(Novamute-Everlasting, 2003)

Hay que estar muy seguro de uno mismo y preparado para aguantar posteriores sarcasmos comparativos, para a día de hoy titular un disco de la misma guisa que hicieran en monumental segundo álbum JOY DIVISION. El hiperactivo Ritchie Hawtin, que recobra así su adormecido alias de PLASTIKMAN, dice que no fue consciente de la coincidencia hasta el último momento y que el título le pareció el más adecuado para lo que intentaba plasmar en este trabajo. Lo primero, evidentemente, cuesta creerlo (¿existe alguien en la música electrónica o no electrónica al que el vocablo “Closer” no le lleve inmediatamente a la obra magna de JOY DIVISION?) y lo segundo, pues simplemente decir que ha acertado de pleno.

“Closer” es un trabajo que pretende captar esa hipnótica sensación de monólogo interno / exterior estático de cuando uno vive tan dentro de sí que termina completamente impermeable al entorno. Cerrar la puerta del mundo, obviar el reloj, comer cuando se tiene hambre, dormir cuando se tiene sueño y vivir de la piel hacia dentro con toda su intensidad. Para ello Ritchie ha recurrido a la electrónica oscura, minimalista y de amplios espacios abiertos hasta embriagarse de introspección en lo que algunos han visto como su particular respuesta al electroclash y el estado de la electrónica actual. Coqueteando con el dub y la música industrial, el polifacético músico pone así el último ángulo de la trilogía formada por “Sheet One” ( 93) y “Consumed” (98) mediante un valiente acto de progresiva depuración formal que , finalmente, ha llegado a este punto ha dado lugar a uno de los mejores discos (electrónico o no electrónico) del año, por muy manoseada que esté esta frase tan típica de las hojas promo.

En la portada un iris en la oscuridad, a modo de metáfora de la cerradura dérmica, invita a pasar hacia un caótico puzzle interior de dedicatorias, tachones, fotografías de familiares y amigos, pequeños garabatos... Sí, las cinco de la mañana y todos los recuerdos, pensamientos e intenciones esparcidos por el suelo en la noche opaca y penetrante. El marco perfecto para el autoanálisis y la exploración en primera persona que propone “Closer”, sesenta y pico minutos de loops obsesivos, ambientes aislacionistas, texturas rugosas y secuencias desplegadas ad infinitum que ahondan en los pasadizos mentales de su autor y que se sirven casi a modo de esqueleto musical que el oyente ha de terminar de ensamblar en su propia mente. Desde luego “Closer” no es un disco fácil, requiere predisposición y exige complicidad emocional. Solamente así podrá el oyente adentrarse en su particular psicología, la de la única compañía de esa intimitad explorativa y ofuscadora que busca todos los rinconnes y pasadizos de uno mismo. Apelando a las esencias de su lenguaje (un pie en los siempre omnipresentes KRAFTWERK, otro en el Detroit tecnho y mucho, mucho oxígeno de por medio) el disco arranca con “Ask yourself” en una fantasmagórica nube de humo, deja que una voz deformada presente sus intenciones y, cuando te quieres dar cuanta, ya estas viajando dentro de él ,con el volumen de tus auriculares al máximo y el exterior en coma profundo. Levitando en el terrorífico paroxismo de “Disconnected”, en el baile reconcentrado y matemático de “Headcase” o “Mind in rewind” o en ese flujo purificante de la dupla final formada por “I no” y “I don´t know”, en este trabajo el oyente inquieto encontrará motivos de sobra para no despegarlo del discman durante meses.

Una advertencia final. El propio Ritchie en las notas interiores manda un agradecimiento a aquellos que cuidaron de su salud durante la grabación del mismo. Como ya señalé alguna vez por aquí, dicen que el verdadero artista se pone en peligro a si mismo, para luego proyectar ese peligro a los receptores de su obra. Pues aquí no sólo se camina por el filo de la navaja de la vanguardia y el desafío artístico, también se mira directamente a los ojos al peor de los peligros, el mental. Así que, chicos, take care.

JAVIER BECERRA