 
(Acuarela, 2003)
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A veces escuchando ciertos
discos uno se hace preguntas difíciles. Una de las más recurrentes
es si resulta mejor arriesgarse mucho y fracasar un poco, o manejarse
dentro de la seguridad de unos parámetros que, manejados con un
cierto talento, resultan fiables colchones de seguridad. No pocas veces
resulta frustrante percibir en un disco la intención inalcanzada
de trascender verdaderamente los tópicos, entreviendo los borrosos
trazos de un proyecto de obra verdaderamente maestra, singular y significativa.
Algo de eso hay en “Nones”. Disco que no
sólo se antoja agradable musicalmente, con un acabado concienzudo
y meticuloso, o profundamente personal, sino sobre todo valiente y ambicioso.
En “Nones” hay un anhelo de singularidad
evidente. Tanto en unas letras que muestran unas pretensiones “poéticas”
que no se ocultan, como en unas músicas con arreglos e influencias
tremendamente “sui generis” para una escena indie, la española,
que maneja un grupo cerrado y breve de referencias. Pero sostener que
estamos ante una verdadera obra maestra, perfecta y completamente acabada,
a mi humilde parecer, resulta exagerado.
Raül Fernández
le ha echado un par, que diría un castizo. Y ha creado algunas
canciones memorables. Hablo de cosas tan redondas y conmovedoras, recogidas
y serenas, que se revelan conforme avanza el disco, como son “El
Reloj”, “Raisa”, “Como en los días corrientes”,
“Palabras Mayores”, “Padres y Nones”, “El
cuarto deseo” y la magistral “Refree
i l’astroleg”. En ellas se percibe un acercamiento
a músicas poco habituales en esta escena. Hablamos de jazz, músicas
mediterráneas como la chanson, la nueva y la antigua, incluso a
los cantautores catalanes de toda la vida (y curiosamente a mí
me resulta evidente que Raül Fernández construye
melodías más redondas en catalán que en castellano).
Un proceso al que el “pop”, entendido en un sentido amplio
y en cierto modo “alternativo” ya se había sometido
en Sudamérica hace muchos años, o en Francia. Buscando en
otros sitios, pero buscando lo mismo: una cierta comodidad entrañable
en las referencias.
Pero también hay
un golpe de timón en el fondo, tocando temáticas impensables
en todos (escena e individuos) hace pocos años. Como esa empatía
con los propios padres mostrada en diversos cortes, ejercicio singular
de genuina sensibilidad que puede sorprender a cualquier tardo adolescente.
O esa exploración inteligente de unas relaciones sentimentales
ya adultas, con todas su luces y sombras, en esa eterna pugna entre su
seguridad y el recuerdo de las pasiones más febriles de antaño.
Pese a ser un (excelente)
disco tan al margen de la escena pese a venir desde dentro (o como siempre,
tal vez precisamente por ello), y más allá de su imperfección,
hay cosas en “Nones” que parecen anunciar,
con un meritorio carácter pionero, un cambio de temáticas
e influencias en la música independiente española. El criterio
con el que Fernández ha seleccionado a sus músicos de acompañamiento,
lo que los ha puesto a interpretar (y también como lo interpretan)
anuncia que también esas colecciones de discos está cambiando.
Que las noches pasadas voluntariamente a la intemperie se están
acortando y que esas vidas están cambiando paralelamente a esa
colección de discos, siempre sincero espejo y reflejo del momento
vital. Madurez le llaman, y es verdad que mete miedo. Como todas esas
cosas invencibles e inevitables.
ENRIQUE MARTINEZ
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