabulaciones con raíz en la más personal angustia de 'El artista madridista' (aún así será single) o 'Mis problemas con la justicia' no alcanzan las cotas de ese mensaje de socorro enviado en una botella de ciencia-ficción que era la mentada 'Que no sea Kang, por favor'; tampoco la resaca de mil tentáculos que te arrastraba en 'Mejor que muerto' es tan atrayente aquí en la bella nana 'Dulces sueños' pero hasta aquí llegan los peros. Usemos por un momento el recuerdo de manera exacta y no a nuestro antojo. ¿Cuál fue la primera impresión que nos produjo “Una Semana En El Motor De Un Autobús”? ¿Y ” ¡Dios Existe!”? ¿Y “Unidad De Desplazamiento”? Que ninguno nos enganchara tanto como el anterior de primeras sólo se explica por eso, porque las canciones de LOS PLANETAS forman parte de nuestras vivencias y, como las nuevas relaciones, han de escalar un camino que otros han ido pavimentando con anterioridad sólo para empezar a ser divisados, si ahora además hay decepción no es sólo por el demostrable menor fuste de las composiciones aquí reunidas sino por una insalvable desconfianza.

Sabido esto hay que empezar a rendirse a la evidencia, quizá (y cada vez que vuelvo a escuchar el disco me arrepiento más de mis reparos) ya no prefiramos pasar una hora escuchando el último de LOS PLANETAS a salir con los amigos o la pareja, pero tras un exhaustivo escrutinio sólo 'Temporalmente' no da la talla. Quizá insertadas en otro disco tuvieran menos lumbre pero, admitiendo de antemano que tanto 'Corrientes circulares en el tiempo', con ese barbudo cabrón "que se encarga de que salgas/ y que yo me quede dentro" como la violenta y festiva 'Pesadilla en el parque de atracciones' -ya puestos a desahogarse podrían haber sido más brutos con el blandito "imbécil"- pasarán a ser clásicos del repertorio de los granadinos y que el inicio con 'San Juan de la Cruz' es ciertamente prometedor (quizá ese "y ahora que ya no te quiero me llamas" sea el único momento en que resurge el J telépata de antaño); poco a poco le pierdes el miedo a la potente 'El artista madridista' y el ritmo que narcotiza esa conversación quizá penosamente grabada en un contestador por un convicto gana enteros con cada escucha pese a que el estado anímico de J parezca ser actualmente el de la pereza y ya no el de la rabia vulnerable o el abatimiento soportado con orgullo. Si aún quedan dudas deberían empezar a disiparse con el vals que mece 'Mil millones de veces' una de las más bellas canciones del disco. Si es cierto que 'temporalmente' puede ser el punto flaco por el que entrar a saco no es menos cierto que 'Laboratorio mágico' y 'Plan de fuga' mostraban igual falta de inspiración y aunque 'Dulces sueños' pudiera haber dado más de sí dejemos de lamentarnos por lo que pudo haber sido y disfrutemos de la letra más bonita del disco -es ciertamente preocupante que en seis años sólo 'La cara de Niki Lauda' haya sido la única composición sentimentalmente positiva de los granadinos- y riámonos sanamente al ver cómo después de afirmar en el anterior tema que "espero que acabes pegándote un tiro" pasen segundos después a desear "malos sueños para los que prefieren tenerte muerta que no tenerte nada" . Si siguen consiguiendo hacernos pasar de asesinos en potencia a reos redimidos en un breve instante J y los suyos siguen teniendo un sitio en nuestro castigado corazón. Muchos, claro, se sentirán desconcertados ante los dos últimos cortes y es cierto que si sus dos anteriores discos parecían el viaje en carne propia aquí sólo muestran el álbum de fotos. Los mejores augurios sin embargo deberían predecir el cambio de aires de la campestre 'El espíritu de la navidad'; poco PLANETAS , de acuerdo, pero agradecida incursión en el hedonismo más escapista -¿no quedaría de perlas en Un soplo en el corazón de FAMILY ?.

Y para terminar tal vez no se comprende la variante de la cara B de su primer single -con línea de percusión calcada del 'Blue Monday' de New Order - pero sólo reafirma la idea de que éste ha de tomarse como un disco de transición pero no desorientado, en absoluto magistral pero sí satisfactorio. Ojalá con la próxima entrega podamos ser tranquilamente inmisericordes con este correcto disco. Si todavía no se convencen hagan la prueba, vuelvan a citarse -mentalmente, no sean tan incautos de exponerse a tal peligro - con aquel amante al que no llegaron a guardar rencor, con el amigo que perdieron al necesitar un cambio decisivo en su vida; aparten, indaguen, excaven toda la basura y la niebla que el tiempo ha ido sedimentando; si están ustedes lo suficientemente limpios volverán a comprender porqué decidieron pasar con ellos lo más valioso de su experiencia.

RAÚL SÁNCHEZ (julio 2004)