(Houston Party, 2003)

A juzgar por lo que se oye en las pistas, sin duda “ Such great heights” está siendo el pildorazo indie de la temporada primavera-verano 2003. La coartada sobre el papel parece diseñada por el bisturí de una revista de tendencias: una teórica colisión entre el indie rock y la indietrónica, ambos con denominación de origen ya que los responsables del proyecto son Jimmy Tamborello ( DNTEL, FIGURINE) y Benjamín Gibbard ( DEATH CUB FOR CUTIE).Y ya sabemos todos que eso de poner puentes entre estilos supuestamente distantes - y exagerar el hallazgo hasta lo inimaginable- viste mucho entre quienes sitúan sus gustos musicales las listas de lo “in y de lo “out” (¿MISS KITTIN sigue “in” o ya es “out” como FISHERSPOONER y CONSOLE, que hace nada también eran “in” y resulta que ahora también son “out”?).

Sin embargo, la práctica es sustancialmente diferente: melodías y esquemas hurtados con total trasparencia y descaro al synth-pop ochentero (el susodicho tema lo podrían haber firmado perfectamente A-HA -que no OMD o Soft Cell-) sometidos a una capa de barniz de software actual y la anécdota (esa que se repite constantemente y pone al fan en posición de “entendido” y de “mira que cosas más extrañas escucho” ) de que el disco se ha elaborado de manera epistolar, de ahí la nomenclatura del proyecto. Vamos, como nuestros extintos Telefilme y nadie le ha sacado tanto glamour, pese a ser infinitamente mejores.

“Such great heights” opera de gancho idílico gracias ese pop desacomplejado que guarda un resquicio de encantadora timidez adolescente, pero no es el único. Por ejemplo, “Clark Gable” podría convertirse en breve en el siguiente hit de un disco correcto que tiene sus momentos de brillo ( el sentido melódico de “The disdrict sleeps alone tonight”, la hermosísima “Recycled Air” o ese alucinado “Natural Athem”), pero ante el cual, escuchado globalmente y tropezándose con más de una nadería en el camino ( y empachado de crujiditos y micro ritmos, muchas veces innecesarios), uno llega a la conclusión de que se han sacado las cosas de madre y que esto tiene toda la pinta de ser la sensación de la temporada y el olvido de la siguiente. Se admiten apuestas al respecto: ¿ qué será de THE POSTAL SERVICE en 2004?, ¿ le pasará lo que a LADYTRON, hace nada “ese impresionante grupo de pop” y hoy en el cajón del olvido?.

Mientras tanto, a bailarlos todo el verano aprovechando el momento en toda su intensidad. Como si fuera uno de esos rolletes de verano que se disfrutan, se gozan y luego se desvanecen en la memoria vital ante la llegada de la pasión verdadera, la que da vértigo, enardece la sangre y pone la vida de uno patas arriba. Y es que yo el día 20 de agosto me voy a ver a PJ HARVEY!!!.

JAVIER BECERRA