(Acuarela , 2005)

“Nones”, celebrado precedente del disco que nos ocupa, supuso en cierto modo un sutil golpe en la mesa del indie. Como ya nos preocupamos entonces de señalar, la propuesta de Raül Fernández bajo el nombre de REFREE conllevaba un acercamiento a terrenos muy poco trillados por nuestro común de artistas indie. Terrenos musicales y terrenos temáticos. Una propuesta diferente. Tal vez no por completo conseguida, pero singular.

Aquellas claves tan singulares parece que se han convertido en marca de agua para la moneda emitida por REFREE. Porque “ La Matrona ”, su nuevo álbum es un valiente avance en la misma senda para llegar a lo que, con razón, define su hoja de promo como lo “entrañable”, lo surgido de los espacios sentidos y cerrados, de lo cómplice y familiar. Con más insistencia incluso que en “Nones”, en “ La Matrona ” hay, sobre todo, un homenaje al núcleo familiar, a la experiencia de los ancestros más próximos y al halo protector con que nos rodearon y que, llegado el momento, tanto cuesta corresponder.

Asimismo, Fernández alarga un tanto su adiós a los confusos referentes de la adolescencia estirada como chicle, mientras intenta palpar a tientas un lugar en el mundo. En la prematura cumbre del disco, plena de ironía, miniatura de perfección inmaculada, se descubren muchas de estas claves: “Ya no ha pena/ y las mujeres al pasar/ se me enredan/ en mi segunda mitad/ Es tan moderna esta ciudad/ que hay que celebrarlo todo/ Ya no hay pena/ con lo bien que se me da” . Ternura y sarcasmo bien orientados definen un momento cumbre de puntería. También la confusión de la persona y del autor alimenta parte de la sustancia de este disco, que si algo es, es íntimo.

Las músicas siguen buscando trazar largos puentes entre el pop y toda una educación musical en clave anglosajona, cierta tradición mediterránea y una querencia jazz cada vez más acusada. Las estructuras se complican, los minutajes se estiran o se acortan sin compromisos, y son tratados sin rigidez. Así hacen aparición disonantes rupturas en medio de homenajes velados al pop californiano (“Faltas Leves”). O pianos que lloran melodías lánguidas y parsimoniosas, dejándose ir sin miedo y peleando el espacio con los vientos (“Batís”). Hay en consecuencia un riesgo mayor en “ La Matrona ”, y así se incrementa la necesidad de más repasos y entrega para penetrar sus secretos. Secretos tejidos, sobre todo, desde la complicidad del propio Fernández con nombres constantes como Ricky Falkner, los providenciales teclados de Josep María Baldomá, y un grupo de músicos de vientos y cuerdas que alimentan de precisos detalles cada minuto.

Disco más maduro que “Nones”, más extravagante también, prácticamente igual de sometido a una cierta irregularidad, tanto o más incrustado en la parte de atrás de los sentimientos y tribulaciones de Fernández, dándole el tiempo que se le debe dar a un buen vino para respirar, “ La Matrona ” engancha. Es cierto que juega según sus reglas, que no busca complicidades sencillas sino exigentes y, sobre todo, sinceras. Pero las recompensa con generosidad.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Agosto 2005)