 
(Sony-BMG, 2006)
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Pocos discos esperaba uno
esta temporada con tanta impaciencia como el regreso de PRIMAL
SCREAM, hasta ahora una de las mejores (si no la mejor) banda
de rock n´roll del planeta. Su último paso, el notable “Evil
Heat” (2002), ponía candado a la fabulosa trilogía
electro-rock inaugurada por el aquel resucitador y poliédrico “Vanishing
Point” (1997) y continuada por el ya mítico “Xtrmntr”
(2000), uno de los discos que mejor definen cómo es (o cómo
debería) ser el rock n´roll de esta década. El camino,
según constataba el intermitente aroma a deja vu de “Evil
Heat”, daba signos de agotamiento imponiéndose un
anunciado nuevo rumbo en los dominios de Bobby Guillespie,
que advertía de un desprendimiento de la electrónica y un
vuelco total hacia lo orgánico. Unas intenciones éstas como
para amedrentarse teniendo en cuenta que, como acertadamente se ha definido
alguna vez, Bobby Guillespie bien podría pasar
por un gran crítico de rock que, en lugar de redactar artículos,
escribe canciones. Eso sí, un crítico con una debilidad
especial, que se revela de continuo con traicionera pasión y que
igual lo ha llevado a la gloria como al borde del precipicio: el rock
n´roll stoniano (y muy especialmente la etapa de Mick Taylor).
“Riot City
Blues” tira en una buena parte de ese magnetismo. Tanto
el vacilón single “Country Girl”
(con ese sorprendente final campestre a golpes de mandolina) , como “Nitty
Gritty”, “We´re Gonna Boggie” o “Hell´s
Comin Down” tienen mucho de esa mezcolanza stoniana
de soul, folk, country y blues en clave de rock chulesco, hecha con el
mismo oficio, que devoción y conocimiento de causa. Es inevitable
pensar en aquel bucle temporal que les llevó en 1994 a grabar el
malogrado “Give Out But Don´t Give Up”
en una “stonitis” aguda macerada en heroína y que les
granjeó las peores críticas de su carrera, tanto por la
manifiesta irregularidad del repertorio como por haber optado en clave
abiertamente revivalista unos modos roqueros, los de los primeros 70,
a los que el común denominar de la mentalidad indie parece tenerles
verdadera alergia. Sin embargo, el crisol de “Riot City
Blues” se muestra mucho más amplio y, aún
sin gozar de hits de la talla de “Rocks”
(o aquel célebre “Medication”
de “Vanishing Point”), bastante más
vivo en su estructura interna, aunque sea sólo por sondear otras
formas más allá del discurso monocolor.
Si bien dentro de misma
sintonía retro, en este disco PRIMAL SCREAM también
sorben con moderado acierto, por ejemplo, de la psicodelia sixties en
“When The Bomb Drops” con Wil Seargent
(ECHO & THE BUNNYMEN) enredando sus arabescas guitarras al más
puro estilo BYRDS, imitan canónicamente los modos de T-REX en la
luminosa “Dolls” o se afilan ligeramente
en la vía MC5/STOOGES hasta avistar un poco de peligro en “Suicide
Sally & Johnny Guitar” que, dicen, rinde tributo
a la pareja Kate Moss/Pete Doherthy, erigiéndose como lo más
cercano al inmediato pasado del grupo. Es decir, remitiendo a los momentos
en los que PRIMAL SCREAM equivalían al mejor rock
del momento, ése donde confluían las porciones exactas de
riesgo y tradición, sexo y violencia, así como perversión
y perturbación, ése capaz de mezclar en un todo a Little
Richard, los SEX PISTOLS, John Coltrane, MC5, KRAFTWERK y MY BLOODY VALENTINE
para erigirse, orgulloso y desafiante, en algo imprescindible, inquietante
y necesario. Todo lo contrario que podemos hallar en “Riot
City Blues”, un disco académico que poco va más
allá de lo correcto y lo disfrutable sin más, pero que,
viniendo de quien viene, no logra evitar que el sabor a decepción
surja tarde o temprano.
Un último aviso:
lo de acudir a la estantería y rescatar cualquiera de sus obras
magnas, en este caso, puede suponer el letal paso para colgar definitivamente
la etiqueta de prescindible. Que las cosas, en ocasiones, dependen más
del quién que del qué.
JAVIER BECERRA (Julio 2006)
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