( LILLIPUT RECORDS , 2004)

Plastica es un cuarteto de Portugal. No sé si lo conoces, es ese país largo y estrecho que hay al lado de España. Éste “The Red Light Underground” es el segundo álbum de estos rockeros lusos y anglófonos, de gran éxito allí y por supuesto desconocidos aquí. Un disco, el suyo, partido a la mitad de manera casi simétrica, como los añorados vinilos, entre una primera parte eléctrica inserta en los cánones del Hard Rock más clásico y una segunda que explora un registro acústico de psicodelia amable y preciosista. Con un generoso total de quince cortes que hacen parecer a éste dos discos en uno, “The Red Light Underground” aparece ante el oyente como una desbordada exhibición de todas sus fijaciones y habilidades.

En los primeros siete cortes se suceden las guitarras espesas, los ritmos nerviosos y los estribillos melódicos, ejecutados con un sobrado oficio. Riffs que suenan a puro T-Rex como “Radio Energy” no ocultan algunos avisos al respecto de la querencia lisérgica posterior (los coros de “Bugs & Astronauts”, las voces de “Get Off My Cloud”, el discurrir final de “Generation Calling”). Pero, sobre todo, es una apuesta por el nervio tenso de temas pensados sobre todo para el directo, para esos rituales de rock'n'roll clásico y sin complejos que empapan las paredes de las salas de concierto con la comunión creada sobre una fe común.

La segunda parte es ya otra historia, y tal vez más interesante. Sin acercarse tampoco a los territorios más ignotos de la aventura ácida, Plastica sí que optan aquí por una celebración de los tiempos pasados, por aquel bucolismo alucinado que ilustrara algunos de los mejores momentos de las carreras de leyendas como Jefferson Airplane, Beatles, Love, Rolling Stones, Small Faces, etc. Y los ochos cortes restantes resultan francamente irresistibles para algunos de nosotros, facturados con excelentes maneras y con un evidente conocimiento de causa. Melodías delicadas, voces juguetonas y arreglos retro armados de sitars y demás panoplia que, por momentos, recuerdan incluso a los muy primeros Primal Scream. Cortes como “Celebration”, miniaturas como “Around”, delirios bajo control como “Sexy Belly”, “Red Light Underground” o “From The Stars” son la clase de caramelos a los que algunos no sabemos decir que no.

Sorpresa mayúscula por tanto. Y en realidad son estas sorpresas las que le mantienen a uno despierto y atento. Porque, la verdad, es que nunca se sabe de dónde vendrá ese disco que parece incapaz de abandonar el Disc-man. Y bendita resistencia la suya.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Mayo 2005)