(Jabalina, 2006)

POLAR tienen un “problema”: su música es más para escuchar que para escribir sobre ella. “Vaya tontería” dirán algunos, y, en efecto, les doy toda la razón, lo es. Sin embargo, para plumas perezosas y limitadas como la mía (que o brotan las imágenes y las referencias, o lo dejo para otro momento), la ausencia de ese resorte “literario” conlleva que sus discos queden ahí, en el reproductor de cd´s, escuchándose y disfrutándose a la noche, pero rara vez pasados por el tecleo del ordenador, intentando explicar sus entresijos e incitando a la escucha al potencial oyente. Y es que nos ponemos a ello y que si el ralentí, que si la melancolía y la cámara lenta, que las texturas de cristal y las hojas de otoño, etc… ¿Realmente alguien necesita una nueva ración de critipoesía barata?. Pues creo que no, con el mismo convencimiento que dejar de cantar las bondades de un trabajo como “Surrounded By Happiness” no deja de ser una tamaña injusticia.

Cuarto disco ya de la longeva carrera de fondo de los valencianos, “Surrounded By Happiness” trae consigo la nota de ser el disco “directo y sin florituras” de POLAR. Pasados ya los tiempos de obligatoria austeridad de sus arranques autoeditados (el opaco “Sixteen Second Comunicación” -1998-), y dejando ya dos sólidas muestras de su poético preciosismo slowcore (los notables “A Letter For The Stars”-2002- y “Comes With A Smile -2004), ahora Jesús de Santos, Miguel Matallín, Paco Grande y Jesús Sáez cuentan con la seguridad y la decisión suficiente como para entregar su trabajado más brioso, imperfecto e inmediato, en definitiva, el más “vivo” y “rockero”. Registrado casi de un tirón en Valencia y posteriormente producido, mezclado y masterizado por Matthew Barnhart (KNIFE IN THE WATER, THE NEW YEAR) “Surrounded By Happiness” demuestra que, se pongan como se pongan, POLAR están condenados a ser siempre POLAR. Bendita condena, porque estas diez canciones no son sino diez nuevas razones para reafirmar el amor a una de esas bandas a las que, al menos un servidor, siempre acude sobre seguro en busca de lo mismo: perturbadora quietud, lánguidas pistas de melodías perezosas, ocasionales chispas eléctricas… ¿ves?, ya estamos de nuevo en el callejón sin salida.

Dejando ya el lado “místico” de la cosa, ¿hablamos, a estas alturas, de la VELVET UNDERGOUND, LOW o GALAXIE 500?. Bueno, ya lo debería saber todo el mundo, pero por si acaso, apunten la urbana “Stuart” (¡esas guitarras tan “What goes on?”!), “A Cup Of Coffe” (en su cortante armonía tan típica de Mimi y sus chicos) y “1988” (¿y si aceptaran esa oferta que, al parecer, les hizo Kramer para producirles?) respectivamente a cada uno de los estantes “influidores” mentados. ¿Mencionamos también la conexión country-folk de la ¿intencionadamente? titulada “The Band”?. Pues sí, como extensión más pura de lo ya apuntado en su trabajo precedente en el apartado Americana. ¿Y lo de la baja de Javier Aramburu?. Pues que ha dejado su plaza como diseñador del grupo en esta ocasión a Nacho Olivares, quien renueva la estética del grupo (adiós al pop de Aramburu, bienvenida la paisajística borrosa y granulada) pero manteniendo su particular esencia: ciudad, nocturnidad y pequeñas luces bañadas de melancolía. Ese grupo al que hay que ir a buscar.

Búsquenlos una vez más o bien debuten en su universo, en caso de ser profanos. Una vez empiece a sonar “Tell Me”, “Martin Eden”, “Stuart” y sus demás compañeras de reparto, verán florecer la caricia de esos flashes fugaces que se instalan en la memoria y surgen a la escucha de trabajos como éste. El mío ahora no podría revelarse más apropiado: aquel inolvidable concierto suyo que esta web organizó en 2002, cuando presentaban en A Coruña “A Letter For The Stars”. 50 personas rendidas a su embrujo cuando todavía permanecía inédito. Todavía hoy es mi disco favorito de su carrera. A ver cuándo podemos encoger los más de 1000 kms Valencia-Coruña y repetir la experiencia.

JAVIER BECERRA (Septiembre 2006)