 
(Labrador -Everlasting, 2006)
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Me han dado, me han dado
ahí. Tanto da que me resistiera lo suyo antes de sumarme al elogio
generalizado de su destacado debut de 2004, “Lesser Matters”,
(que bien podría pasar por la cabeza del iceberg de ese subterráneo
revival shoegazer que muchos avistan), los suecos THE RADIO DEPT.
pertenecen a ese tipo de bandas que se terminan queriendo locamente
con el corazón, por mucho que la cabeza invite a la prudencia.
Y es que arranca un disco como éste, con la instrumental “It´s
personal” cavando una zanja entre THE CURE y OMD,
y al poco rato su inquietante batiburrillo de influencias selectas te
tiene tan completamente pillado que no hay sospecha que valga. Sí,
todo lo que te gusta está ahí en su justa medida, casi como
oficiando de demostración de la tesis de que no sólo se
puede trazar una línea del after-punk a los shoegazers por la vía
del synth-pop, sino que dentro de ese parámetro, hemos venido caminando
multitud de bandas y oyentes, persiguiendo una misma sensibilidad durante
años. Si existe un punto intermedio en el que juntar a –miren
sus adentros, miren sus discografías- FIELD MICE, JESUS AND MARY
CHAIN, FELT, THE CURE, PET SHOP BOYS, JOY DIVISION, MY BLOODY VALENTINE,
OMD, TREMBLING BLUE STARS y SLOWDIVE, pues señores, THE
RADIO DEPT. están justo ahora en ese punto dando, dando
ahí, en el centro mismo del corazón del pop indie de tez
blanca, tono desapasionado y regusto doméstico, que emite siempre
a media voz.
Vale, “Pet
Grief” probablemente no sea más que un humilde pastiche
realizado, eso sí, con exquisito gusto. Como si de los BLACK CROWES
o los OCEAN COLOUR SCENE del after-punk/shoegazer se tratara, THE
RADIO DEPT. ofrecen un notable disco de género nada disimulado,
que igual entusiasmará a los afines a ese tipo de sonidos, como
repeler precisamente por ello. No hay más novedad que los nuevos
sonidos que se suman, y ésta la da el pronunciado vuelco hacia
una rudimentaria electrónica muy, muy 80´s (hagamos ahora
la línea OMD-NEW ORDER-PET SHOP BOYS-Sarah Records), una constante
presencia de pianos y ese enredador toque gaseoso de aquel sonido catedralicio
de los CURE del “Disintegration”. Sobre ello, el sólido
bloque que compone “Pet Grief” no deja de
evocar aquel misterio que desprendía la música en la adolescencia
y uno se abrazaba a ella con el modo reverencial del descubrimiento.
La adormilada voz de Johan
Ducanson se filtra entre teclados atmosféricos, encantadores percusiones
con añejo sabor a caja de ritmos y unas cada vez más puntuales
cortinas de ruido blanco. Así surgen maravillas como “Every
Time” (o lo que sería bañar el “Emma´s
House” de FIELD MICE en las aguas eléctricas de “Psychocandy”)
para soltar candorosas y sintéticas líneas de innegable
practicidad pop sobre lo sencillamente complicado de las relaciones humanas,
aptas para al himno de andar por casa. Ahí va un botón de
muestra extraído de la mencionada “Every Time”:
“cambia tu mente / éste es tu problema no el mío
/ tú siempre encuentras / alguien a quien colgarle las cosas”.
Pongamos otro capturado de la tristeza contenida en el calmo puntillismo
electrónico de “I Wanted You To Feel The Same”:
“Me rompe el corazón decir que cuando sentía dolor
/ yo quería que sintieses lo mismo / pero nada te toca realmente
/ Es una pena / no puedo creer que no hayas sentido nada en absoluto”.
Aunque quizá donde más calen es en el single “The
Worst Taste In Music”, un sentido puente entre los
PET SHOP BOYS del “Behaviour” y los OMD más volátiles,
en la que el abandonado amante ve como su ex novia ya está con
otro, amortiguando la ausencia con el pésimo gusto musical que
el “sustituto” posee. Pero más allá del acierto
puntual, lo que logra “Pet Grief” es inundarte
de su particular microclima, consiguiendo que su evocadora niebla penetre
en todos y cada uno de los poros de tu piel, hasta llegar al final y sentir
la necesidad de volver a hacerlo sonar. Y eso claro está, es hablar
con el corazón, no con la razón.
Llevo ya semanas enganchado
a la lánguida estampa de este disco al que recurro de continuo,
pese (o gracias, según se mire) a sus melancólicos efectos
secundarios. De pronto, vas por la calle escuchando un grupo de 2006 que
recrea con pasmosa soltura una buena parte de la b.s.o. de tu adolescencia,
te topas frente tus pintas en el reflejo de un portal ahumado y ves, de
golpe, que (!!!buff!!!) ahora pasas por desfasado precisamente por lo
mismo que antes eras raro, ya completamente superado por la retro-modernidad.
(Un suspiro). ¿Empieza la decadencia treinteañera?, ¿llegó
el momento de decir que ya no se hacen discos como antes y sentir el pasado
idealizado como algo irrecuperable a adorar?. Probablemente sobren las
respuestas. Eso sí, mi particular bajada de la cima juvenil prefiero
enfilarla sintiéndome taciturnamente fuera de tiempo con THE
RADIO DEPT. en ese ipod en el que siempre hay lugar para “Closer”
o “Loveless”, que asistiendo a los directos de los ROLLING
STO… !ah no!, quería decir los PIXIES.
JAVIER BECERRA (Septiembre 2006)
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