(DECCA, 1969)

Todo el mundo coincide en el relato: después del sueño de Woodstock vino la pesadilla de Altmont. Tras los ideales de paz, armonía, amor libre y revolución social, vino la dura realidad de drogas duras, violencia, libertinaje autodestrucitivo y muerte. De la lucha contra la guerra de Vietnam al retorno y marginación de los veteranos y del Maharashi a Charles Manson, en dos pasos. Y en el centro de todo aquel caos, los ROLLING STONES, con (otra vez) la canción del momento: "Gimme Shelter". Aquella que decía que el asesinato y la violación estaban a "un tiro de distancia" (¿el que se cargó a Martin Luther King tal vez?). Si seguimos viéndolo así, en la carrera de los los STONES, más que en ningúna otra, se vería reflejada la evolución de los tiempos. En cierto modo es cierto, el interés de Mick Jagger en que así fuera lo hacía inevitable, manteniendo siempre esa pose de chicos malos, contrapuestos a los supuestamente beatíficos BeEATLES. Donde los Fab Four dijeron que todo lo que necesitas es amor, los STONES proclamaron su cínica simpatía por el Diablo. Donde unos decían "déjalo estar", los otros "déjalo sangrar". Ahora también decían que no puedes conseguir siempre lo que quieres. Una realidad que la generación de Mayo del 68 había comenzado a descubrir con pesar.

Pero tampoco desbarremos tanto, porque algo de suerte (buena y mala) y pura casualidad también había. "Gimme Shelter" se grabó unas semanas antes de Altamont, y tal vez como presagio, sí que pudiese resonar temible. El oportunismo de Jagger al titular asi la oscura película que refleja los truculentos hechos de aquel festival maldito (muerte de un espectador a manos de los Ángeles del Infierno contratados como imposible equipo de seguridad) retrata al personaje. Pero tampoco puede ocultar la grandeza de la que, tal vez, sea la mejor grabación de toda la carrera de los ROLLING STONES, que con una capacidad casi cinemátográfica consiguen conjugar letra y música en un alarde insuperable. Todo el trabajo de guitarras de Richards, el fascinante comienzo de la canción, el tormentoso coda final, la amenzante atmósfera creada con elementos de lo más normal... Esta insuperable pieza de rock'n'roll ha tardado años en ser valorada en su justa medida. Incluso por los propios STONES, que hasta hace dos giras no la incuían en su repertorio.

Tampoco hay que ignorar que, como prácticamente todos los discos de los STONES, este magistral "Let It Bleed", una de las grandes joyas de la corona stoniana, no deja de ser una colección de canciones más o menos conjuntada, y no un álbum conceptual sobre el desencanto de la resaca contracultural. Jagger y Richards siempre han sido demasiado perros (vagos y listos, es decir) para meterse en estos berenjanales, salvo las majaderías que echaron a perder "Their Satanic Majesties Request". Aquí está también la deliciosa y redentora "You Can't Always Get What You Want" (en su versión larga, con una inapropiada introducción de coros). Pero por lo demás aquí cada loco con su tema, y cada tema de su palo. Que en el fondo es lo que les ha hecho tan grandes.

Nuevamente, y al igual que en "Beggar's Banquet", tenemos blues rural acústico cada vez más puro. La versión de "Love In Vain" es tal vez el mejor momento de la larga relación de los STONES con el género: el arreglo que le dan desentierra la hermosa melodía secreta del original de Robert Johnson y la pone al descubierto. La fantástica "You Got The Silver", la primera aportación de Richards como única voz solista es un pequeño tesoro. Además los Glimmer Twins por fín conocen realmente el country con el que habían jugueteado tan sólo hasta entonces. Y es que la presencia oculta de Gram Parsons, además de por haber traído para quedarse a Bobby Keys al corral Stone, se hace notar. "Let It Bleed", la canción es un arquetípico medio tiempo country. Y el mejor single de la época, "Honky Town Women", nuevamente no es incluído, pero sí "Country Honk", un delicioso arreglo ruralista de dicho tema que muchos atribuyen a Parsons.

Ese vibrante Rythmn & Blues que ya era marca de la casa no puede faltar. "Midnight Rambler" emplea sus titánicos diez minutos para relatar la historia del Estrangulador de Boston. "Live With Me" por su parte describe de un modo exultante y contagioso el cada vez más decadente estilo de vida de la banda. Jagger parece hablar de Richards cuando canta aquello de "mi amigo tiene feas costumbres"; pero en realidad podría estar hablando de cualquiera, pues en "Monkey Man" canta que "todos mis amigos son yonkis". Este tema además hermana como ninguno este R&B de cosecha propia con la psicodelia, convirtiéndose en uno de los mejores temas "olvidados" de toda su carrera y en un claro antedente del dance rock por su groove infeccioso y expansivo.

Ayudados por futuros ilustres (como Nicky Hopkins, Ry Cooder, Byron Berline Leon Russell, Al Kooper o Bobby Keys) los más golfos de todos realizaban su segunda obra maestra consecutiva y captaban el signo de los tiempos, en medio de un panorama cada vez más despejado de rivales. ¿Ventajistas?. Tal vez. ¿Genios? Sin duda.

ENRIQUE MARTINEZ