( Mute, 2005)

Personajes como Richard Hawley son una completa anomalía. Gente que vive en un bucle nostálgico, en un tiempo que sólo avanza hasta un momento determinado, para posteriormente rebotar y volver a un punto de partida igualmente acotado. Hawley, como Chris Isaak por ejemplo, construye su música, música deliciosa, sobre la base de un pop que no ha conocido la aportación de ni siquiera los Beatles o Bob Dylan, ajena prácticamente a todo lo acontecido a partir de mediados de los años sesenta. Y sin embargo, o tal vez sin ningún tipo de limitación creativa en realidad, discos como “Coles Corner” se convierten en delicias inasequibles a la mediocridad circundante.

Cuando la penetrante figura de cuerdas deja paso a la voz de este inopinado “crooner” en los primeros compases del disco, “Coles Corner”, la canción, nos transporta directamente al Frank Sinatra de “In The Wee Small Hours”: una balada mecida en una orquestación exuberante, nocturna y solitaria, música para almas abandonadas en plena noche. La voz de Hawley, un tenor a la altura de la exigencia de una música de este estilo, se convierte desde el primer momento en el eje sobre el que gira un repaso completo a la diversidad de un catálogo casi antediluviano. “Just Like The Rain”, convoca al espíritu del Johnny Cash más sofisticado de Columbia Records, del mismo modo que en “(Wading Through) The Waters Of My Time” nos remite a su etapa de Sun. En las canciones de Hawley el libro de estilo penetra hasta las letras, en las que las parejas, juntas o por separado, sienten el influjo de la luna, comparan el sonido de sus propias lágrimas con la lluvia, observan desde la distancia las luces de la ciudad, y recurren a imágenes simples para expresar tribulaciones y angustias eternas.

Así baladas como “Darlin' Wait For Me” o “Tonight”, medios tiempos como “Hotel Room” o “I Sleep Alone” parecen sacados de una dimensión paralela, en la que gente como Ricky Nelson, Fats Domino, Roy Orbison, Elvis o Cash permanecen eternamente jóvenes, grabando todavía singles inolvidables en sonido monoaural, alimentando la “jukebox” completamente ajenos a la posterior pérdida de la inocencia. A veces Hawley avanza un poco en su tiempo virtual, al dejarnos “The Ocean”, un prodigio digno de los mejores Walker Brothers, una canción de amor que construye su creciente intensidad sobre pequeños detalles de su poblada orquestación, y sobre una resolución final arrebatadora, con un Hawley más desatado que de costumbre, repitiendo “Here comes that wave” en uno de los momentos musicales del año.

Porque, efectivamente, ésta es una música que se permite el lujo de depender de lo mínimo para alcanzar sus cimas. “Born Under A Bad Sing”, un melancólico medio tiempo que ya lo tiene todo ganado cuando definitivamente se ilumina con un punteo de guitarra de caja, que viene amagando desde un par de compases, pero que finalmente se resuelve en cuatro o cinco notas repletas de glorioso tremolo. Son detalles nimios, pulcros, sabiamente dosificados, insignificantes sobre el papel, pero que llenan los cajones vacíos del alma. Como el gesto de consagrar el disco en el homenaje al lugar de encuentro de generaciones y generaciones de parejas y gentes en su ciudad natal, Sheffield, recuperando el viejo y olvidado arte de las “liner notes”.

Por todas estas cosas juntas, y sobre todo por un puñado de canciones inolvidables, “Coles Corner” aparece como un disco insólito en sus modos, pero absolutamente inolvidable en sus resultados. Un disco romántico, penetrante y recurrente. En realidad, un pequeño milagro.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Diciembre 2005)