 
(Mira, 2003)
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El sentido del humor pertenece,
sin duda, a la sección más extraña de la personalidad.
Por ejemplo, Quasimojo se me antoja un grupo desenfadado
que pretende restar seriedad a la electrónica sin necesidad de
banalizar su propuesta musical, pero cuando el trío canadiense
busca la gracia, se echa en falta una inyección de ingenio. Autodefinidos
como “uneasy listening”, su segundo disco –
en el 99 debutaron con “Acoustic Coupler”
en el sello de Cleveland, Casa de Toad - los aleja de lo fácil,
del mimetismo que hiere a la escena, y los acerca a una suerte de meta-electrónica
pop que, sin ser difícil de digerir, reporta una dulce extrañeza
a las estructuras convencionales. Para situar a los autores de “Savant
Garde” puede servir de orientación la hoja promocional
en la que aparecen cuatro nombres: My Bloody Valentine -esas voces de
“Radio Alphabet India” y “Stephanie´s
theme”-, Slowdive –el planear agitado shoegazer-,
Manitoba –el elemento orgánico de la electrónica-
y Cylob –el sonido y la producción hi fi-. Así se
marcan una horita cogiendo de aquí y de allá sin que se
note y crean maravillas como “Contact Cement”,
en la que el retorcido juego vocal de Maureen Spillane
atraviesa el asfalto hacia mágicos mundos subterráneos.
La magia y la ensoñación continúan con “Tristan
Isolde / Mylie’s got something worth sleeping for”,
de sonido tan agradable que apetece vivir dentro de ella. Tras un inicio
tan arrollador, la colaboración del grupo space-rock Sianspheric
no puede mantener el nivel pese a la riqueza de sus desarrollos, más
terrenales que espaciales. A “Mangina!”
le cuesta arrancar, las percusiones se han hecho con el sonido, y marcan
la pauta de “Horse-faced woman”,
con Maureen cantando entre la rabia y la desesperación. La dictadura
de los beats, que no de los bpms, le hace flaco favor a este disco, cuyo
espectacular comienzo pierde fuerza a medida que las estructuras rítmicas
se vuelven contundentes. Sólo el caos experimental de “Opening
scene” –el último corte- devuelve la
brillantez al segundo trabajo de los canadienses que pretenden hacer easy
listening difícil de escuchar. ¿Y el sentido del humor?
Cómprate el disco y léete el libreto.
FERNANDO CAMPELO
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